Una nueva Estrategia Industrial de Defensa Europea

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COMUNICACIÓN CONJUNTA AL PARLAMENTO EUROPEO, AL CONSEJO, AL COMITÉ ECONÓMICO Y SOCIAL EUROPEO Y AL COMITÉ DE LAS REGIONES

Una nueva Estrategia Industrial de Defensa Europea: lograr la preparación en materia de defensa de la UE a través de una industria de defensa europea resiliente y con capacidad de respuesta

INTRODUCCIÓN

Los días 14 y 15 de diciembre de 2023, el Consejo Europeo, en consonancia con la Declaración de Versalles1 y la Brújula Estratégica para la Seguridad y la Defensa2, subrayó que es preciso realizar un mayor esfuerzo para cumplir el objetivo de la Unión de mejorar la preparación en materia de defensa.3. El Consejo Europeo también hizo hincapié en la necesidad de reforzar la base tecnológica e industrial de la defensa europea (BITDE), incluidas las pymes, y de lograr que se más innovadora, competitiva y resiliente. Una UE más fuerte y más capaz en el ámbito de la seguridad y la defensa contribuirá positivamente a la seguridad transatlántica y mundial y complementa a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que sigue siendo el pilar de la defensa colectiva de sus miembros.

La preparación de la UE en materia de defensa puede definirse como un estado constante de preparación de la Unión y de sus Estados miembros para proteger la seguridad de sus ciudadanos, la integridad de su territorio y sus activos o infraestructuras principales, así como sus valores y procesos democráticos fundamentales. Esto incluye la capacidad de prestar asistencia militar a sus socios, como Ucrania. En consonancia con la Brújula Estratégica, abarca la capacidad de actuar con mayor rapidez y decisión ante las crisis, proteger a nuestros ciudadanos frente a amenazas en rápida evolución, invertir en las capacidades y tecnologías necesarias y colaborar con otros agentes para alcanzar objetivos comunes. Esta Estrategia también responde a las propuestas presentadas por los ciudadanos en la Conferencia sobre el Futuro de Europa4.

Una industria de defensa fuerte a escala de la UE es un requisito previo esencial para lograr la preparación en materia de defensa. La presente Estrategia Industrial de Defensa Europea, basada en las conclusiones del análisis de los déficits de inversión en materia de defensa presentadas en la Comunicación conjunta de 18 de mayo de 20225, y tras un proceso exhaustivo de consulta con las partes interesadas, propone un enfoque ambicioso respaldado por un Programa para la Industria de Defensa Europea (EDIP), unido a una serie de medidas de apoyo y junto con el Fondo Europeo de Defensa (FED), con objeto de reforzar el pilar industrial de la preparación de la UE en materia de defensa. Este esfuerzo debe proseguir de forma constante más allá del actual marco financiero plurianual (2021- 2027), con financiación de la UE proporcionada a través de instrumentos futuros cuyo alcance y diseño se basarán en la experiencia adquirida a través de la ejecución de los diferentes programas de defensa.

El fuerte aumento de las amenazas regionales y mundiales y los retos en materia de seguridad y, en particular, el retorno de la guerra convencional de alta intensidad en Europa requiere un cambio radical urgente en la velocidad y la escala a las que la BITDE puede determinar, desarrollar y producir los equipos militares necesarios en todo el espectro, empezando por las necesidades más urgentes. En este sentido, es necesario seguir reforzando y optimizando las herramientas e instrumentos que la Unión ha puesto en marcha en los últimos años. La preparación industrial en materia de defensa debe reforzarse en toda la Unión, prestando especial atención a las implicaciones específicas que tiene para los Estados miembros más expuestos al riesgo de que se materialicen amenazas militares convencionales.

Solo es posible lograr dicha preparación si se permite que el aumento constante del gasto en defensa de los Estados miembros conceda una prioridad real a las inversiones colaborativas, a través de los instrumentos e incentivos adecuados. Esto reforzará tanto sus capacidades militares como la base industrial de defensa en la que pueden apoyarse la UE y sus Estados miembros. También reforzará directamente la OTAN, ya que los Estados miembros, incluidos los que son aliados de la OTAN6, cuentan con un conjunto único de fuerzas que pueden poner a disposición en diferentes marcos. Asimismo, contribuye a la seguridad económica de la Unión en general, ya que la BITDE es un motor fundamental de la innovación tecnológica y la resiliencia en todas nuestras sociedades.

