El deterioro económico originado por la pandemia de la COVID-19 y la inestabilidad económica de los Estados Unidos de Norteamérica y de China, han frenado los flujos de inversión extranjera directa (IED) en todo el mundo. De acuerdo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en el 2021, la inversión extranjera se recuperó un 64%, alcanzando la cifra de US$ 1.58 trillones. En dicho año, los flujos de IED que ingresaron a la región de América Latina y El Caribe fueron de US$ 134,458 millones.
Según la UNCTAD, en el 2021 Brasil fue el país que recibió el mayor flujo de inversión extranjera de la región con US$ 50,367 millones, seguido por México y Brasil con US$ 31,621 millones y US$ 12,719 millones, respectivamente.
Latinoamérica se destaca entre las economías con mayor crecimiento de inversión extranjera en el mundo, por detrás de China. En general, las economías en desarrollo recibieron un flujo de IED 30% mayor que en el 2020.
En este sentido, los flujos de inversión extranjera en América Latina y El Caribe se incrementaron 56%, respecto del 2020. Estos ingresos se centraron en sectores tradicionales como la fabricación de automóviles, servicios financieros y seguridad, al igual que telecomunicaciones. La gran mayoría de los países de la región obtuvieron un repunte en las inversiones extranjeras durante el 2021; sin embargo, el 2022 continúa siendo un año turbulento.
De acuerdo a la UNCTAD, los flujos de IED en el mundo del 2022 estarían siendo amenazados por la incertidumbre de los inversionistas respecto a la crisis alimentaria, energética y financiera causada por la guerra en Ucrania y la no conclusión completa de la pandemia del COVID-19.
En medio de este panorama, los países de la región deberán diseñar acciones que atraigan nuevo capital extranjero, principalmente enfocadas en reforzar, o reconstruir en algunos casos, la confianza del inversionista en las economías locales.









