Según Thomas Piketty, «Emmanuel Macron al apropiarse del programa económico de la derecha, su centrismo ha contribuido a derechizar el país, empujando a la derecha republicana a un callejón sin salida con la extrema derecha en cuestiones de identidad. Pero, considera que lo más peligroso es la arrogancia del candidato a presidente, que pretende ser reelegido sin debate ni programa, o bien con medidas chapuceras que traicionan su tropismo fundamental: gobernar primero y siempre para los líderes, apostando a las divisiones de sus opositores».
Uno de los puntos neurálgicos en el programa de Macron es la edad de jubilación. Ya en plena campaña para la segunda vuelta que elegirá al presidente de Francia el 24 de abril, Macron visitó Paso de Calais, desde donde declaró «elevar la edad de jubilación a los 65 años ya no es un «dogma». No tengo más dogma que el de no dejar que la pobreza se apodere de nosotros y no dejarles a nuestros hijos el costo de nuestra cobardía», asegurando estar «abierto a la discusión».
Siguiendo su campaña, ya en la región de Hauts-de-France, volvió a explicar que el tema de la jubilación a 65 años frente a los 62 actuales tiene el objetivo de reequilibrar financieramente un sistema que es «un tesoro» para no dejar a «nuestros hijos» el peso de la deuda acumulada. La reforma, aumentará el nivel mínimo de las pensiones hasta los 1.100 euros y la indexación de las pensiones a la inflación a partir del 1 de julio, sin esperar al 1 de enero.

Macron y Mélenchon han sido los más votados en París. Luego de su buen resultado, quedando en tercer lugar, Mélenchon pidió a sus votantes: «No debemos dar un solo voto a Marine Le Pen», lo repitió tres veces a sus seguidores, al parecer no fue claro y ahora rectifica repitiendo el pedido. No obstante, no todo su electorado está de acuerdo con el pedido. Por ello, se considera que habrá un número de abstencionistas que votarán a Macron y una parte lo está pensando.