Esta estrategia tiene por objeto reforzar y apoyar los esfuerzos de los Estados miembros destinados a invertir más, mejor, juntos y con perspectiva europea (sección 2). Se debe lograr una mayor disponibilidad de productos y sistemas de defensa gracias a una BITDE más eficiente y con mayor capacidad de respuesta, basada en una mayor seguridad del suministro (sección 3). Es importante desarrollar los medios financieros necesarios para respaldar la preparación industrial de la UE en materia de defensa (sección 4). Además, es preciso integrar una cultura de preparación en materia de defensa, también en todas las políticas de la UE (sección 5). Por último, se deben aprovechar las asociaciones para mejorar la preparación y la resiliencia (sección 6).

1. LOGRAR LA PREPARACIÓN EN MATERIA DE DEFENSA A TRAVÉS DE UNA INDUSTRIA EUROPEA DE DEFENSA MÁS RESILIENTE Y CON MAYOR CAPACIDAD DE RESPUESTA

1.1. La preparación en materia de defensa, un imperativo en el entorno geopolítico actual

Ante el retorno de la guerra de alta intensidad en Europa tras la invasión no provocada y a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022, la Unión debe mejorar rápidamente su preparación en materia de defensa.

El corazón mismo del orden mundial basado en normas se está viendo amenazado, y los países del entorno cercano de la Unión y más allá se ven cada vez más afectados por tensiones, inestabilidad, amenazas híbridas y conflictos armados. Los competidores estratégicos están realizando inversiones considerables en capacidades militares, capacidades industriales de defensa y tecnologías críticas, mientras que la integridad de nuestras cadenas de suministro y el acceso sin trabas a los recursos ya no pueden darse por sentados.

La UE y sus Estados miembros también se enfrentan a amenazas híbridas generalizadas, como ilustra el incremento de los ciberataques, los sabotajes, la piratería de infraestructuras y activos críticos, la desinformación, la manipulación de información e injerencia por parte de agentes extranjeros. También se enfrentan a oposición al acceso de Europa a determinados ámbitos estratégicos como el espacial, el cibernético, el aéreo y el marítimo. Estos acontecimientos ponen en peligro nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros valores democráticos.

La defensa del territorio de los Estados miembros y de los ciudadanos es principalmente una responsabilidad nacional, en particular a través de los compromisos de los aliados en el contexto de la OTAN. En este contexto, la evolución geopolítica apunta a una necesidad imperiosa de que Europa asuma una mayor responsabilidad estratégica con respecto a su propia seguridad, en particular para ayudar a socios clave como Ucrania. Bajo la orientación de la Brújula Estratégica, la UE es y debe seguir siendo un actor fuerte en materia de seguridad y defensa, y, por tanto, un proveedor de seguridad más fiable y un agente de defensa capaz no solo para con sus propios ciudadanos, sino también en beneficio de la paz y la seguridad internacionales.

Una UE más fuerte y más capaz en el ámbito de la seguridad y la defensa también contribuirá positivamente a la seguridad mundial y transatlántica y complementa a la OTAN. Para aquellos Estados miembros que también son miembros de la OTAN, la Alianza sigue siendo la base de su defensa colectiva. La preparación en materia de defensa requiere la planificación, el desarrollo y la disponibilidad operativa de las capacidades de defensa y los elementos de apoyo estratégico necesarios, el dominio de las tecnologías críticas y la capacidad de adquirir, operar y proteger en su integridad el conjunto de capacidades, infraestructuras y activos que se precise.

Por lo tanto, para lograr la preparación en materia de defensa es necesario realizar una inversión enorme y coordinada en las capacidades de defensa necesarias, lo que incluye las infraestructuras críticas pertinentes. Esto requiere agilidad para integrar constantemente las innovaciones que provienen cada vez en mayor medida de agentes de pequeño tamaño y no tradicionales, que con demasiada frecuencia tienen dificultades para que se reconozca la contribución que podrían llevar a cabo. Los adversarios han emprendido una carrera mundial por la supremacía tecnológica que exige a todos los agentes unos ciclos de inversión cada vez más rápidos y más costosos: la Unión no puede permitirse ir a la zaga.

Incluso los Estados miembros que disponen de los mayores presupuestos de defensa de la Unión se enfrentan a dificultades crecientes a la hora de invertir las sumas necesarias de manera autónoma, lo que expone a la UE a brechas industriales y de capacidades cada vez más amplias y a mayores dependencias estratégicas. Lo mismo ocurre con los principales fabricantes y sus cadenas de suministro. Por lo tanto, la preparación en materia de defensa requiere más cooperación y acción colectiva. En tiempos de guerra de alta intensidad, esto exige la capacidad de producir en masa un amplio conjunto de equipos de defensa, como municiones, drones, misiles y sistemas de defensa aérea, profundas capacidades de ataque, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, así como la capacidad de garantizar una disponibilidad rápida y suficiente.

Para permitir esta producción en masa, la organización del sector industrial de la defensa debe evolucionar.