Caminar por Lima es entrar en una casa de familia. En esa Lima cargada de sentido y sentimiento, se presentó, en una sede tan significativa para las peruanas como es el antiguo inmueble de Cancillería, previamente era la Casa de Torre Tagle, donde hoy funciona el Centro Cultural Inca Garcilaso, un libro que revive la ciudad, la Lima de la que nos cuesta separarnos.
En el damero de Pizarro suceden las cosas más significativas para todas las peruanas. Y escribo en femenino porque esa sede también ha revivido el sentir de las mujeres: ha dejado atrás su aire lejano para invitarnos a refrescar nuestra cultura de todas las épocas, de todos los estilos, de todos los autores.
Aquí debo reconocer que hay dos protagonistas: la sede y la obra.
La sede es estupendamente colonial: amplia, con salones de techos altos, lozas en el pavimento y madera en el mejor estilo peruano. Aunque fue construida por un español, es profundamente peruana. Durante décadas estuvo reservada para eventos vinculados a la Cancillería, hasta que abrió sus puertas a la ciudadanía. No pudo ser mejor la elección: desde hace unos años, un viento de rejuvenecimiento democrático ha llegado y parece dispuesto a quedarse.
Como señaló Alonso Cueto en su saludo inicial, refiriéndose al director: “Hernando Torres, es una de las personas más cultas que conozco, que además ha hecho una gran labor en este local”. Todos lo reconocen.
En ese espacio se realizó la presentación del último libro de Alonso Cueto, el tercero que tiene por protagonista a una mujer. Como él mismo dijo: “debo ser muy feminista”. Cueto elige a sus protagonistas con carácter limeño: libres en su búsqueda, independientes, enamoradas, entusiastas, capaces de recurrir a la fantasía para mejorar su día a día.
La lectura de apertura y la lectura conclusiva estuvieron a cargo de una joven que nos hizo entrar en la obra y nos presentó a Adriana, la protagonista. Una mujer que relata sus memorias, las cuales se entrelazan con vivir en Lima. Nos conduce a una Lima de inicio de siglo XX, desconocida para casi todos que vivimos este período, y nos la hace apreciar. En ello se funde “el disco duro del autor con el disco duro de Adriana”, porque, como explicó Alonso Cueto, “las memorias son como un disco duro que uno tiene, del cual se eligen los recuerdos”.
El texto asemeja un tejido, algo que no es ajeno a la protagonista, quien dedicó su vida a los tejidos y los consideraba un propósito vital. No carecía de sentido que el patio del Centro Cultural rodeara a los invitados con standees de modelos de época: Adriana, por lo que nos ha sido permitido conocer, consideraba algo justo, revolucionario y democrático la idea de que “la elegancia no es una señal de presunción, sino un derecho que todos tienen. Todos tienen el derecho de ser elegantes”.

Aquí el autor enlaza la trama del tejido con la vida, con el transcurrir de la existencia. Y sobre su preferencia por dedicar sus obras a personajes femeninos, lo explica así: “las mujeres son más capaces de comunicar cosas que los hombres. No siempre, pero por lo general creo que es así. Es la razón por la cual son muy buenas comunicadoras, comunicadoras sociales, son muy buenas maestras. Y en general, en todos los oficios que tienen que ver con las comunicaciones son extraordinarias”.
Para un hombre nacido en 1952, que ha visto transcurrir tantos cambios en el mundo en los últimos setenta años, la mayor revolución ha sido la que han protagonizado las mujeres. Aún no está concluida, pero, como señala Cueto, “son capaces de proyectarse a la otra persona y establecer relaciones con la otra persona”.
Revela además algo más de la novela: “es una historia de amor porque ella tiene unas relaciones de amor muy intensas, muy apasionadas; es capaz de seguir a alguien que le interesa hasta la ciudad de Huaral y vigilarlo desde afuera para ver si sale de su hacienda…”. La vida de una mujer interesante que se conoce a sí misma produce una historia, que es lo que más busca quien quiere contar historias. Porque, como añade el autor, “me parece que una novela debe ser una reflexión, debe ser algo que uno propone como una exploración de la concepción humana, pero también me parece que debe ser entretenida”.
Alonso Cueto, en sus novelas, les da la palabra a sus protagonistas. Ellas, en primera persona, se expresan y hacen conocer su “disco duro”. Sobre este punto, nos hace una revelación: durante la elaboración de la novela “he sentido mucho la presencia de Adriana”. Haber sentido cerca a sus protagonistas, en especial a Adriana, es, para él, una convicción necesaria: “la literatura te da una verdad”.
Al finalizar, ante la pregunta “¿qué condiciones tiene una novela para convertirse en un melodrama?”, Cueto responde: “la emoción, los sentimientos, son esenciales en una historia”. Porque si las ideas pueden deducirse o explicarse, “las emociones, los sentimientos, son un misterio que, sin embargo, nos define”. Y añade que tal vez eso es una influencia de su madre: personajes que sienten con gran intensidad, que sienten hasta el final. “Esto es algo que siempre me ha interesado que tengan mis personajes. Tienen una vida muy intensa, muy extrema, capaces de romper el mundo. Y si son mujeres, me parece más interesante porque las mujeres han estado sometidas a las condiciones sociales; entonces esto es algo que me llama mucho la atención, que el melodrama da importancia a los sentimientos”.
Las previsiones anuncian una lectura interesantísima y apasionada, que tiene como cornisa a Lima: una ciudad de la cual se ha dicho todo, en lo bueno y en lo muy malo, pero de la cual nadie quiere despegarse. Por algo será.



El Director del Centro Cultural Inca Garcilaso, Hernando Torres-Fernández y Fátima Soraya Altabás Kajatt, Ministra de Cultura del Perú.








