El mercado único, que celebrará su vigésimo quinto aniversario en 2018, es uno de los mayores logros de Europa, pensado para que las mercancías, los servicios, los capitales y las personas puedan circular libremente. Ofrece un mayor surtido y precios más bajos a los consumidores, y oportunidades a los profesionales y las empresas. También permite viajar, vivir, trabajar y estudiar donde se desee. Sin embargo, estas oportunidades no siempre se materializan, ya que las normas del mercado único se desconocen, no se aplican o, simplemente, son debilitadas por barreras injustificadas. Por eso la Comisión presentó en 2015 su Estrategia para el Mercado Único, un plan de trabajo que responde al compromiso político del presidente Juncker de aprovechar todo el potencial del mercado único para convertirlo en la rampa de lanzamiento que permita a las empresas europeas prosperar en la economía mundial.

En este sentido, la Comisión ha presentado dos propuestas legislativas para facilitar a las empresas, en particular a las pymes, la venta de sus productos en toda Europa, y para reforzar los controles que realizan las autoridades nacionales y los funcionarios de aduanas con el fin de evitar que se vendan a los consumidores europeos productos que no sean seguros.

El vicepresidente Jyrki Katainen, señaló: «El mercado único de quinientos millones de consumidores es un gran éxito de la UE. Lo que estamos haciendo hoy es quitar obstáculos, reforzar la confianza y permitir que nuestras empresas y nuestros consumidores puedan sacar el máximo provecho de ese mercado».

La comisaria de Mercado Interior, Elżbieta Bieńkowska, ha añadido: «El mercado único se basa en la confianza. Los consumidores deben poder confiar en que los productos que utilizan son igual de seguros vengan de donde vengan; y las autoridades públicas deben poder confiar en que los productos que se venden en sus mercados nacionales son seguros para sus ciudadanos. Los escándalos de los implantes mamarios y de los motores diésel han socavado esa confianza, así es que tenemos que reconstruirla con controles más estrictos en todos los ámbitos. En la UE no hay sitio para los productos defectuosos».

Las iniciativas de hoy están pensadas para mejorar dos aspectos de la libre circulación de mercancías en la UE:

  • Facilitar la venta de un producto en otro Estado miembro:

El principio de «reconocimiento mutuo» garantiza que los productos no sujetos a una reglamentación aplicable a escala de la UE puedan, en principio, circular libremente dentro del mercado único si ya se comercializan legalmente en un Estado miembro. Este principio debería permitir a los fabricantes vender sus productos en toda Europa sin ningún requisito adicional. Sin embargo, no siempre funciona como debe. En la práctica, las empresas que desean vender productos como, por ejemplo, calzado, vajilla o muebles en otro Estado miembro se encuentran a menudo con obstáculos, retrasos y costes adicionales. Para que el principio se más rápido, sencillo y claro en la práctica, la Comisión propone un nuevo Reglamento sobre el reconocimiento mutuo de mercancías. Las empresas tardarán un par de meses, y no años, en saber si pueden vender sus productos en otro país de la UE. También podrán utilizar una declaración voluntaria para demostrar que sus productos cumplen todos los requisitos pertinentes en su país. Esto hará que sea más fácil para las autoridades de otros Estados miembros evaluar si debe o no aplicarse el reconocimiento mutuo. Del mismo modo, un mecanismo de resolución de problemas permitirá resolver con mayor rapidez los litigios entre empresas y autoridades nacionales. La formación y el intercambio de funcionarios potenciarán la colaboración y la confianza entre las autoridades nacionales. Ello no será óbice para que las autoridades nacionales tomen en consideración los intereses legítimos de orden público.

  • Reforzar los controles efectuados por las autoridades nacionales para garantizar que los productos sean seguros y cumplan las normas:

En el mercado de la UE se venden todavía demasiados productos que no son seguros ni conformes: no menos del 32 % de los juguetes, el 58 % de los productos electrónicos, el 47 % de los productos de construcción o el 40 % de los equipos de protección individual inspeccionados incumplen los requisitos relativos a la seguridad o a la información destinada al consumidor que prevé la legislación de la UE. Esto pone en peligro a los consumidores y coloca en desventaja competitiva a las empresas que cumplen las normas. El proyecto de Reglamento sobre el cumplimiento y la garantía de cumplimiento ayudará a crear un mercado interior de mercancías más justo, fomentando una mayor cooperación entre las autoridades de vigilancia del mercado nacionales. Entre otras cosas, se contempla el intercambio de información acerca de productos ilegales y de las investigaciones en curso, de manera que las autoridades puedan adoptar medidas eficaces contra los productos no conformes. El Reglamento también ayudará a las autoridades nacionales a mejorar los controles de los productos que entran en el mercado de la UE. Dado que el 30 % de las mercancías presentes en la UE son importadas, la Comisión propone también reforzar las inspecciones de los puertos y las fronteras exteriores.

El comercio de mercancías representa el 75 % del comercio dentro de la UE y alrededor del 25 % de su PIB. Las normas de la UE sobre productos abarcan la gran mayoría de los productos que se fabrican en ella, que tienen un valor de 2,4 billones de euros y son producidos o distribuidos por unos cinco millones de empresas. Las normas de la UE permiten que los productos circulen libremente por toda la Unión, garantizando al mismo tiempo un nivel elevado de protección del medio ambiente, la salud y la seguridad. Por ejemplo, la legislación de la UE en ámbitos como el de los juguetes y el de los productos químicos es de las más estrictas del mundo.

 

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