Enfrentando el cambio climático a través de la Integración Tecnológica y Consorcios Público-Privados. Por Carlos Rossi.

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Damos la bienvenida a Carlos Rossi, diplomático peruano especializado en economía política internacional, cambio climático y tecnología. Precisamente nos brinda un artículo sobre la Integración tecnológica como una oportunidad y excelente posibilidad de responder juntos y en sinergia a los problemas que nos afectan a todos. Los organismos internacionales pueden colaborar favoreciendo la construcción de proyectos. Bien sabemos que la inteligencia no es patrimonio exclusivo de ninguna Nación, es una cualidad del ser humano. De esto se trata, unir conocimiento, experiencia, observación con la sabiduría inherente del ser humano ante la preservación de nuestra casa: la Tierra.

Resumen

El desarrollo y la transferencia de tecnología es un pilar esencial en las negociaciones de la CMNUCC y se considera crucial en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos para mejorar los mecanismos que permitan el desarrollo y la transferencia de tecnologías, sigue siendo un tema sin resolver en las negociaciones. A su vez, esto impide el desarrollo y el uso eficaz de las tecnologías para hacer frente a los retos del cambio climático. Las causas y las razones detrás de este impasse se analizan brevemente. Para superar las barreras, se propone un nuevo enfoque de colaboración e integración basado en el concepto de Integración Tecnológica. La materialización de este concepto en la forma de consorcios tecnológicos público-privados tiene potencial como una forma adecuada y eficaz para hacer frente al cambio climático. Estimula la cooperación científica e industrial global e integra a las partes interesadas en centros de tecnología regional (o subregional) en los países en desarrollo. Estos consorcios producirían nuevas tecnologías y adaptarían las tecnologías existentes para la mitigación y la adaptación. Estos consorcios podrían coadyuvar en la creación de entornos favorables, la atracción de financiamiento climático, la promoción de la cooperación internacional y la inversión (IED y otras capitales de riesgo), mientras promueve la innovación y el desarrollo basado en el conocimiento.

El desarrollo y la transferencia de tecnología es una cuestión clave en el debate sobre las políticas de desarrollo económico. A pesar de los esfuerzos para mejorar el entendimiento sobre el tema de la transferencia de tecnología/, éste sigue siendo un problema de negociación sin resolver en distintos foros multilaterales, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Este problema bloquea las negociaciones y limita el desarrollo sostenible global. En el presente artículo se propone una alternativa de solución que podría resolver este impasse y permitir mayor acceso a las tecnologías para el cambio climático.

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Antecedentes
¿Por qué el tema del desarrollo y la transferencia de tecnologías es un problema no resuelto en las negociaciones multilaterales?, ¿Qué tipo de solución sería el adecuado? Se necesita una breve explicación histórica y política para resolver estas preguntas. Hace más de 400 años Sir Francis Bacon acuñó la célebre frase “Scientia est Potentia”, que significa “el conocimiento es poder” o “la tecnología es poder”. Esto justamente ocurre en la época del nacimiento de los Estados-Nación modernos. Estos Estados políticos y mercantilistas que compitieron entre sí, desarrollando y protegiendo el uso de tecnologías para su exclusivo beneficio.
Habiendo nacido en dicho contexto histórico-político, este modelo competitivo y tecnocrático ha perdurado en el tiempo y crecido hasta convertirse en un potente factor que fue -y sigue siendo- el motor del cambio tecnológico y la innovación. Los Estados-Nación y las empresas invierten en el posicionamiento tecnológico en sectores estratégicos (Rossi 2004). Las economías emergentes también están siguiendo este camino (The Economist 2012) /. Actualmente, este modelo sigue impulsando a los Estados a competir en un entorno muy agresivo teniendo como consecuencia una presión adicional sobre las responsabilidades por el cambio climático.

