Desde los años ’80 el Perú ha vivido terrorismo, robo sistemático, léase, corrupción, por parte de políticos y funcionarios públicos, el objetivo ha sido el botín-Estado. Los importante ingresos por los preciados recursos naturales son ambicionados. Es la parte lícita de los ingresos peruanos. La hoja de coca y el consiguiente tráfico de cocaína, ha generado riquezas inusitadas aprovechadas mejor y establemente por quienes han construido empresas que día a día se robustecen, otros viven ya sea comerciando droga, ya sea cobrando peajes por el pase de mochileros o por el despegue de avionetas llenas de cocaína y tanto dinero, es la parte ilícita. Un grupo de extremistas y anárquicos han encontrado en el Foro de San Paolo una esperanza para reflotar, mantiene relaciones con el núcleo de la droga, el VRAEM, es el residuo de Sendero Luminoso, ahora denominado MOVADEF, grupo al cual pertenece, lidera, quien gobierna o, mejor dicho, quien pretende destruir el Estado peruano, Pedro Castillo. Se debe dejar en claro, que lo anteriormente descrito corresponde a una minoría de inmorales.
La ciudadanía tiene valores y principios claros de decencia, aunque sería mejor, si estos principios y valores fueran revalorizados pues, surge un “relativismo” que confunde conceptos y comportamientos.
Es en esta “circunstancia Perú” que, desde hace unos meses los peruanos nos encontramos, con un hombre que pretende crear otro Estado sobre el Estado peruano, desconcierta con nombramientos de gente con prontuario, la ciudadanía reclama por la ofensa porque razona con principios y valores occidentales, no termina de entender que cada elemento que ingresó al Estado cumplió un cometido de desestabilización, mientras, Castillo sigue adelante recogiendo ¿recursos económicos? ¿celebrando pactos que comprometen al Perú? Lo que él hace carece de empatía hacia la institucionalidad del Perú, sin perspectiva de desarrollo ni bienestar por el país en el cual ha nacido, desgraciadamente para nosotros. Ha logrado la expatriación de muchos jóvenes, la huida de inversiones extranjeras, la desvalorización de la moneda, mayor pobreza. Ante el vandalismo, incendio de inversiones extranjeras apoya el cierre de minas con discordantes discursos que derivarán en consecuentes recursos al CIADI.
Hasta hace poco, su comportamiento desconcertaba por la torpeza de sus decisiones, el rechazo hacia Castillo chocaba con el confuso sentimiento de atacarlo siendo, tal vez, inocente, dejaba esa duda. Por su capacidad histriónica al representar papeles humildes con sus disfraces para cada ocasión, dejaba una mezcla de pena y sorpresa unida a una sensación de desprecio por saberte burlado sin entender claramente dónde te había engañado ¿en todo, en parte? A su ventaja, como estrategia, tiene, que no pelea, se escuda en “el pueblo” tiene un modo de lucharla bajo de tono, mirada inexpresiva, con su disfraz y sombrero para cada ocasión.
Desde hace unas semanas, Castillo nos demuestra que, sumergidos en nuestros principios y valores, no lo habíamos entendido. Para entenderlo, se requiere desmontar nuestro pensamiento para entrar en su lógica. Cuando la Fiscalía se ve obligada a llegar a Palacio de Gobierno, ante las exteriorizaciones de su secretario Pacheco, encontró 20 mil dólares, como sí nada, en el baño del Pacheco. Castillo con la mirada inexpresiva e inocente declara “quien traiciona mi confianza será investigado”, hace que los ojos apunten hacia el “mal funcionario Pacheco”. Las dudas asaltan, Castillo no será responsable, debe ser Pacheco quien trasuda por todos los poros de su cuerpo “corrupción”. Algo no cuadra. Pedimos ¡investigar ¡aquí hay más que vacancia!
Los periodistas peruanos investigan a Castillo, lo siguen, le colocan cámaras. Descubren que recibe visitas en la noche, en la casa de Breña donde, todos los que hoy ocupan un cargo en el Estado, fueron a tocarle la puerta. En la noche de noviembre, Castillo recibe a Ministros, funcionarios y ¡sorpresa! también a representantes de empresas ganadoras de licitaciones, quienes entran con grandes carteras llenas que salen vacías. Castillo, tiene otra apariencia, ya no usa sombrero sino un gorro de lana, se mimetiza en la oscuridad, otro disfraz más. Ante un elocuente video, la ciudadanía exige explicaciones ¿quién es Castillo? Presionado, se ve obligado a enviar un mensaje a la Nación, aparece ante cámaras una vez más con su aire desorientado, ojos caídos, señalando que en su domicilio recibe “visitas de carácter personal” dando un tono de “latin lover” buscando despistar sobre la dueña de la cartera que entró llena y salió vacía, la cual representa a la empresa que ganó la licitación estatal por millones. Para luego agregar “no he tenido algún tipo de participación en actos irregulares que hayan favorecido algún interés particular” y con aire melodramático “desde que empezó mi gobierno, una minoría de partidos políticos y grupos económicos no aceptaron el resultado electoral y siempre han buscado atentar contra la voluntad popular. Nunca aceptaron que un campesino, un rondero, un maestro, dirija la Nación”.
El disfraz de campesino, rondero, maestro cae bien a la ocasión. Nos faltaba Castillo a la larga serie de presidentes “malditos” que Perú tiene en su Galería desde los años ’80. Un aprendiz de estatización de Bancos: Alan García ’85 reelegido en el 2006, girando su ideología propone la Alianza del Pacífico, acabará suicida; Alberto Fujimori quien venció al terrorista Abimael Guzmán, inició la corrupción de Estado, traicionó al Perú, se fugó al Japón donde solicitó la ciudadanía japonesa, está en cárcel en Lima; Valentín Paniagua, murió rápidamente; Alejandro Toledo, acusado de corrupción, se fugó y fue apresado en los Estados Unidos, será extraditado al Perú; Ollanta Humala enjuiciado con su esposa por corrupción; Pedro Pablo Kuczynski, vacado por el Congreso por corrupción, cumple encarcelamiento en su casa en Lima; Martín Vizcarra vacado por corrupción; Manuel Merino de Lama a quien la ciudadanía lo obligó a renunciar luego de un mandato de siete días; Francisco Sagasti, presidente de transición luego de la vacancia de Vizcarra, gran tramador a él debemos la tolerancia institucional y predisposición a la llegada de Pedro Castillo.
Perú no tiene grandes hombres, lo hemos sabido siempre. Y Castillo está jugando un juego más grande de él mismo, no tiene partido, es un hombre solo rodeado de tantos hombres con intereses que ven el botín-Estado a disposición. Pero, Castillo, tiene su propio libreto fuera de los cánones occidentales, eso también lo sabemos.








