Sobre la Política de Educación Digital

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EXPOSICIÓN DE MOTIVOS del INFORME sobre la formulación de la política de educación digital
Comisión de Cultura y Educación
Victor Negrescu

Introducción

Según la UNESCO, casi 1 600 millones de alumnos en más de 190 países (el 94 % de la población mundial de alumnos) se vieron afectados por el cierre de instituciones de educación y formación en plena crisis de COVID-19, y más del 60 % de los alumnos de todo el mundo siguen afectados[21]. Lo mismo ocurrió en los entornos educativos formales y no formales: guarderías, centros preescolares, centros de educación y formación profesionales, universidades, clubes juveniles e institutos de educación de adultos cerraron sus puertas y, en muchos casos, cuando disponían de la infraestructura necesaria, pasaron a funcionar en línea. La educación digital fue más que una herramienta; se convirtió en una necesidad y una solución generalizada que permitía hacer frente al confinamiento y enseñar al mayor número posible de alumnos. Esta nueva realidad puso de relieve la necesidad de adoptar un enfoque europeo de la educación digital y, al mismo tiempo, colaborar con instituciones y agentes mundiales, como las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Consejo de Europa, para encontrar soluciones adaptadas a los nuevos retos.

Si bien es cierto que los centros educativos y su personal han demostrado una notable capacidad de innovación y creatividad, gracias a la cual muchas personas han podido seguir aprendiendo, el panorama general ha sido el de una transición digital apresurada, que ha dejado aún más atrás a quienes ya estaban rezagados. En algunas partes del mundo, aprender a distancia es prácticamente imposible. En Rumanía, cerca de un millón de niños, que representan el 32 % de los alumnos, no tuvieron acceso a la educación durante varios meses debido al escaso acceso a las infraestructuras básicas[22]. En cambio, en torno al 90 % de los países de altos ingresos han ofrecido aprendizaje a distancia, principalmente en línea[23], pero esto sigue dejando al 10 % de los escolares sin ningún tipo de aprendizaje, con enormes desigualdades en función del nivel socioeconómico. Algunas investigaciones[24] han demostrado que ni siquiera en los Estados miembros ricos todos los hogares disponen un ordenador utilizable o una conexión a internet, que son los materiales básicos imprescindibles para cualquier forma de aprendizaje en línea.

La pandemia ha puesto de relieve otras muchas brechas en el ecosistema de la educación digital. Aparte del acceso, necesario antes que ninguna otra cosa, se ha demostrado que los escolares necesitan un profesorado que posea un nivel suficiente de competencia en el ámbito digital como para facilitar un aprendizaje eficaz en línea y ofrecer un conjunto de recursos ya preparados para el entorno en línea. Las herramientas digitales son útiles para la enseñanza y el aprendizaje. Pero la educación requiere algo más que el acceso a los dispositivos digitales; exige un enfoque integrado, que tenga en cuenta las necesidades psicológicas, sociales, pedagógicas y prácticas de la enseñanza y el aprendizaje. Los padres son también esenciales para orientar a los niños en el entorno en línea. Los estudiantes con dificultades de aprendizaje o necesidades educativas especiales precisan de un apoyo adaptado del que a menudo han carecido. A pesar de los esfuerzos de todos, han salido a la luz la falta de capacidades digitales del personal docente y formador y la escasez de una formación docente eficaz en materia de aprendizaje digital. Los padres también han tenido dificultades, algunos porque les faltan las capacidades lingüísticas, de lectoescritura, matemáticas o digitales necesarias para ayudar a sus hijos. Es necesario adoptar medidas especiales, que cuenten con el respaldo financiero de programas europeos y nacionales, con el fin de proporcionar a los padres y tutores apoyo que les permita desarrollar las capacidades necesarias para ayudar a sus hijos. Muchos adultos han tenido que manejar por primera vez conocimientos digitales básicos, como la alfabetización digital, la higiene cibernética, la privacidad y la alfabetización mediática, la protección de los datos, el ciberacoso y los juegos en línea peligrosos. La desinformación también se ha convertido en un problema particular durante la crisis sanitaria. También a este respecto los datos estadísticos son contundentes: existe una correlación directa entre los ingresos y el nivel de educación, por un lado, y una propensión a utilizar internet para la información y la educación, por otro[25].

