La COP25

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La COP25 debe ser un hito histórico para Chile y su compromiso con la acción climática, el combate al calentamiento global y la transición hacia un desarrollo sostenible.

A nivel mundial, nuestros desafíos son:

  1. Liderar para alcanzar acuerdos de mayor ambición en la acción climática relevando mitigación y adaptación como los dos ejes de la acción climática (la COP25 en Santiago será la última antes de que entre en vigencia el Acuerdo de París), y los medios de implementación como habilitantes para hacer ambos posibles.
  2. Potenciar la acción climática como un eje fundamental para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
  3. Posicionar a Chile como un país comprometido en el proceso de transformación al desarrollo sostenible.

A nivel local, queremos hacer de la COP25 una oportunidad para:

  1. Sensibilizar e involucrar a la ciudadanía con la acción climática y la educación para del desarrollo sostenible.
  2. Instaurar una gobernanza multinivel y multisectorial para la acción climática en mitigación, adaptación y medios de implementación, mejorando nuestra Institucionalidad Ambiental para el desarrollo sostenible. La COP25 debe ser transformadora de nuestra realidad como país. Más que un desafío la COP25 es una oportunidad para hacer un punto de inflexión involucrando a la ciudadanía en la acción climática a través de la educación y difusión de su importancia.

Temas a relevar

Si bien la COP25 es conocida como la COP del “Tiempo de Actuar” dada la necesidad de que todos los países aumenten sus compromisos para limitar el calentamiento global, Chile ha querido relevar las siguientes temáticas:

Océanos: El océano desempeña un rol fundamental en mitigar el cambio climático al capturar y almacenar más del 90% del calor y aproximadamente 25% del carbono producto de emisiones de actividades humanas. Lamentablemente, el aumento del calor y carbono en el océano están dejando impactos visibles, globales, y en gran medida, irreversibles, como el aumento de su temperatura, el aumento del nivel del mar, la acidificación de las aguas y cambios en la biodiversidad marina, entre otras.

Antártica: La Antártida, el Ártico y los glaciares de montaña (criósfera), además de grandes reservas de agua, son importantes reguladores del clima al reflejar la energía solar devuelta al espacio y de esa manera influenciar el balance energético del planeta. La criosfera es a su vez muy sensible al calentamiento global, lo que conlleva al derretimiento y pérdida de masa, procesos que son (en parte) responsables del aumento del nivel del mar, pérdida de biodiversidad y deterioro de ecosistemas. Alteraciones que ocurran en la Antártica (debido al cambio climático), tendrán consecuencias globales y perdurarán por varios siglos.

Biodiversidad: Los efectos directos e indirectos del cambio climático están íntimamente ligados a cambios en la biodiversidad producto de la actividad humana, por lo que es fundamental asegurar la mantención de la biodiversidad y sus funciones y permitir nuestro desarrollo como sociedad. La biodiversidad es fundamental para la adaptación y mitigación del cambio climático por lo que es necesario llevar a cabo acciones que permitan su conservación. En este contexto Chile no se ha quedado atrás, cuenta con una amplia red de áreas protegidas terrestres y marinas y está llevando a cabo un Plan Nacional de Protección de Humedales y el Proyecto de Ley que crea el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas.

Bosques: Los bosques merecen una mención especial, pues desempeñan un importante rol en la mitigación del cambio climático al capturar y secuestrar el CO2 que se emite a la atmósfera. Además, otorgan una serie de beneficios, como la provisión de agua y la protección de suelos y de la biodiversidad en general. Chile cuenta con una gran extensión de ecosistemas de bosques nativos bien conservados, sobre todo en la zona patagónica. Aun así, en otras zonas del país estos ecosistemas han sido fuertemente alterados por lo que su restauración debe ser una prioridad para mitigar el cambio climático. Adaptación: Los escenarios de cambio climático proyectan para Chile un aumento en las temperaturas, disminución de las precipitaciones en el centrosur y posibles aumentos en las zonas extremas, y un cambio en la superficie de glaciares. Estos escenarios implican aumentos de eventos extremos y disminución en la disponibilidad hídrica, con importantes impactos sobre ecosistemas, la población y las actividades productivas. Para hacer frente a estos impactos se requieren medidas de adaptación en todos los sectores. La implementación de éstas medidas deben estar basadas en mejoras institucionales, diseño de infraestructura resiliente, protección de ecosistemas y comunidades menos vulnerables.

Ciudades: El mundo está enfrentando un proceso de urbanización sin precedentes, que en Chile es particularmente claro, con 90% de los chilenos viviendo en ciudades. El gran tamaño de las ciudades las vuelven extremadamente complejas, pero tendencias de sustentabilidad débil se ven en asentamientos intermedios y pequeños también. Las ciudades contribuyen al cambio climático a través del uso de energía para el transporte, construcción, operación de viviendas y procesos productivos, y son a su vez vulnerables a los impactos del cambio climático. Por otro lado, acciones de mitigación locales en ciudades tienen el potencial de un impacto inmediato que, sumados pueden crear efectos globales y co-beneficios locales como la reducción en contaminación atmosférica. En adaptación, es clave que los gobiernos locales y regionales integren los riesgos climáticos en sus procesos de planificación y gestión urbana, en conjunto con la ciudadanía y las empresas de servicios.

Para mitigar el cambio climático y llegar a la carbono neutralidad, Chile desarrolla varias áreas:

Energías renovables: Las energías renovables son de suma importancia para alcanzar un desarrollo sostenible y para la ambición de Chile de ser carbono neutral antes de mediados de este siglo, pues no generan emisiones directas de gases de efecto invernadero (a diferencia de los combustibles fósiles). Chile ha logrado una rápida conversión hacia estas energías sin la necesidad de subsidios directos. De hecho, Chile lidera el ranking Climatescope 2018 de Bloomberg, como el país más atractivo para el desarrollo de energías limpias (de un total de 103 mercados emergentes). Pese a esto, hoy aprovechamos sólo unos 12 GW de nuestro potencial en materia de energías renovables, que supera los 1.800 GW.

Economía Circular: El principio fundamental de la economía circular es la utilización de los residuos de unos como materia prima de otros, reduciéndose drásticamente tanto la generación de residuos como la extracción de nuevos materiales y materias primas. Chile adoptó en febrero 2019 la Ley que prohíbe la entrega de bolsas plásticas de comercio en todo el territorio nacional. Además, se implementó en 2016 la Ley marco para la gestión de residuos, la responsabilidad extendida del productor y el fomento al reciclaje. Se cuenta con un sello de circularidad y se están desarrollando iniciativas orientadas a reducir el uso del plástico, tales como la campaña “Chao bombillas”.

Electromovilidad: La movilidad en las ciudades es una fuente importante de gases de efecto invernadero, así como de muchas otras externalidades. Para reducirlas, debemos pensar una planificación urbana que apunte a contar con distancias más cortas, que priorice los modos no motorizados y fomente el transporte público. En este último punto, la electromovilidad se presenta como una gran oportunidad si va de la mano con la generación de energía con fuentes renovables. Y es especialmente atractivo si el esfuerzo se focaliza en buses y trenes urbanos. Santiago avanza en esta dirección decididamente, extendiendo su red de Metro e incorporando la mayor flota de buses eléctricos del mundo fuera de China.

Fuente: www.cop25.cl

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