Perú: 18 años de exitosa operación militar “Chavín de Huantar”. Por Fernando Palomares.

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En Perú, Lima una tibia noche de esta capital sudamericana a horas 20:19 p.m., de un 17 de diciembre de 1996 cuando millones de peruanos iniciaban sus preparativos para navidad de aquel año, 14 miembros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru MRTA tomaron la residencia del embajador del Japón en el Perú, en ese momento apenas había concluido la primera parte del programa protocolar en donde se celebraba el natalicio del Emperador de Japón Akihito evento al que asistían 500 invitados entre empresarios, diplomáticos, religiosos, militares y políticos. Los 14 integrantes del grupo terrorista ingresaron por la propiedad colindante que se encontraba vacía, dinamitaron la pared limítrofe, avanzaron al terreno de la residencia, los asistentes en los jardines entraron en pánico y se refugiaron dentro de la residencia, los terroristas ingresaron armados y les comunicaron que desde momento eran rehenes hasta que el gobierno cumpliese con sus peticiones.
En un acto no estudiado por los subversivos, estos fueron liberando rehenes (mujeres, ancianos y empleados del evento) que no tenían “peso político” según expresiones dadas por ellos en los días posteriores a la prensa nacional e internacional. No obstante, liberaron al difunto parlamentario Javier Diez Canseco (militante de partidos de izquierda) y a Alejandro Toledo Manrique, quien en poco menos de cinco años más tarde se convertiría en el presidente del Perú para el período 2001-2006, luego del gobierno transitorio de Valentín Paniagua, que se formó tras la declaratoria de incapacidad moral que el parlamento peruano dio al entonces prófugo Alberto Fujimori Fujimori, hoy sentenciado a cadena perpetua por la justicia peruana por delitos de lesa humanidad.
Ante la cantidad enorme de rehenes dentro de la embajada nipona en Lima, los terroristas fueron liberando por su condición de mujeres y/o ancianos, a muchos de ellos, entre los cuales figuraba la madre del presidente Alberto Fujimori, presumiblemente sin que ellos mismos supieran los nombres y parentescos de los rehenes con el gobernante de entonces del país. Después de haber liberado a los ciudadanos comunes y haber seleccionado a los de mayor “estima” para sus peticiones de chantaje al gobierno de entonces, el grupo de rehenes se redujo a 72 hombres. A cambio de su liberación, pedían que se pusieran en libertad a 400 miembros del MRTA que se encontraban encarcelados por delitos de terrorismo, así como otros requerimientos.

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El Perú, desde aquel día fue el punto de la noticia mundial, cientos de medios de comunicación llegados a Lima de todas partes del orbe y más de un millar de periodistas convivieron con este hecho inédito en el mundo, por lo que ocurriría después de varios meses y que concluiría con la más exitosa operación militar del mundo conocida como la “Operación Chavín de Huantar”, fue así que durante el tiempo que duró la crisis, los hombres y mujeres de prensa llegados de todo el planeta se acamparon en las afueras e inmediaciones de la residencia nipona en Lima durante poco más de 120 días ( 4 meses), del mismo modo que algunos corresponsales de las cadenas internacionales de noticias arrendaron departamentos en edificios aledaños, para emitir sus despachos diarios.
Esta crisis, que se prolongó hasta abril del año 1997, hacía que el gobierno no pudiese arriesgarse a efectuar una acción militar que permitiese poner en riesgo la vida de los secuestrados por las presiones nacionales e internacionales. Durante los 126 días que duró la toma de la Residencia, el gobierno mostró una apertura para negociar. Fue entonces que el entonces Ministro de Educación, Domingo Palermo Cabrejos fue nombrado negociador durante la crisis y actuó en búsqueda de una salida pacífica, visitando a los rehenes y negociando con su líder Néstor Cerpa Cartolini. Del mismo modo, el entonces arzobispo de Ayacucho Juan Luis Cipriani Thorne fue parte de la comisión negociadora, administrando día a día los sacramentos a terroristas y rehenes, y al mismo tiempo realizando el papel de informante y de espía encubierto para el gobierno.