Así pues, por una parte, la crisis de COVID-19 ha proporcionado un concluyente banco de pruebas para la política de educación digital y, por otra, ha sacado a la luz innumerables deficiencias. En un documento de trabajo publicado a principios de septiembre de 2020, el ponente solicitó una actualización del Plan de Acción de Educación Digital[26] de 2018 que desarrollara un enfoque coherente e integrado de la educación digital, con objetivos claros, apoyo financiero y un calendario, y que propiciara la adopción de un enfoque común a escala europea en el que participaran todas las partes interesadas pertinentes.

Desarrollo de una política europea común sobre educación digital.

Si deseamos formular una política de educación digital coherente, hemos de ser conscientes de la importancia de la educación para configurar el futuro de nuestras sociedades y para impulsar una transición digital y ecológica satisfactoria. Recientemente, la OCDE ha declarado que el confinamiento ha tenido un enorme impacto en la educación, que ha provocado graves brechas en la formación y capacitación que generarán una pérdida de productividad para las personas en todo el mundo, una caída significativa de los ingresos y una reducción del PIB a medio y largo plazo que solo podrá superarse mediante una mayor inversión en educación. Por consiguiente, se necesitan objetivos de inversión claros a escala de la UE, nacional, regional y local. Es necesario destinar al menos el 10 % del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia a ofrecer soluciones a las necesidades actuales en materia de educación y capacidades, mientras que los Estados miembros deben seguir aumentando su financiación a la educación.

A pesar del éxito indiscutible del programa emblemático de la Unión para la educación y la formación, Erasmus+, los Estados miembros no han dudado en emprender nuevas formas de cooperación más intensivas, y la falta de un verdadero Espacio Europeo de Educación ha dado lugar a respuestas diversas a la educación y la formación durante la actual crisis de COVID-19. La transición hacia la educación digital no ha ido acompañada de una mayor cooperación de los Estados miembros en relación con las soluciones y herramientas utilizadas, y la financiación de la educación ha seguido siendo limitada, a pesar de las crecientes necesidades de los sistemas educativos. La nueva realidad ha puesto de manifiesto la necesidad de unos criterios de calidad comunes a escala de la UE que permitan crear sistemas educativos en toda Europa que sean inclusivos y que ofrezcan soluciones prácticas y adecuadas para la digitalización de la educación. Está claro que las tecnologías digitales tienen un potencial importante para profesores y alumnos en todos los sectores y entornos educativos, ya que permiten el acceso a diversos materiales y formatos, y que estas nuevas herramientas no solo son útiles para el aprendizaje a distancia, sino que también podrían adaptarse para mejorar el aprendizaje presencial. Debemos aprender las lecciones de la pandemia para poder impartir una educación digital de calidad a gran escala para todos en caso de una posible segunda ola.

La inclusión digital va de la mano de la inclusión social, como reflejan sobradamente las estadísticas de la UE. El 43 % de los europeos carece de capacidades digitales básicas, con disparidades significativas dentro de los Estados miembros y entre ellos, y basadas en el nivel socioeconómico, la edad, los ingresos, el género, el nivel de educación y el empleo. Estas deficiencias estructurales solo pueden empezar a resolverse mediante una política europea de educación digital coherente, integrada y específica que se haya aplicado a un ritmo más rápido. En consecuencia, el ponente insta a la Comisión a adelantar a 2021 la fecha de publicación de las distintas Recomendaciones del Consejo sobre educación digital.

Nuestra evaluación del Plan de Acción de Educación Digital 2020.

En diciembre de 2018, el Parlamento Europeo instó a la Comisión Europea a que fuera más ambiciosa y desarrollara una estrategia integral de capacidades y educación digitales[27]. El nuevo Plan nos proporciona un nuevo enfoque más estratégico, pero para que tenga éxito, debemos garantizar que al final de su ejecución, la educación digital constituya una parte significativa de la política educativa, con resultados claros, coherentes y positivos en lo que atañe al acceso a la misma y a su calidad en el conjunto de la Unión.

