MIGRACIONES INTERNACIONALES EN CHILE: HECHOS, DESAFIOS Y OPORTUNIDADES. Por Lorenzo Agar Corbinos y Jaime Esponda Fernández

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Autores:
Lorenzo Agar Corbinos, Sociólogo, Ph.D. (1)
Jaime Esponda Fernández, Abogado, MSc. (2)

El actual fenómeno de las migraciones internacionales presenta rasgos marcadamente diferentes de los de cualquier período anterior, tanto que puede hablarse de una nueva era en la historia de la movilidad humana, que se encuentra severamente restringida, hasta el punto que algunos países de la OCDE han modificado sustancialmente su legislación migratoria, tendiendo a las restricciones.

En lo que a Chile respecta, desde el retorno de la democracia, el país se ha ido conformando como uno de inmigración que, actualmente, es destino predilecto de los emigrantes latinoamericanos y también, en menor medida, de personas proveniente de otras regiones del mundo. Teniendo esto presente, Chile debe analizar con rigurosidad la adopción de decisiones de política migratoria que significarían la absorción de grandes contingentes de población externa, sin consideración a las posibilidades reales de garantizar en forma igualitaria derechos sociales y una adecuada gobernanza e inclusión que favorezca, y no obstaculice, la cohesión social en un creciente ambiente de pluralidad cultural.

Sobre la base de datos de la encuesta CASEN 2013 es posible establecer que la llegada de migrantes, en su mayoría jóvenes y con natalidad más elevada, contribuye a disminuir la caída del crecimiento demográfico, pudiendo revertir, en un futuro cercano, la actual tendencia a una sociedad altamente envejecida. De ello se desprende la conveniencia de una política receptiva y generosa, pero equilibrada con una gestión comprometida del Estado en la regulación y control de los flujos migratorios, su especificidad, en cuanto a los talentos humanos que el país requiera y la direccionalidad interna, vía por ejemplo incentivos, que pueda determinarse de acuerdo a los requerimientos regionales.

Una sociedad diversa aporta riqueza pero también produce fricciones culturales. Se trata de que este fenómeno se constituya en un dinamizador de la economía y la cultura, tal como ocurrió con los inmigrantes europeos y asiáticos que llegaron a fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.

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Es preocupante que en Chile el proceso migratorio esté siendo “gobernado” exclusivamente por las fuerzas del mercado, sin una política conductora del Estado o siquiera una acción pública reguladora.

Sobre esas bases, creemos que Chile debiese disponer de una política receptiva y generosa de los desplazamientos humanos y garantizar los derechos sociales de los migrantes regulares, en las mismas condiciones que a los nacionales, pero precedida de la definición de una gestión reguladora comprometida del Estado, con la mirada puesta en la búsqueda de inclusión social y el bienestar comunitario con su diversidad cultural.

Una de las vertientes de este desafío es definir escenarios demográficos y de necesidad de talentos humanos para las próximas décadas, a fin de evitar que todo dependa del mercado y que, en cambio, los inmigrantes puedan encontrar un espacio real de oportunidades y de pleno ejercicio de sus derechos. La necesidad de aumentar la población y cubrir vacíos en ciertos sectores productivos, como la minería, la agricultura y la salud, sumado a la vocación de Chile por una política migratoria abierta, no debe hacer olvidar que el fenómeno debe ser conducido en forma coherente por el Estado, considerando las posibilidades de integración reales, en un país de renta media y que aún mantiene, según CASEN 2013, un 14,5% de pobreza por ingresos y un 20,3% de pobreza multidimensional, y también el contexto de la globalización, los cambios demográficos que se están produciendo en el mundo y en nuestra Región y la heterogeneidad de los indicadores de desarrollo humano, económico y social, respecto de los países sudamericanos, que aportan inmigrantes.

Del mismo modo, es necesario que la nueva legislación corresponda a una visión que considere la multidimensionalidad del fenómeno migratorio, que compatibilice el aporte de renovados flujos migratorios internacionales con la realidad social de Chile.

Los ejes que debiesen orientar la política migratoria no son otros que los que contempla el Programa del actual Gobierno: enfoque de derechos, basado en la promoción y aplicación de los instrumentos internacionales sobre Derechos Humanos; el respeto y aseguramiento del principio de no discriminación; una visión interministerial, basada en la coordinación dinámica cooperadora y eficiente de todos los entes públicos involucrados; un rol activo del Estado en acciones de asentamiento humanitario; acceso a la residencia regular, protección de las víctimas de trata de personas y desarrollo de las personas migrantes.

