El Presidente del Consejo, Mario Draghi, ante el Senado presentò el PNRR que será enviado a la Comisión europea, con la siguientes palabras: «Todos estaríamos equivocados al pensar que el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, a pesar de su importancia histórica, es solo un conjunto de proyectos tan necesarios como ambiciosos, de cifras, objetivos, plazos. Le sugiero que lo lean también de otra manera. Ponga la vida de los italianos, la nuestra pero sobre todo la de los jóvenes, las mujeres y los ciudadanos por venir. Las expectativas de quienes más han sufrido los efectos devastadores de la pandemia. Las aspiraciones de las familias preocupadas por la educación y el futuro de sus hijos. Las justas reclamaciones de quienes no tienen trabajo o lo han perdido. Las inquietudes de quienes han tenido que cerrar su negocio para que todos podamos frenar el contagio. La ansiedad de los territorios desfavorecidos por liberarse de las penurias y la pobreza. La conciencia de cada comunidad de que el medio ambiente debe ser protegido y respetado. Pero, en el conjunto de los programas que les presento, está también y sobre todo el destino del país. La medida de cuál será su papel en la comunidad internacional. Su credibilidad y reputación como fundador de la Unión Europea y protagonista del mundo occidental.
Por tanto, no se trata solo de ingresos, trabajo, bienestar. Sino también de valores civiles, de sentimientos de nuestra comunidad nacional que ningún número, ninguna mesa puede representar jamás.
Digo esto porque está claro que, en la realización de proyectos, las demoras, las ineficiencias, las visiones miopes de una parte ante el bien común pesarán directamente en nuestras vidas. Especialmente en los de los ciudadanos más débiles y en nuestros hijos y nietos. Y quizás ya no haya tiempo para remediarlo. Al presentar este documento, al que nuestro futuro está íntimamente ligado, quisiera retomar, especialmente al día siguiente de la celebración del 25 de abril, el testimonio de uno de los padres de nuestra República.«
Alcide De Gasperi escribió en 1943:
“Es cierto que el funcionamiento de la democracia económica requiere desinterés, así como el de la democracia política presupone la virtud del carácter.
La obra de renovación fracasará, si en todas las categorías, en todos los centros, no se levantan hombres desinteresados -hoy diríamos personas-, dispuestos a trabajar duro y sacrificarse por el bien común”.