El concepto de la transferencia tecnológica surgió para hacer frente a las brechas de desarrollo entre los países. A pesar de la evolución del concepto y su inclusión en todos los acuerdos internacionales sobre medio ambiente y el clima, no ha logrado su cometido. Ahora se utiliza la política e ideológicamente bloqueando el progreso en las negociaciones y frustrando una mayor cooperación.
Asimismo, la transferencia de tecnología está estrechamente vinculada a las cuestiones relacionadas con los derechos de propiedad intelectual (DPI). Algunos países consideran a los DPI como una barrera. Sin embargo, cabe señalar que la objeción no se plantea por el régimen de DPI en sí, sino que se debe a los costos adicionales para el acceso a la tecnología que el mismo implica. A su vez, otros países así como el sector empresarial ven a este régimen como un incentivo a la innovación.

Si el acceso a la tecnología es vista como una fuente de poder, esto crea un dilema político: ¿Deben aquellos que poseen recursos tecnológicos conservarlos o compartirlos? En este último caso, ¿Qué enfoque sería razonable para hacerlo?. Como se expondrá más adelante, los consorcios de integración tecnológica ofrecen un espacio alternativo de solución para resolver estas cuestiones a través de nuevas formas de colaboración que respeten los DPI.

Existen algunos ejemplos de ejes tecnológicos exclusivos, alianzas bilaterales o clubes, entre gobiernos y agentes de las economías avanzadas. La transferencia de tecnología se ha venido dando a través de diferentes mecanismos, como el comercio y la inversión, las cadenas globales y regionales de valor, las formas no accionariales de la producción internacional y el desarrollo, por ejemplo, joint ventures, franquicias, etc. (UNCTAD 2011). También está condicionado por los acuerdos comerciales y de inversión bilaterales, regionales y multilaterales. Sin embargo, esto se ha traducido en una maraña de inadecuados sistemas nacionales de innovación, múltiples regímenes de propiedad intelectual y en proteccionismo comercial. En general, estos diversos factores han creado barreras institucionales y reglamentarias, en lugar de entornos propicios para la integración tecnológica.

Existen otros obstáculos técnicos. Una cuestión clave es la falta de capacidad de innovación en los países en desarrollo. La concentración de las instalaciones de investigación y científicos en el mundo desarrollado y los países emergentes más grandes. También hay asimetrías en el acceso al financiamiento y la inversión en tecnologías en los países en desarrollo.
En la base de datos del Mecanismo de Solución de Diferencias de la OMC, hay diversos casos de conflictos que se han producido entre los países desarrollados por el requisito de contenido nacional. Entre los países desarrollados y emergentes, existen controversias relativas a ciertas medidas que ofrecen subsidios, fondos o beneficios a las empresas que fabrican equipos de energía eólica.

Estas disputas relacionadas a la transferencia de tecnología surgen como consecuencia de que muchos países siguen tratando de acumular poder mediante la protección de sus mercados y empresas o la aplicación de medidas comerciales proteccionistas. Una mejor alternativa es buscar una mayor integración económica y tecnológica, especialmente en aquellos sectores relacionados con el cambio climático, y donde los costos diferenciados sugieren la deslocalización.

Una alternativa de solución: Integración Tecnológica y Consorcios Tecnológicos Público-Privados
Se necesita un paradigma diferente para abordar las barreras actuales a la difusión de la tecnología a nivel global que coloque al cambio climático y al desarrollo sostenible como motores del cambio tecnológico y la innovación, la cooperación científica e industrial global, así como para hacer frente a la necesidad de optimizar nuestros sistemas nacionales de innovación. Considerando que los incentivos del mercado parecen ser insuficientes para abordar los retos del cambio climático, las acciones del gobierno podrían ser más eficaces si se actúa en forma conjunta con el sector privado, a través de consorcios público-privados desarrollando proyectos tecnológicos de mayor envergadura. En primer lugar, se define un enfoque conceptual para la integración tecnológica. Sobre la base de este concepto, se propone un nuevo mecanismo basado en consorcios tecnológicos como alternativa de solución.

