Políticas más allá de la política

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Autores:
Emb. Tan Sri Hasmy Agam
Prof. Anis H. Bajrektarevic

Traducido por
Augusto Thornberry
Dir. Estudios CEFIAL-UE

Políticas más allá de la política: el Consejo de Seguridad de la ONU debe abordar urgentemente COVID-19   Fuente:  Eurasia review – 30 de mayo de 2020  

La inacción del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contrasta fuertemente con lo que hizo cuando se presentó la pandemia de EBOLA en África.

Como expresaron los autores firmantes hace casi dos meses (1), es de lamentar profundamente que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) aún no adopte la muy necesaria Resolución del Consejo para abordar el evento pandémico COVID-19 (C-19). Esta parálisis se debe en gran parte a las tensiones entre dos de sus cinco miembros permanentes con derecho a veto (P5): Estados Unidos y China, con Washington que quiere atribuir la culpa o la responsabilidad a China en relación con la pandemia, y Beijing que rechaza cualquier discusión o referencia al respecto. Además, los dos mantienen opiniones opuestas sobre el papel y la conducta de la agencia especializada de la ONU para asuntos de salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) con sede en Ginebra.   

Este tipo de enfoque está totalmente fuera de lugar, es miope e innecesario. Claramente carece de la madurez y la sabiduría que la comunidad internacional espera de los miembros  permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. De manera reveladora, las pequeñas diferencias bilaterales (y el silencio de los demás miembros) han creado una brecha innecesaria entre las partes, en lugar de reducir sus diferencias en el ámbito más amplio y los intereses más amplios de la comunidad internacional a raíz de este devastador evento mundial.

La (no) votación 

Curiosamente, la historia misma de la votación en el CS indica que la proporción entre las resoluciones aprobadas y las vetadas es de aproximadamente 10 a 1 (2518 resoluciones aprobadas del CS, desde 1945 hasta abril de 2020, frente a 293 vetadas para el mismo período). Esto muestra que otras partes, en particular los miembros no permanentes del CSNU, generalmente han desempeñado un papel vigilante, persistente e incluso fundamental, para garantizar que el Consejo actúe de manera responsable y oportuna en asuntos atinentes a la Carta y de interés para la comunidad internacional en general. 

Podría decirse que los Estados P-5, junto con sus preocupaciones de Gran Potencia, y su frecuente disuasión mutua, a menudo se han atrincherado en lugar de llegar a un consenso en el Consejo. Por el contrario, los miembros no permanentes, con su enfoque de construcción de consensos, generalmente han estado en una mejor posición para contribuir a asegurar el direccionamiento tan deseado y amplio del Consejo. Este ha sido el papel tradicional del Movimiento de Países No Alineados (NAM) durante décadas, desde Bandung en 1955 y Belgrado en 1961, con el apoyo loable de los países neutrales del Norte (el llamado grupo N + N). 

Los intentos del Grupo de los 20 (G-20) y la Unión Europea (UE) para cerrar las brechas en el tema del C-19 no han logrado obtener el resultado deseado hasta el momento. Dado este impasse, parece mejor y más eficaz para el NAM / G-77, junto con otros grupos regionales clave de gran membresía y amplio alcance, como la Organización de Cooperación Islámica (OIC), la Unión Africana (UA) – sumarse a la UE, el G-20 y otros, asumiendo un papel más destacado en la creación del consenso tan necesario en las Naciones Unidas y sus agencias especializadas, directamente o por medio del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC).

