Una gran iniciativa ciudadana liderada por Carlos Álvarez reunió el sábado 4 de julio a decenas de personas en el Centro de Convenciones Bianca de Barranco. El excandidato a la Presidencia de la República por el partido País para Todos centró su campaña electoral en la lucha frontal contra la inseguridad ciudadana, la reforma del sistema de justicia y un conjunto de políticas de carácter social. Durante sus 42 años de trayectoria artística ha sabido combinar el humor con un mensaje constante sobre la moral pública, la convivencia ciudadana y la responsabilidad política.
Lo que más llamó mi atención fue comprobar que, concluida la contienda electoral, ese impulso no se ha extinguido. En lugar de desaparecer del debate público o limitarse a cuestionar al gobierno electo, Carlos Álvarez continúa convocando a la ciudadanía para escuchar sus problemas, recoger propuestas y mantener vivo un espacio de reflexión sobre el futuro del país. En un Perú donde las campañas suelen terminar el mismo día de las elecciones, esta continuidad resulta poco frecuente. Tras la primera vuelta, el líder de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, anunció la incorporación de Carlos Álvarez al equipo técnico en materia de seguridad ciudadana, una colaboración que, de consolidarse, permitiría trasladar parte de esas propuestas al ámbito de la gestión pública.

El ambiente que se vivió durante la jornada fue particularmente esperanzador. Los asistentes expusieron con sinceridad los problemas que enfrentan diariamente. La inseguridad ciudadana, el sicariato, la extorsión, el tráfico de terrenos y la creciente sensación de impunidad dominaron las intervenciones. Detrás de cada testimonio aparecía una misma preocupación: la percepción de que el Estado no ha logrado responder con eficacia a problemas que hoy afectan la vida cotidiana de millones de peruanos.
Tuve el honor de ser invitada por Carlos Álvarez, a quien me atrevería a definir como un hombre de esperanza. La confianza con la que los ciudadanos tomaban la palabra, la libertad con la que exponían sus experiencias y la convicción de que eran realmente escuchados revelaba el vínculo que ha logrado construir con ellos.
Lo que más me llevé de aquella mañana no fue una propuesta concreta, sino una sensación. Sentí un entrelazarse de buena energía entre personas que habían conocido la pérdida de la serenidad, pero que no habían perdido la esperanza. Querían construir, aportar y seguir creyendo que el Perú puede salir adelante. Confieso que esa energía también me hizo bien.


Cuando llegó mi turno de exponer, decidí hablar desde la convicción. Comparto a continuación mi intervención tal como fue pronunciada.
«Buenos días.
Yo me siento verdaderamente muy contenta de poder ver a esta población con tantas ideas, propuestas, espíritu cívico y que creemos en el Perú. Y agradezco sobre todo a Carlos por esta iniciativa y el haberme invitado. Yo voy a hablarles de un tema que ha sido un poco tocado por las señoras.
Y precisamente mi tema es Condorcanqui. Yo creo que en el Perú tenemos muchas riquezas. Gas, minería, pesquería, tenemos oro, etc. Pero lo que nosotros necesitamos es realmente proteger a nuestros niños. Y los niños de Condorcanqui los hemos dejado un poco abandonados.
No es que Condorcanqui tenga una particularidad especial. Solo que la mitad de la población de Condorcanqui está compuesta por menores. Y lamentablemente han sufrido incluso violaciones en los colegios. Los profesores han sido trasladados del local y siguen cometiendo sus delitos.
Entonces, ¿qué cosa sucede? Estos niños quedan con una pena, una frustración que los arrastra por toda la vida. Hasta incluso se sienten culpables. Esto no sucede solo en Condorcanqui. No sucede solamente en el Perú y no sucede solamente en Lima. Sucede en el mundo entero.
Lo que a mí me parece que sea importante es poder capturar los métodos que han sido utilizados fuera para poder rehabilitar y hacer que personas que han sufrido este trauma puedan luego desarrollar sus sueños en la sociedad.
La policía y la justicia se deben ocupar de dar curso a las denuncias y castigar a los delincuentes. Pero nosotros como sociedad tendríamos que pensar en algo que ya han mencionado, que es la parte intelectual. Poder acoger a esos niños por medio de la lectura, por medio de la formación, por medio de lo que viene a ser un hermanazgo que podría partir del Perú hacia Condorcanqui, que está realmente abandonada.
Es por ello que me parece interesante que todas las iniciativas que se han hablado, la iniciativa de, por ejemplo, “Descubrir Talentos” en Condorcanqui», que podría iniciar en Condorcanqui y podría llegar también a la parte de Puno, Ayacucho, cumpla con integrar a los niños porque nosotros no tenemos que pensar sólo en el ahora, tenemos que pensar en el futuro porque en el futuro serán estos niños los que van a tener la unidad del país.
Y si ellos no tienen la unidad del país por medio de una cultura que los ha acogido, que los ha integrado, que no los ha hecho sentir que son marginados, que no están solos, que no están excluidos, nosotros vamos a estar construyendo un Perú para el futuro porque más tarde esos niños con sus ojos nos van a decir si hicimos mal o hicimos bien ahora. Porque ahora nosotros tenemos el destino del Perú en las manos. Sea desde el punto de vista de la sociedad civil, sea desde el punto de vista de la política, sea desde el punto de vista de la acción política.
Está en nosotros unir el Perú, que es nuestra mayor función. Gracias.»