La Integración Tecnológica se define como un “Proceso inclusivo y colaborativo de intercambio de todo el conocimiento, incluyendo el conocimiento local, habilidades, tecnologías, métodos de fabricación e instalaciones disponibles, entre diferentes socios, incluidos los gobiernos de los países desarrollados y en desarrollo, las instituciones científicas y de investigación, el sector privado, organizaciones internacionales e instituciones financieras. Las partes interesadas se unirían a un esfuerzo colectivo o consorcio, con el fin de llevar a cabo Investigación, Desarrollo, Demostración, Despliegue y Difusión (I+D+D), para producir y adaptar tecnologías, al hacer frente a obstáculos, riesgos inherentes al desarrollo de un emprendimiento y problemas en común.”

La Integración Tecnológica es un enfoque que va más allá de la definición del IPCC sobre transferencia de tecnología, donde la transferencia no va sólo en un sentido, del proveedor de la tecnología hacia el receptor, sino que busca integrar a las partes interesadas en un consorcio tecnológico público-privado. La Integración Tecnológica puede situar a los países desarrollados y en desarrollo en condiciones de igualdad, como socios en términos de contribución de sus conocimientos para hacer frente a los retos del cambio climático, al promover el uso de todos los conocimientos disponibles, incluyendo los conocimientos locales de los países en desarrollo, para resolver problemas comunes locales, regionales y globales. Este nuevo enfoque podría ser el eslabón de una respuesta integrada al cambio climático y podría impulsar que la innovación produzca una revolución de tecnologías limpias en el futuro. Existen claras oportunidades en el desarrollo sostenible a largo plazo del mundo en desarrollo, en particular en los países de la región, que apoyarían dicho proceso.

El consorcio tecnológico público-privado, se plasmaría en centros regionales de integración tecnológica. El grupo de actores incluye a los gobiernos de los países avanzados y en desarrollo, las instituciones científicas y de investigación y los sectores privados, organizaciones internacionales e instituciones financieras.

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Es necesaria una definición de la estructura y funcionamiento del centro y de su alcance, así como los roles y responsabilidades de los socios, una estrategia de implantación en el mercado y de la comercialización. El ámbito de aplicación abarcaría el ciclo de vida de un emprendimiento, por lo que estará en el intervalo que va desde la investigación básica y aplicada, pasando por la prueba del concepto o idea, el mercado objetivo y el plan de negocios, hasta los prototipos de trabajo y de ingeniería, los contratos con proveedores y de distribución de los contratos, la información del producto y la venta, ayudando a las empresas a sobrevivir en el llamado “Valle de la Muerte”. Además, los participantes también determinarían cómo ofrecer licencias con tasas diferenciales a terceros países en desarrollo y supervisar cómo asegurar la eficacia de las inversiones, los resultados y el impacto sobre el cambio climático.

El centro promovería la innovación y producción de tecnologías de acuerdo a las necesidades regionales/sub-regionales de mitigación y adaptación, mientras que los gobiernos establecerían condiciones favorables a nivel local, nacional o regional, a través de medidas ecológicamente racionales, lo que aseguraría que las soluciones se centren en la demanda y no en las presiones de oferta. Las soluciones se basan en la adaptación de tecnologías existentes y la producción de nuevas tecnologías, la incorporación de los conocimientos locales y aborda las limitaciones actuales de la tecnología.

La inclusión de empresas del sector privado, tanto nacional como extranjero es importante en la conformación del centro, dado que pueden contribuir a que se realice I+D+D e integración tecnológica de acuerdo a las necesidades del mercado y ofrecer productos y servicios innovadores basados ​​en la demanda del mercado (Caijing 2013). La participación de empresas de países industrializados en el Centro sería importante dada la investigación acumulada y tecnologías necesarias que ellos ostentan y que pudieran requerir alguna adaptación. También sería interesante la participación de los usuarios (por ejemplo, para las tecnologías limpias), ya que podría dar una orientación sobre lo que se necesita.

