La cooperación latinoamericana en Defensa en la post pandemia

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La cooperación regional en el ámbito de la Defensa se vio severamente afectada durante la pandemia del COVID-19, en medio de una América Latina marcada por la crisis de la integración, en un marco global definido por severas impugnaciones sobre el multilateralismo global, construido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En América Latina, la expansión del COVID-19 supuso un ensimismamiento de los países para enfrentar la crisis sanitaria, que se manifestó, entre otros, en la militarización de las fronteras, la proliferación de discursos securitizadores entre la clase política y la ciudadanía y la consecuente erosión de las identidades y visiones regionales.

Ciertamente, la crisis de la integración regional es previa a la pandemia, como lo demuestra el hecho que ya en 2018 una serie de países anunciaron la suspensión de su participación en la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Aunque este proceso se acentuó en medio de la crisis sanitaria, con países que optaron de manera preferente por el “camino propio” en su enfrentamiento. En ese marco, el Consejo de Defensa Suramericano, tal vez el mayor símbolo de la integración regional en Defensa, virtualmente desapareció. El fin de la UNASUR y su Consejo de Defensa dieron cuenta de una deconstrucción regional, aunque sin poner en juicio la idea de la región como una Zona de Paz, caracterizada por la ausencia de la guerra como medio para resolver las controversias entre los Estados.

En los momentos en que se escribe esta columna existen indicios claros de que la pandemia está llegando a su término, como lo acaba de anunciar recientemente el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus. Ello ha ido de la mano de una progresiva recuperación del multilateralismo regional, en el ámbito de la Defensa.

Entre los días 25 y 28 de julio de 2022, se celebró en Brasilia la XV Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA), donde se reunieron las autoridades del ramo a nivel continental. En el marco del encuentro se sostuvieron una serie de encuentros bilaterales y se diálogo activamente sobre la manera de reimpulsar la cooperación en defensa a nivel hemisférico, considerando las cada vez más diversificadas amenazas que deben enfrentar los países, que van desde los tradicionales conflictos interestatales –como lo evidencia el ejemplo brutal de la guerra entre Rusia y Ucrania- a las denominadas nuevas amenazas, como es el caso del desarrollo exponencial que evidencia el crimen organizado transnacional, particularmente el relacionado con el narcotráfico y la trata de personas, sin olvidar la minería y la pesca ilegal, los ataques cibernéticos y el abanico de riesgos que trae aparejado el cambio climático.

El evento fue inaugurado por el Presidente de la Conferencia, General Paulo Sérgio Nogueira, Ministro de Defensa de Brasil, quien en su intervención puso énfasis en la relevancia de la Conferencia en tanto instrumento multilateral, que favorece la cooperación y el conocimiento mutuo. Se trató de un discurso particularmente relevante, considerando que el Presidente brasileño ha hecho gala de su mirada crítica hacia el multilateralismo, llegando en algún momento a plantear incluso el retiro de Brasil de las Naciones Unidas. No se trata de un retome de la integración a la manera del liderazgo brasileño, que decantó en la fundación de la UNASUR, pero desde luego que da cuenta de una mirada más matizada, de un Brasil que no quiere estar aislado del barrio.

Más recientemente, los Ministros de Defensa de América Latina se volvieron a reunir en Lima, para participar en la Primera Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Operaciones de Paz de Naciones Unidas, celebrada entre los días 6 y 7 de septiembre de 2022. En la Declaración final del evento, las autoridades se comprometieron a crear una Red Regional para la Cooperación en Operaciones de Mantenimiento de la Paz, con el fin de promover la colaboración para la preparación, financiamiento, equipamiento y logística, entre otros, para el despliegue de los contingentes en tales misiones; facilitar el intercambio de buenas prácticas y la cooperación mutua en la preparación de las tropas, de manera complementaria a la labor de la Asociación Latinoamericana de Centros de Capacitación para Operaciones de Paz (ALCOPAZ); promover el análisis de procedimientos sobre interoperabilidad entre los contingentes de la región; e integrar esfuerzos para incrementar la participación de las mujeres en operaciones de paz, de conformidad con la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad sobre Mujeres, Paz y Seguridad, y las iniciativas del Secretario General de Naciones Unidas Acción por el Mantenimiento de la Paz (A4P) y Acción por el Mantenimiento de la Paz plus (A4P+); entre otros relevantes acuerdos.

Este encuentro regional resulta particularmente relevante, considerando que, luego de más de setenta años de historia, las operaciones de paz no viven su mejor momento, especialmente en el marco de crisis generado por la pandemia, que afectó el financiamiento de las mismas, así como la seguridad de los propios cascos azules ante los riesgos sanitarios y sociales derivados de pandemia.

Con todo, tales eventos dan cuenta de una región que de manera paulatina retoma los diálogos regionales en materia de paz y seguridad internacionales. Se trata todavía de intentos tímidos, que no expresan una voluntad decidida para avanzar por la senda de la integración regional en Defensa, pero que, no obstante, demuestran la vocación de los países de América Latina para aportar con su propia visión a los temas prioritarios que debe enfrentar la comunidad internacional, en medio de un contexto global marcado por el choque entre las superpotencias.