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El gobierno peruano de entonces, dirigido por Alberto Fujimori Fujimori, mantenía una negociación con los terroristas al mismo tiempo que entrenaba a una fuerza de élite y de operaciones especiales conformada por elementos del Ejército y la Marina de Guerra del Perú, la misma que debería concluir para estar lista para intervenir en caso se tuviese que optar por una solución militar que ya parecía inevitable. El entrenamiento de esta unidad se produjo en una réplica de la residencia construida en las instalaciones de la Escuela Militar de Chorrillos a la cual se accedía mediante túneles subterráneos, tal y como se había previsto ocurriría en el escenario real, dicha replica hoy en día es un museo para las fuerzas armadas del país y un símbolo de inspiración y de valor del soldado peruano.
En un trabajo de inteligencia sereno y de mucho discernimiento y para los efectos del caso el gobierno peruano ya había seleccionado y reclutado en secreto un importante número de mineros de mucha experiencia y confiabilidad a quienes se les instruyó sobre las labores a realizar las cuales eran muy discretas y revestían la importancia de la seguridad nacional y de salvaguardia de nuestro sistema democrático. Luego, se les encomendó iniciar la construcción de estos laberintos con múltiples salidas al interior de la residencia, inspirados en las monolíticas construcciones de nuestro monumento histórico de Chavín de Huantar, es así como durante la planificación de la operación se desarrolló la doctrinal inspiración militar que los túneles eran una similitud a los templos de esta ancestral cultura peruana preinca, que merced a lo ya planificado sería conocida en el mundo entero como una de las operaciones militares mejor realizadas “Operación Chavín de Huantar”. Los túneles y pasadizos fueron realizados bajo tierra y estaban compuestos por diferentes accesos y pasillos subterráneos; trabajos hechos en forma secreta. Durante el tiempo que duraron los trabajos, los mineros e ingenieros nunca vivieron en sus casas, ni con sus familias, ni hablaron con los suyos, fue un trabajo digno de la inteligencia y contrainteligencia militar peruana.

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En este informe solo describiremos algunas cosas y hechos de esos años, durante las mañanas el ejército propalaba a alto volumen marchas militares con megáfonos y equipos de sonido en los alrededores la embajada y casas colindantes. Los medios de comunicación, como es su naturaleza, especularon que era una maniobra para bajar la moral de los terroristas, y es que el periodismo de investigación siempre ha luchado entre la noticia producida y el momento de darla a conocer. El estruendo de las marchas militares alteraba los nervios y el ánimo de quienes permanecían en la Residencia de la Embajada del Japón; sin embargo, el real y verdadero motivo de estas maniobras era evacuar las toneladas de tierra extraída durante las noches de trabajo y excavaciones para hacer los túneles que conectarían a la casa del embajador de Japón donde se hallaban los rehenes, por medio de camiones que salían de una casa ubicada en una de las calles ubicada posterior de la residencia, la cual había sido montada como trabajos propios de los servicios de cable telefónico.
Fue así que el 22 de abril de 1997, después de varios fracasos en la negociación y ante la perspectiva que, por este motivo, los secuestradores pudiesen negar la atención médica a los rehenes, el Gobierno tomó la decisión de enviar al Comando Chavín de Huantar. Tras comprobar que los terroristas estaban distraídos por medio de cámaras de video introducidas de forma secreta desde los túneles y micrófonos introducidos por personal militar de sanidad por medio de los cuales se comunicaban algunos rehenes de rango militar, se decide iniciar la operación. A las 15:23 una fuerte explosión dio inicio a la operación, con la voladura del piso del salón principal, en donde un grupo de terroristas jugaba futbol. 142 comandos irrumpieron por ese y otros accesos disparando sus ametralladoras. Todos los terroristas fueron abatidos. Uno de los rehenes, el magistrado Carlos Giusti, fue herido en una pierna, lo que le causó una violenta hemorragia que le provocó la muerte; fue el único rehén muerto en la acción. Dos comandos también murieron en el asalto, el teniente coronel Juan Valer Sandoval y el teniente Raúl Jiménez Chávez. Finalmente, dieciocho años después de este heroico rescate “Chavín de Huantar”, enarbolamos la bandera de nuestro sistema democrático y nos enorgullecemos por la capacidad de los comandos peruanos, porque lograron rescatar a los rehenes con 126 días de cautiverio, tratos crueles, inhumanos y degradantes”, demostrando al mundo que la maldad nunca fue felicidad.