Igualmente importante es la participación de las universidades e instituciones de investigación nacionales y extranjeras. Se podría explorar la firma de convenios con instituciones extranjeras, con el objetivo, entre otros, de desarrollar investigación conjunta en ciencia y tecnología, que incluya pasantías, intercambio de estudiantes, docentes e investigadores para trabajos en campo, que podrían extenderse al centro de integración tecnológica.

Dado que el cambio climático no reconoce fronteras políticas y los países comparten la biodiversidad y otros sistemas de recursos naturales (atmosféricos, marinos, etc.), los países deben unir esfuerzos para hacer frente a desafíos comunes. En ese sentido, estos centros tecnológicos regionales o sub-regionales deben estar situados en países en desarrollo vecinos. La función del centro es atender las necesidades locales y regionales mediante el desarrollo de la tecnología y la I+D+D, la promoción de la co-invención, la producción de las nuevas tecnologías y la adaptación de tecnologías existentes para la mitigación y la adaptación. Esto reduciría la duplicación de I+D+D y aumentaría la complementariedad de los esfuerzos para producir las tecnologías identificadas en la Evaluaciones de Necesidades Tecnológicas (TNAs).
Estos consorcios ya existen en otros sectores. Varios ejemplos se pueden encontrar en el marco del Protocolo de Montreal, donde se conformaron con objetivos específicos en cooperación con agencias gubernamentales y científicos, lo que aceleró el proceso de comercialización de nuevos productos y la reducción de costos. Como muchos autores han señalado (Sarma y Andersen 2003 Thoms 2003), las razones del relativo éxito del Protocolo de Montreal fueron la colaboración científica y tecnológica entre gobiernos, científicos, ONGs, medios de comunicación y las instituciones de la ONU. Se propone un tipo similar de colaboración, entre actores seleccionados, en los consorcios de integración tecnológica, donde las instituciones públicas, instituciones científicas y de investigación, así como las empresas, enfrentarían las barreras, los riesgos del desarrollo de emprendimientos y problemas comunes.

Un tipo específico de consorcio es el consorcio de patentes -un acuerdo de cooperación entre varias empresas para licenciar como grupo sus respectivas patentes a terceros. Aunque se presumía que estos consorcios de patentes promovían un comportamiento anticompetitivo, su potencial para integrar tecnologías complementarias es reconocido en varias áreas. Los consorcios de patentes podrían reducir los costos de transacción, eliminar posiciones de bloqueo, disminuir los litigios por incumplimiento y las incertidumbres relacionadas con los mismos, y promover la difusión de la tecnología (US Department of Justice and the Federal Trade Commission, 2007, pp. 84-85). En consecuencia, los consorcios de patentes se pueden encontrar en diferentes sectores, principalmente en sectores de alta tecnología como el de comunicaciones móviles y la industria farmacéutica/biotecnológica (Dequiedt y Versaevel 2012) .

Así, el principio de consorcio de patentes podría ser aprovechado por los consorcios tecnológicos mediante la inclusión de gobiernos e instituciones y empresas seleccionadas tanto de países desarrollados como en desarrollo, para que trabajen juntos con objetivos comunes.

¿Qué beneficios potenciales se podrían esperar?
Las actividades de colaboración en I+D+D extenderían los costos y los riesgos implícitos de la misma; ampliaría el acceso a las tecnologías, el conocimiento y la propiedad de nuevas tecnologías; así como permitiría la producción local de productos y servicios medioambientales que pueden ser exportados a nivel regional y global (UNFCCC 2010). Además, las tecnologías que se produzcan en los países en desarrollo con menores costos, incrementaría la competitividad de nuestras empresas y reducirían la confrontación en relación a la Propiedad Intelectual. Los socios participantes tendrían la propiedad de tecnologías específicas y podrían ofrecer licencias de tecnología a precios reducidos a otros países en desarrollo.