El Parlamento Europeo tiene claro que para que cualquier estrategia sea eficaz, necesita una financiación adecuada. En este sentido, acogemos con satisfacción que el Plan se ajuste al marco financiero plurianual (MFP) de siete años, pero también exigimos una mejor coordinación y sinergias efectivas en la amplia gama de programas que lo respaldan, incluidos Erasmus+, el Fondo Social Europeo Plus y el Mecanismo «Conectar Europa». Al mismo tiempo, subrayamos el valor de los proyectos piloto y las acciones preparatorias iniciadas por el Parlamento Europeo para garantizar una mayor coordinación a escala de la Unión con el fin de abordar las diferencias en la educación entre los Estados miembros. En particular, un proyecto piloto recientemente aprobado, centrado en la mejora de la conectividad en zonas rurales, de montaña y remotas, podría ser un punto de partida clave para una iniciativa paneuropea destinada a reducir las diferencias entre los Estados miembros y dentro de ellos.

Un ecosistema europeo de educación digital de alto rendimiento.

A pesar de la falta de una respuesta europea, la actual pandemia ha demostrado la existencia y el desarrollo de un ecosistema europeo de educación digital con iniciativas de éxito en toda Europa emprendidas por autoridades locales, empresarios e innovadores, ONG y universidades, sindicatos y empresas privadas, profesores, estudiantes, investigadores e incluso padres. La sociedad europea ha demostrado resiliencia ante los retos actuales y ha conseguido generar innovación, algo que nos ha hecho sentirnos orgullosos de lo que podemos conseguir juntos. Por ejemplo, los institutos italianos ICS Capozzi-Galilei desarrollaron un «juego de escape de ciencias», una herramienta virtual para proporcionar a los estudiantes una experiencia de aprendizaje inmersivo y mejorar sus conocimientos científicos. La Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona, ha ideado una plataforma móvil –«Students4Students»– para conectar a alumnos de secundaria interesados en cursar carreras de TI con estudiantes universitarios de TI. El Instituto para las Políticas Digitales Globales, perteneciente a la facultad SNSPA, y la Asociación E-Civis, en Bucarest, diseñaron la primera tableta educativa rumana, un dispositivo digital de bajo coste con contenidos educativos personalizados y aplicaciones de aprendizaje digital seguras.

No obstante, estos ejemplos positivos necesitan apoyo para existir y ampliarse a escala europea. Es muy habitual que no se preste atención a tales iniciativas, y el potencial que fomentan a escala europea sigue sin aprovecharse. El primer paso consiste en disponer de una internet de banda ancha como un bien público y garantizar su acceso universal. Lo mismo debe aplicarse a las tecnologías emergentes, como la Inteligencia Artificial, la robótica, la ludificación, los nuevos dispositivos educativos o la cadena de bloques. Por ello, instamos a que se lleve a cabo una iniciativa de IA y robótica en el ámbito de la educación digital. También es preciso identificar soluciones para una internet rápida y fiable y una educación digital de calidad en los centros educativos, en entornos no formales y en los hogares. Esto significa abordar todas las dificultades a las que se enfrentan, por ejemplo, las instituciones de EFP, que dependen de la formación práctica, pero también garantizar que los miembros de grupos desfavorecidos, las personas con discapacidad, los alumnos menos cualificados, las personas mayores y los habitantes de zonas rurales y remotas se beneficien de una atención especial para aumentar su competencia digital y acceder a la educación digital. Las mujeres también necesitan apoyo para continuar con los estudios informáticos y de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, y debe cerrarse la persistente brecha de género en el sector de la alta tecnología. Debemos aunar nuestros conocimientos técnicos y recursos; e iniciativas como la creación de una universidad europea en línea, el desarrollo de una plataforma educativa paneuropea, la propuesta de crear academias de profesores o la implantación del certificado europeo de capacidades digitales, con el apoyo de las instituciones europeas y las partes interesadas, podrían ser ejemplos que permitan la creación de un marco europeo para la educación digital.

Nelson Mandela dijo: «La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo». Ahora, el mundo está cambiando a un ritmo más rápido debido a la pandemia y las nuevas tecnologías. Estamos en la cúspide de una nueva era para la educación. Es hora de que Europa defina su propia política de educación digital y ofrezca a todos los alumnos acceso a una educación digital de calidad en todo el continente y en el resto del mundo.

Foto: Educazionedigitale.it