Una nueva etapa del Mercado Único Europeo hacia la economía circular

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Isabel Recavarren
Miembro Circular Economy Stakeholder de la UE

Para la sociedad europea así como para el Parlamento europeo, la economía circular son los consumidores, por ende una información adecuada es determinante para el cambio.

Se ve, en algunos países Latinoamericanos, una distorsión de la filosofía que se encuentra en la base de la economía circular, se observa la utilización de algunos principios de la misma para adaptarla a las  capacidades profesionales de actuación, nada más lejano.

El reciente debate parlamentario europeo ante un proyecto de Resolución deja en claro que la concepción circular nace desde la ideación de un producto.

No se trata de usar cosas usadas, se trata más bien y en beneficio del consumidor, fabricar productos que tengan una larga vida, que permita un largo uso, que pueda ser cedido a otro consumidor con una garantía extensible.

La nueva propuesta en debate pretende dar inicio a una nueva etapa del mercado único europeo donde los productos y los servicios sean socialmente justos y respetuosos con el medio ambiente: un mercado con una economía circular y resiliente, en el que los consumidores “puedan comprar productos y servicios seguros, accesibles, mediante decisiones informadas, y los productores más éticos puedan recoger los beneficios del mercado independientemente de sus dimensiones o de su presupuesto inicial.”

El fiel de la balanza es el consumidor y las empresas europeas éticas porque el objetivo príncipe es la defensa del mundo que se desea desde el punto de vista social y ecológico. 

Desde años se viene diciendo, en las plenarias que se ha superado los límites del planeta, el consumo europeo depende en gran parte de los recursos extraídos y utilizados fuera de Europa.

A pesar de haber dado pasos importantes, ellos mismos son conscientes que hay mucho por hacer, el desaliento señala una fecha el 10 de mayo de 2019, el día de la sobrecapacidad, cuando la huella ecológica del continente europeo superó la biocapacidad del planeta, por lo tanto se requerirían 2,8 planetas Tierra para satisfacer las necesidades si “todos los habitantes del planeta consumieran como los europeos.” Los europarlamentarios estuvieron de acuerdo en casi toda la normativa propuesta quedó un aspecto en debate, el papel de la publicidad.

Una publicidad que nace con el objetivo de informar al consumidor, sin embargo, en la actualidad se presenta bajo una función disuasiva. El gasto en publicidad comercial a nivel mundial es de 1,3 trillones de euros.

Responsable de incrementar de forma artificial el nivel de consumo global, y no orienta a los consumidores hacia las marcas más sostenibles y responsables, sino hacia aquellas que invierten cantidades ingentes en marketing. Precisamente no son las PYMES con sus productos los beneficiarios sino, más bien, las grandes multinacionales quienes poseen esos ingentes capitales.

Con el masivo uso del digital, se observa además, como se señaló, “una  publicidad cada vez más selectiva y personalizada” la cual extrae “los datos personales de los usuarios de internet y de tecnologías digitales”, verificando lo que se denomina como “un capitalismo de vigilancia”.

La propuesta propone una “responsabilidad financiera” propiciando además “la plena transparencia de los gastos en materia de publicidad de las empresas y estableciendo un impuesto europeo sobre la publicidad”, esta propuesta fue en parte cuestionada. 

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