Del evento C-19 queda muy claro que el derecho a la salud es un problema de todos. La búsqueda de una cura confiable para el control de pandemias no es una cuestión de negocios privados, sino de derechos individuales fundamentales situados en altos niveles de sociabilidad, tal como están incorporados en la Carta de las Naciones Unidas, y que son obligatorios para cada uno de los organismos especializados de las Naciones Unidas. Incluso si la vacuna se convierte en la opción acordada o preferida, debe estar disponible sin patente para todos. Sin embargo, la polarización del debate sobre una vacuna, a favor y en contra, representa un reduccionismo peligroso y un desperdicio de energía planetaria críticamente necesarios para un enfoque holístico y novedoso. No hay una bala de plata para los problemas planetarios. En consecuencia, no existe una investigación médica unidireccional en respuesta a una pandemia, y no hay una sola mezcla (o fabricación centralizada) y medicamentos obligatorios para todos. (El dogma se basa en una creencia ciega; la ciencia necesita una exploración multidimensional constante. La ciencia, especialmente la médica, no tiene una verdad única o absoluta: lo más cercano que puede llegar es a la respuesta menos incorrecta, que debe ser impugnada constantemente, literalmente todos los días.) 

La proporcionalidad de nuestras respuestas (actuales y futuras) es otro tema clave. Por lo tanto, lo que se presenta como un imperativo es la participación universal a través de mecanismos intergubernamentales. Ese mismo enfoque ha sido claramente demostrado por los Estados miembros de la ONU, como lo demuestra el papel activo desempeñado por Indonesia (en el CS, junto con otro país que es miembro a la vez de la ASEAN y del NAM, Vietnam; y en nombre de los miembros generales de la Asamblea General de la ONU), Azerbaiyán (en nombre de NAM) y Francia (en nombre del P5 y la UE), acercándose a Túnez, un miembro de la Liga Árabe (LAS), de la Unión Africana, de la Organización de Cooperación Islámica y  del NAM. Los Estados miembros de la ONU también aprobaron la misma línea el 18 de mayo de 2020 en relación con la solicitud de investigación independiente sobre la conducta de la OMS.  

Después de todo, esto es bien reconocido por el propio Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, quien recientemente declaró que “Con dos tercios de los Estados miembros de la ONU, el Movimiento de Países No Alineados (NAM) tiene un papel fundamental que desempeñar en la construcción de la solidaridad global”.

Security Council: OPEN VTC in connection with the Cooperation between the United Nations and regional and sub-regional organizations (EU).

Hay una tormenta, pero no hay reforma

Es bastante decepcionante que, a pesar de las enormes expectativas, el proyecto de Resolución del Consejo de Seguridad  (patrocinado por Francia y Túnez) no abordara el problema del C-19 per se y sobre las formas de evitar su rápida propagación. En cambio, se centró en la necesidad de efectuar un alto el fuego global en los conflictos existentes en Estados miembros específicos, como lo solicitó el Secretario General Guterres, -lo que hay que reconocerle- a fin de facilitar la distribución de alimentos y medicamentos muy necesarios a las personas en estos países abrumados por conflictos.  

Esta inacción del Consejo de Seguridad contrasta fuertemente con lo que hizo este organismo mundial cuando abordó la pandemia de Ebola en África y adoptó por unanimidad una Resolución de gran alcance del Consejo de Seguridad –UNSC 2439 (2018) que contiene 18 párrafos preambulares y 17 operativos, con instrucciones específicas, o demandas, abarcando varios Estados africanos en conflicto, para tomar medidas efectivas para controlar o impedir la propagación del virus Ebola.

Sin embargo, incluso con las limitaciones del último proyecto de resolución franco-tunecino, habría resultado, si se adoptara, una pausa humanitaria durante al menos 90 días consecutivos, crucial para la entrega de ayuda a las comunidades más afectadas y  para dar tiempo a la comunidad internacional de centrarse en combatir el C-19. Pero esto no pudo ser, debido a la mala dinámica en el Consejo de Seguridad; y los resultados consecuentes serán la continuidad ininterrumpida de los conflictos y la propagación sin impedimentos de los efectos secundarios de la pandemia C-19 en aquellos países en conflicto, para gran decepción y enojo de la comunidad internacional.

