De acuerdo con la Organización Mundial del Trabajo (OIT), la tasa de desempleo del 2021 se encontraba en 6.2%, aún por encima del nivel prepandemia de 5.4%. En el caso de Latinoamérica, su nivel de desempleo se mantiene por encima del promedio mundial; y su descenso hacia el nivel de 2019 se observa todavía distante.
La estadística de la OIT muestra que, en el 2020, la tasa de desempleo ascendió a 10.1% de la población activa total, representando un aumento aproximado de 5 millones de personas, que perdieron su posición laboral con respecto al 2019. En el 2021, el desempleo aumentaría 1 millón de personas más que en el 2020, pero con una tasa menor de 10.0%. Para los años 2022 y 2023 se prevé un descenso del desempleo en 1 millón de personas para cada año.
Durante el 2020, la lenta apertura económica y las restricciones a la movilidad impulsaron la informalidad laboral, deteriorando así la calidad del empleo. En el 2021, la reapertura económica no fue suficiente para disminuir el desempleo. Al contrario, el deterioro del sector empresarial, principalmente en las micro y pequeñas empresas, y otros factores propios de cada país afectaron el desempleo de manera creciente.
La tendencia decreciente para el 2022 que muestra la OIT podría ser atenuada por las políticas adoptadas para controlar la volátil inflación de estos tiempos. Una política monetaria restrictiva, que afecta directamente la emisión de préstamos, afecta tanto los créditos empresariales como los créditos personales: un menor dinamismo de la oferta y la demanda local estaría convirtiéndose en un freno para la contratación de personal.
Al 2023, se proyecta una tasa de desempleo del 8.8%, 0.9% por encima de la cifra del 2019. Este resultado indica que la región latinoamericana tendrá que lidiar contra dos factores claves, si se quieren reducir los niveles de desempleo. En primer lugar, se deben diseñar políticas que incentiven no solo la contratación de personal por parte de empresas privadas. El segundo factor es la atracción de trabajadores del sector informal al ámbito formal, incentivando a las empresas informales a formalizarse brindándoles, por ejemplo, facilidades tributarias hasta que puedan adaptarse en esta nueva faceta que beneficiará tanto a los trabajadores como al empleador.








