Jesús, la luz que venció las tinieblas, el amor que venció el miedo

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Una luz que venció a las tinieblas, un amor que venció al miedo, apareció una nueva esperanza para los hombres: Nació el niño Jesús.

De esto habló Papa Francisco en la homilía de la Noche buena, de la gracia que significó la llegada de Jesús a la tierra “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”, se manifestó la gracia de Dios que trae salvación a los hombres, una gracia que es Jesús, una gracia transformadora hasta de la historia, una gracia que es gratuita “mientras que aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo”.

Nos habla de un amor que no depende de nuestras acciones ni de nuestros malos comportamientos, es una amor incondicional, es un amor fiel, paciente, “el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible……..nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor”.

Ante esta gracia, antes este amor, solo podemos acogerlo, responder dejándonos envolver por la ternura del Niño, no encontraremos justificativos para “no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación”.

Esta fecha es la adecuada para acercarse al pesebre y agradecer, recoger el don de su llegada, su gratitud, su gratuidad, es la oportunidad para cambiar el mundo “cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don”.

El cambio está en nosotros, cambiamos nosotros, cambia todo, lo sabemos bien las mujeres, “tampoco nosotros podemos esperar que el prójimo cambie para hacerle el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Empecemos nosotros. Así es como se acoge el don de la gracia. Y la santidad no es sino custodiar esta gratuidad”.

En el Mensaje Urbi et Orbi del 25, el Papa Francisco, reiteró que la luz de Jesús es más grande que las tinieblas que albergan los corazones humanos “hay tinieblas en las relaciones personales, familiares, sociales, pero más grande es la luz de Cristo. Hay tinieblas en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero más grande es la luz de Cristo”.

Se refirió a todos los conflictos que azotan al mundo por la arrogancia humana, la interminable guerra de Siria, el conflicto libanés, el de Tierra Santa, el de Irak, el de Yemen. Se refirió a Ucrania, en África el Congo, Burkina Faso, Malí, Níger y Nigeria.

Se refirió al continente americano, augurando que el Niño sea esperanza “reanime al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita. Que bendiga los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona”.

Una claro mensaje a no desanimar, que el pueblo venezolano se reanime, en su fuerza está el cambio. Tener esperanza en la luz que venció a las tinieblas, en el amor que venció al miedo.

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