Kristalina Georgieva, “una globalización de esperanza”

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2. Una globalización de esperanza

Esto me lleva al segundo ámbito prioritario: fomentar una globalización de esperanza. ¿Qué quiero decir con esto?

Recordemos que la desigualdad de ingresos entre países ha disminuido drásticamente, gracias al auge de los mercados emergentes, como China e India [vi]. Al mismo tiempo, la desigualdad de ingresos dentro de los países ha aumentado en general, lo que ha dado lugar en algunos casos a lo que llamaría “la atonía posterior a la globalización”.

Esta “atonía” se ha visto intensificada por las preocupantes implicaciones de las tensiones comerciales. Y ahora estamos preocupados por el impacto de la infección por coronavirus; el brote no solo ha provocado la trágica pérdida de vidas, sino que también ha acentuado la fragilidad de la integración mundial.

Naturalmente, estamos pendientes de los últimos acontecimientos, pero también tenemos la sensación de que se han puesto en marcha cambios más profundos.

En lo que respecta al comercio, observamos los albores de una nueva era. Un mundo en el que el flujo de datos es más importante que el comercio físico y en el que los servicios son el principal factor impulsor del comercio mundial. ¿Quién se beneficiaría de ello?

Sin duda las economías avanzadas, porque son competitivas a escala mundial en muchos sectores de servicios, en especial el financiero, el jurídico y el de consultoría. Pero también economías en desarrollo como Colombia, Ghana y Filipinas, porque están fomentando el crecimiento de industrias como las comunicaciones y los servicios a empresas.

Estas transiciones podrían reimpulsar el comercio mundial. Podrían contribuir a que el comercio desempeñe una función esencial en el fomento de la productividad y el empleo, la propagación de nuevas tecnologías y la disminución de los precios, sobre todo para los consumidores más pobres.

Pero una cosa está clara: para que el comercio sea mejor, debe ser más inclusivo. ¿Cómo? Todos los países deben redoblar los esfuerzos por ayudar a las comunidades perjudicadas por los trastornos relacionados con la tecnología y el comercio.

Debemos aumentar la inversión en formación y redes de protección social, de forma que los trabajadores puedan actualizar sus cualificaciones, acceder a empleos de mayor calidad y aumentar sus ingresos.

También debemos fortalecer la cooperación internacional para garantizar que la gente obtenga beneficios en la nueva era del comercio. La reciente «fase uno» del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China es un paso importante para reducir las tensiones, aunque solo es un paso. Si queremos desbloquear todo el potencial de los servicios y el comercio electrónico, debemos trabajar juntos para crear un sistema de comercio más moderno.

También es necesario este espíritu de cooperación para garantizar que la integración financiera brinde buenos resultados a la gente. El hecho es que, en las últimas cuatro décadas, los flujos de capitales mundiales han aumentado 13 veces, en comparación con una expansión de 11 veces del comercio mundial [vii].

Esta abundancia de capital ha sustentado las muy necesarias inversiones, sobre todo en economías emergentes y en desarrollo. Pero también ha abierto la puerta a episodios de alta volatilidad de flujos de capital, lo que puede perjudicar la estabilidad financiera y las perspectivas de empresas y hogares.

¿Existe alguna forma óptima de gestionar la volatilidad de flujos de capital? Para muchas economías emergentes, la tarea es desalentadora, ya que existe poco consenso sobre la combinación y el calendario adecuados de las medidas de política.

Consideremos el episodio que se produjo en 2018 de salidas de capitales de los mercados emergentes: Brasil y Malasia emplearon cantidades significativas de reservas de moneda extranjera para sostener sus monedas. Colombia y Sudáfrica apenas intervinieron. Algunos elevaron las tasas de interés, mientras que otros no lo hicieron. En muchos casos, una fuerte intervención mitigó la depreciación, pero no en todos.

Todo esto plantea preguntas, también para el FMI. Nos encontramos ahora en el proceso de revaluar nuestro asesoramiento. Estamos aprendiendo de las distintas experiencias, mejorando nuestro conjunto de instrumentos de política, para poder así ofrecer un asesoramiento más adaptado a nuestros 189 miembros.

La clave es que debemos trabajar mancomunadamente. Nuestra responsabilidad conjunta es contribuir a que el comercio sea más inclusivo y los flujos de capital más seguros. Esta es la manera en que podemos promover una globalización de esperanza, una cultura de solidaridad que va mucho más allá de la economía.

[vi] Ana Revenga y Meagan Dooley, “Is Inequality really on the rise?”, The Brookings Institution, 28 de mayo de 2019.

[vii] Análisis del personal técnico del FMI.

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