Hasta cierto punto, el problema radica en la falta de voluntad de la comunidad internacional para hacer lo necesario para detener, mitigar, acortar, localizar o evitar la propagación de la pandemia y sus graves efectos secundarios duraderos y seguramente asimétricos. Sin embargo, es mucho más grave el fracaso del Consejo de Seguridad, el órgano más influyente y la más alta autoridad del organismo mundial, que no estuvo a la altura de las expectativas internacionales ni supo lidiar decisivamente con esta calamidad global que tiene repercusiones negativas para la paz y la seguridad internacionales, como lo hizo durante la pandemia del Ebola.

La falta de unidad dentro del CSNU para abordar el desafío actual plantea la cuestión interminable de la reforma urgente del Consejo, con su proceso de toma de decisiones inherentemente antidemocrático. Se debe en gran parte al obsoleto poder de veto, que obstaculiza y bloquea la arquitectura del consenso, vital para la ONU, ya que lidia con los muchos problemas graves que enfrenta la comunidad internacional cada vez más globalizada e interconectada.

El fracaso del Consejo de Seguridad para alcanzar un consenso se debe a la debilidad inherente de su mecanismo de toma de decisiones, así como a la escasez de unidad entre sus miembros no permanentes. También se debe a la falta de una mayor participación en el trabajo mismo del CSNU, por parte de las agrupaciones más grandes de miembros de la ONU, representados por el Movimiento No Alineado y el Grupo de los 77 (NAM / G-77), pero también en otros órganos principales de la ONU, principalmente en la Asamblea General de la ONU (AG) y el Consejo Económico y Social (ECOSOC). Por lo tanto, el Consejo de Seguridad, en tiempos de coyunturas críticas, como este evento y sus efectos secundarios aún no completamente anticipados, parece estar atascado en una especie de distorsión del tiempo, ajeno a los cambios que han tenido lugar y se están desarrollando en todo el mundo. 

No hace falta decir que el proceso de consulta / negociación extremadamente lento, desalentador e interminable sobre la reforma y reestructuración del Consejo que ha estado ocurriendo durante más de dos décadas, debe ser acelerado con urgencia. Es una condición sine qua non si somos serios con los tiempos, las demandas y las expectativas de las poblaciones actuales y futuras de los Estados miembros, y con la consolidación de la solidaridad internacional e intergeneracional.

Claramente, el complejo mundo de hoy exige una coordinación y colaboración fluida, rápida y multifacética entre las diversas agencias del sistema de la ONU, bajo el liderazgo del Secretario General de la ONU. Debe ser dinámico, socialmente responsable, innovador y holístico, a fin de permitir que nuestra Organización universal y todos los demás foros intergubernamentales -la arquitectura institucional de nuestro mundo- anticipen y aborden rápidamente los desafíos que seguramente surgirán periódicamente en el futuro.

Una confianza restaurada requiere una respuesta proactiva, transparente y oportuna, pero también requiere enérgicamente una base participativa ampliada y representativa. 

  • Emb. Hasmy Agam, ex Representante Permanente de Malasia ante las Naciones Unidas, y Presidente del Consejo de Seguridad de la ONU (julio de 1999 y agosto de 2000); Jefe de la Academia Diplomática; Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de Malasia (Suhakam) – retirado.
  • Prof. Anis H. Bajrektarevic, Presidente y profesor de derecho internacional y estudios políticos globales, Austria; es autor de 7 libros y numerosos artículos sobre, principalmente, geopolítica, energía y tecnología; ex Representante Permanente ante la ONU Viena y la ONU Ginebra.
Protection of Civilians in Armed Conflicts – Security Council Open VTC

Notas:
(1) https://www.eurasiareview.com/06042020-world-on-autopilot-un-security-council-should-urgently-address-covid-19-oped/

(2)  Los otros tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad son Francia, Reino Unido y Rusia. El Consejo de Seguridad tiene 20 miembros, de los cuales 15 rotan cada dos años, y los cinco países mencionados, como se señala, no rotan y además son los únicos que tienen derecho de veto sobre cualquier resolución del Consejo.

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