El centro ayudaría a crear entornos propicios para desarrollar las capacidades locales, estimularía el establecimiento de “cluster” regionales de innovación según las ventajas competitivas de cada país en torno a esos centros, atraería científicos y promovería el desarrollo basado en el conocimiento.

Las Entidades Nacionales Designadas ante el Centro y Red de Tecnología Climática (CTCN) de la CMNUCC, ayudarían a alinear los diferentes proyectos e iniciativas climáticas, pequeños y dispersos, a sus agendas nacionales e integrarse con sus estrategias industriales, haciéndolos más grandes y atractivos a nivel internacional.

El centro fortalecería la estructura existente del CTCN en el que se insertaría como proveedor de tecnología, ampliando el número de instituciones vinculadas a dicha red. También complementaría otras iniciativas similares, tales como los Centros de Innovación Climática (CIC), con el fin de desarrollar sinergias y lograr la integración tecnológica a escala mundial en apoyo de un desarrollo sostenible global.

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¿Qué tipo de productos / servicios podrían desarrollarse?
Se pueden desarrollar en el centro tanto las tecnologías de mitigación como de adaptación integrando tanto los NAMAs como los NAPs. En mitigación, por ejemplo: tecnologías para reciclaje y para el tratamiento de residuos sólidos (industriales, mineros, hospitalarios, peligrosos) como la minimización o pulverización de residuos, el análisis de su composición y la extracción de polvos reutilizables en otras industrias. La participación de las municipalidades y ciudades en el tema podría multiplicar las oportunidades de mercados y contribuir en la diseminación de las tecnologías, a la vez que se vincularía con proyectos que promueven la sostenibilidad de las ciudades.
Asimismo, se podrían desarrollar tecnologías para el uso de energías renovables; tecnologías para reducir el impacto ambiental del uso y el cambio de uso del suelo; para reducir el impacto ambiental de la agricultura y de las actividades intensivas en energía; y para desarrollar un transporte público sostenible. En adaptación: tecnologías que utilicen infraestructuras naturales y servicios de protección de ecosistemas; para mejorar la disponibilidad de agua; para adaptar la agricultura a las nuevas condiciones climáticas, para mejorar la productividad del suelo y la gestión de la agro-biodiversidad; para evitar el deshielo de los glaciares; y, para monitorear la migración de especies marinas.

Asimismo, se podría suscribir un convenio de cooperación con el CTCN para obtener su apoyo técnico de largo plazo para la identificación permanente de proyectos sucesivos que podrían ser desarrollados en el centro de integración tecnológica.

Cabe señalar que, en el caso específico de las energías limpias, éstas no son competitivas en términos de costo frente a los combustibles fósiles (Atkinson and Ezell 2012). Hasta que esto suceda, no se producirá la transición de los combustibles basados ​​en el carbono hacia energías limpias. Promover la innovación sostenida para el uso de energías limpias a través de los centros de integración tecnológica en los países en desarrollo tiene el potencial de desarrollar fuentes de energía limpias, cuyos precios (sin subsidios ni impuestos de carbono) podrían ser menores a los de combustibles fósiles.

¿Cómo se financiaría la creación y operación del centro?
Un objetivo del centro es inyectar dinamismo y atraer a una variedad de fuentes de financiamiento, inversión extranjera directa privada y otras capitales de riesgo en busca de oportunidades de negocio y de nuevos mercados rentables. Esto implicaría beneficios mutuos para todos los interesados ​​en cuanto a eficacia, resultados e impacto. Al mismo tiempo, la propuesta alienta a los gobiernos de los países emergentes y de los países de ingresos medios a que hagan contribuciones a través del cofinanciamiento para la creación de instalaciones, que puede ser a través de contribuciones en especie (p.ej. terreno para la sede del centro), así como el financiamiento de la I+D+D a través de progresivas mejoras presupuestales para dicho fin y de incentivos para atraer a científicos y empresas.

