Questo podcast è una produzione originale di Panoramical Studio. Si affianca all’articolo in spagnolo come lettura sonora, amplificandone il contenuto e proponendo una riflessione lucida sul contesto politico e geopolitico del Perù.
En menos de dos meses, los peruanos volveremos a votar. Y llegamos a esta elección con un país exhausto, desconfiado y atrapado en una inestabilidad que parece no tener fin. El actual presidente no ha cumplido cien días en el cargo, su llegada al poder estuvo marcada por una noche confusa en la que la expresidenta Boluarte debía presentar descargos que nunca ocurrieron, al parecer él estaba predestinado a ser presidente, llegado al Congreso por sucesión no por voto, este joven congresista ha tenido la suerte de ocupar la presidencia no obstante tuviera una denuncia por violación sexual a una joven, acusación que ha quedado desestimada. Con relación a Boluarte, si hubo un traspaso tácito o una retirada calculada por parte de ella, lo sabremos algún día y gracias a la prensa de investigación peruana. Hoy solo sabemos que el Perú quedó, otra vez, expuesto.
En este breve tiempo, la figura presidencial ha acumulado cuestionamientos que no pueden ignorarse: denuncias previas, comportamientos impropios de un representante del Estado, contradicciones públicas y reuniones no declaradas con un ciudadano chino vinculado a intereses económicos de alto nivel. No fueron los partidos políticos quienes informaron al país. Fue la prensa de investigación —la única oposición real que queda— la que reveló la salida de Palacio del presidente Jerí, encapuchado con lentes oscuros a media noche y su encuentro en un restaurante chino con un operador extranjero, Zhihua Yang, que ya había incumplido contratos con el Estado y pedía una prorroga de «tres años», sólo en el Perú se puede pretender tanto.
A esto se suma un hecho inquietante: más de mil empresas chinas se han inscrito en el Perú en menos de cien días, todas vinculadas a un mismo circuito de supervisión del ciudadano chino en cuestión, Zhihua Yang. Y recientemente, lo insolito, Jerí así se llama el presidente interino peruano, solicitó, a nombre del Ejecutivo, autorización para el ingreso de armamento chino al territorio nacional. Nada de esto es casual. Desde Castillo, el hombre del sombrero, la presencia china no ha retrocedido; ha avanzado sin pausa, sin importar quién ocupe la presidencia. Desde 2020 la electricidad de Lima metropolitana ha estado bajo la mira de intereses chinos, en la actualidad el 100% está bajo el control de empresas estatales de la República Popular China, tras la compra de los activos de Enel Distribución Perú por China Southern Power Grid International y la adquisición previa de Luz del Sur por parte de China Three Gorges Corporation. No obstante las advertencias, ya desde el presidente Vizcarra, esta carrera al posicionamiento chino se ha asentado cada vez más.
Pero este editorial no busca señalar individuos. Busca advertir algo más profundo: el Perú está siendo arrastrado por fuerzas que exceden su política interna.
Mientras el país se hunde en su propia crisis, vemos un solo retrato de mal gobierno, pésimas intenciones de parte de quienes deben hacer progresar al país, el tablero internacional se mueve. La salida de Maduro de Venezuela, el embargo estadounidense a un cargamento de petróleo destinado a China y la reactivación de la olvidada Doctrina Monroe muestran que Estados Unidos ha decidido recuperar influencia en América Latina. La región posee los recursos que sostienen la tecnología del siglo XXI, y ninguna potencia está dispuesta a cederlos. Si China estaba plácidamente acomodada en terreno venezolano, Trump le ha hecho recordar a Xi Jin Ping que su continente es Asia y que debe respetar los límites geográficos. Para Trump, quien, indudablemente, todo lo ha preparado desde su primer gobierno, su objetivo es debilitar a China y hacer que en la reunión que tendrán en abril de este año, China le compre todo a los Estados Unidos, no más compras directas a los países latinoamericanos.
En realidad, la corta visión de China, nos debe hacer reflexionar. Está posicionada en Venezuela desde hace algunos años, nunca hizo nada por ese país ¿por ejemplo? renovar la infraestructura petrolera venezolana. Ahora, Trump, pide un cambio de legislación sobre los hidrocarburos a la presidenta interina Delcy Rodríguez, lo ha logrado. Ha pedido a sus empresas petroleras quienes fueron expulsadas de Venezuela y sus activos expropiados, hechos reconocidos por la CIADI, calificadas como acreedoras de una enorme deuda por parte de Venezuela, Trump les ha solicitado volver a Venezuela y que modernicen su infraestructura petrolera.
Pero, el único puerto chino en el Océano Pacífico se encuentra en el Perú, es el puerto de Chancay, un puerto es multifuncional, así como los son también las naves. La alerta ha sido difundida, para todos.
En este contexto, Perú, un país con instituciones débiles se convierte en terreno de disputa. Y mientras tanto, los peruanos tendremos que elegir, en abril, un nuevo presidente sin certezas, sin partidos sólidos, sin liderazgos confiables y sin claridad sobre el rumbo.
Por eso, estas líneas son un llamado urgente: el voto no es un trámite. Es un acto de defensa nacional. Es la protección del Estado de derecho, de la seguridad jurídica y de las libertades individuales que sostienen nuestra vida cotidiana.
La democracia no se sostiene sola. La sostenemos nosotros, cuando votamos con responsabilidad y con memoria. Cuando Xi Jin Ping solicita la libertad para Maduro considerándolo presidente constitucional cuando todos sabemos que su elección fue un fraude, estamos advertidos. La democracia, es decir la tutela del estado de derecho, de la impartición de justicia y de las libertades individuales, requiere un esfuerzo, la democracia es imperfecta. En cambio, las dictaduras son siempre perfectas «para el dictador», únicamente para quienes las ejercen, porque funcionan eliminando libertades, silenciando a la prensa, controlando la justicia y sometiendo a la población. Eso es lo que hacen los dictadores: construyen un sistema donde nadie puede cuestionarlos. Y cuando un país permite que operadores externos penetren su economía, su mercado y sus instituciones sin control, abre la puerta a ese mismo modelo.
Lo hemos visto en Venezuela: recursos extraídos durante años, infraestructura petrolera abandonada, corrupción extendida y una población haciendo colas interminables por una bolsa de comida. Esa experiencia demuestra lo que ocurre cuando un país queda atrapado en la dependencia y la captura. Y ahora vemos señales similares en el Perú: una entrada masiva de empresas extranjeras, operadores económicos actuando sin transparencia y un mercado nacional expuesto a ser desplazado.
Perú no puede permitir que su clase empresarial sea destruida ni que su soberanía económica sea debilitada desde afuera. No puede permitir que se repita el patrón que ya devastó a otros países de la región. La democracia es imperfecta, sí, pero es el único sistema que permite corregir, denunciar, fiscalizar y cambiar. Las dictaduras, en cambio, son perfectas, repetimos, solo para el dictador. Y cuando un país empieza a ceder espacios estratégicos a actores que no creen en las libertades, la advertencia es clara: estamos en riesgo.