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Aún antes de la aprobación de una nueva legislación es posible materializar tales objetivos mediante algunos enfoques que guíen la acción gubernamental en materia de inmigración, entre los que destacan los siguientes: enfoque inclusivo de acogida, respeto, valoración y salvaguardia de la diversidad cultural y el mestizaje, con énfasis en la inclusión de las comunidades migrantes, particularmente al interior del sistema educativo, favoreciendo la salvaguardia y expresión de sus diferentes identidades culturales como un recurso para el desarrollo del país, potenciando su asociatividad, su vinculación territorial, desarrollando espacios de encuentro entre las culturas e incorporando una atención y trato inclusivo en todos los servicios públicos; enfoque de la gestión administrativa migratoria que promueva la puesta en marcha de acciones que faciliten el acceso a la regularidad; enfoque de políticas de inserción social que facilite el acceso de los migrantes al mercado del trabajo, en condiciones de igualdad con la población local, lo cual incluye medidas para atraer y retener a las personas, a través de la generación de programas que promuevan perfiles de inmigrantes en el marco de la estrategia de desarrollo definida para el país, y que apunten a incentivar la regularización migratoria. También la formalización de las relaciones laborales y la corresponsabilidad entre empleadores y empleados; enfoque que contribuya a la innovación y el conocimiento orientado al desarrollo, mediante la atracción de trabajadores migrantes calificados en áreas con déficits de recursos humanos, el fomento de redes de vinculación académica con universidades nacionales y extranjeras, y la facilitación de la certificación de estudios y de competencias; enfoque de integración regional, para impulsar el desarrollo de iniciativas conjuntas entre países de origen, tránsito y destino, mediante acuerdos bilaterales y multilaterales que faciliten la integración; enfoque de género, que permita fortalecer los instrumentos para la protección de los derechos de las mujeres migrantes.

Por último, entre los desafíos futuros de Chile frente al fenómeno migratorio, es necesario abordar las necesidades de protección social de los migrantes vulnerables, fundado en derechos, como mecanismo para abordar las desigualdades, poniendo atención en obstáculos para la inclusión de la población inmigrante como los relacionados con el acceso a la vivienda, a la salud y la educación, para lo cual es necesario continuar avanzando en la regularización de la población inmigrante y, por esa vía, igualar su acceso a los servicios que el Estado otorga al conjunto de los habitantes del territorio nacional.

El foco ha de estar puesto en la sostenibilidad social del desarrollo, que debe incorporar en forma prístina – junto al reconocimiento del aporte que al desarrollo de Chile otorgan los nuevos flujos migratorios- una adecuada regulación.

(*) Este escrito es una síntesis de ponencia presentada en Seminario Internacional organizado por el Instituto Igualdad, 6 – 7 de noviembre 2015. Santiago de Chile: Fundación Ebert Stiftunf.

(1) Sociólogo, Magister en Desarrollo Urbano y Regional, Doctor en Sociología por la Universidad de Paris Descartes, Sorbona. Profesor Agregado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Docente de la Universidad Diego Portales. Exjefe de la Unidad de Migración e Inclusión Social del Ministerio de Desarrollo Social. Miembro durante 2015 del Consejo Técnico de Política Migratoria.

(2) Abogado y Magister en Docencia Universitaria. Asesor jurídico de la OIM en Chile. Docente y miembro del directorio de la Fundación Henry Dunant para América Latina. Profesor de Derecho Político, Derechos Humanos e Investigación Jurídica en la Universidad Autónoma de Chile. Profesor de Derecho Político en la Universidad de las Américas. Profesor en seminarios internacionales de la Academia Diplomática de Chile.

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Fernando Morales
Representante del CEFIAL en el Cono Sur, chileno, abogado, diplomático, profesor universitario, Licenciado en Derecho Europeo (Lovaina), Diploma del Instituto de Altos Estudios Internacionales (Ginebra) y del Svenska Institutet, Comendador de la Orden del Rey Leopoldo II de Bélgica, Caballero de la Orden Isabel La Católica de España, Caballero de la Orden de San Fortunato de Bélgica, Miembro Honorario de la Koninklijke en Soevereine Hoofdgilde van Sint Joris de Gantes, ex Presidente del Salón Arturo Prat del Club de la Unión de Chile.

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