Las fuentes de cooperación internacional como el Fondo Verde para el Clima y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, seguirán siendo importante para los países en desarrollo, sobre todo para los países menos desarrollados, pero el financiamiento climático no dependerá sólo de dichos fondos.

Conclusiones y próximos pasos a seguir
Las negociaciones de cambio climático y los acuerdos a que se lleguen dependen de la mejora de la integración económica, en particular el acceso a las tecnologías para la mitigación y la adaptación al cambio climático. El concepto de Integración Tecnológica ofrece un enfoque colaborativo e inclusivo que supera varios obstáculos (incluyendo el referido a los derechos de propiedad intelectual), los riesgos inherentes a los emprendimientos y otros problemas en común. Esto está fuertemente ligado a la economía real y las necesidades reales. En tal sentido, deben profundizarse los debates basados ​​en cuestiones factuales sobre los problemas del mercado y del ciclo de vida de los emprendimientos que podrían ser abordados por la integración tecnológica, en particular en el tema del cambio climático. El concepto tradicional de transferencia de tecnología no aporta a ello y debe por lo tanto ser dejado de lado.

Se puede poner en práctica el concepto de Integración Tecnológica en la forma de consorcios o centros tecnológicos, reuniendo a varias partes interesadas y teniendo en cuenta que ofrece múltiples beneficios.

La propuesta se viene evaluando y requerirá un mayor desarrollo y discusión. Entender el rol de las partes interesadas en los consorcios tecnológicos público-privados para el desarrollo de I+D+D será de vital importancia. ¿Qué sectores deben ser priorizados para las tecnologías de mitigación y adaptación? Es necesario explorar más sobre cómo estos consorcios pueden atraer recursos financieros, promover la cooperación Norte-Sur, Sur-Sur y triangular; ayudar a los países a crear entornos propicios y desarrollar sus capacidades locales. También es necesaria una evaluación de cómo los grupos de interés del consorcio, con propiedad sobre tecnologías específicas, podrían ofrecer licencias de tecnología con tasas preferenciales a otros países en desarrollo.

Finalmente, el anuncio de los consorcios tecnológicos público-privados como proyectos piloto en el marco del CMNUCC requerirá la evaluación de su impacto en las estrategias, mecanismos e instrumentos existentes, así como en la forma en que se vincularía con las Acciones de Mitigación Nacionalmente Apropiadas (NAMAs) y los Planes Nacionales de Adaptación (NAPs). Estos consorcios fortalecerían el Centro y Red de Tecnología del Clima (CTCN) mediante la inserción en su estructura como proveedores de tecnología, mientras que el CTCN podría ayudar en la identificación de nuevos proyectos a desarrollar por los consorcios, fortaleciendo la cooperación científica e industrial global, mientras promueven el desarrollo basado en el conocimiento y se convierten en los nuevos motores del cambio tecnológico y la innovación.

 

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Ministro Consejero del Servicio Diplomático del Perú, y Subdirector de Temas de la OMC y de Propiedad Intelectual del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú desde diciembre de 2014. Experto en economía y política internacional, cambio climático y tecnología (diplomado en relaciones internacionales del IIAP/ENA de Francia y MSc en política de la Economía Mundial de la LSE), ha representado al Perú en distintos foros internacionales relacionados al desarrollo y el comercio mundial, así como el cambio climático. Durante su misión en la Representación Permanente del Perú ante los Organismos Internacionales con sede en Ginebra, fue elegido Presidente del Grupo de Trabajo sobre Comercio y Transferencia de Tecnología de la OMC el 2012. Como Subdirector de Asuntos Ambientales Globales, fue designado por el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, para representar al país y negociar los temas de tecnología en el XIX Período de Sesiones de la Conferencia de las Partes de la COP19 en Varsovia el 2013 y en la COP20 de Lima de 2014.

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