Explicando la Violencia en los Desmanes en Chile (primera parte)

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El 15 de Octubre de 2019 grupos de jóvenes saltaron los controles de pago de las estaciones del Metro de Santiago de Chile e invitaron al público que no cancelaran los pasajes.

La situación se mantuvo por tres días y el 18 comenzaron los saqueos y los incendios.

Alguien, no sabemos quien, señaló que se trataba de una protesta social por el alza de las tarifas del Metro, situación que a los pocos días se dejó sin efecto y se inició el “debate social”. Pese a estas medidas los saqueos, incendios a las estaciones del Metro y los ataques a cuarteles de Carabineros y del Ejército aumentaron. Los actos, evidentemente, no respondía a una “protesta social”.

A ello se agregaron las marchas de jóvenes que incluso congregaron, en un momento dado, en Plaza Italia a un millón doscientos mil personas. Al término de cada “manifestación pacífica” se iniciaban los incendios y los saqueos.

La clase política pareciera que no ha querido ver lo obvio. La adopción de una serie de medidas de gasto social no reducirán ni las manifestaciones ni los actos vandálicos .Se trata de la acción de grupos que no propician medidas de apoyo a los más pobres. Todo lo contrario,  la destrucción del Metro, los saqueos a los supermercados y Malls de las poblaciones de clase media baja perjudican a los más pobres. En el fondo es una práctica reaccionaria.

Por ello que el debate político y social de la clase política, siendo de gran utilidad, no llevará al fin del vandalismo.

La violencia.-

Como he explicado en otro artículo las operaciones violentas son consecuencia de una planificación, de la infiltración de de agentes en Chile con alto financiamiento y que se preparó con antelación.

Para ello se aprovecharon de la debilidad de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) y del desmantelamiento de  los servicios de inteligencia de Carabineros.

Y tuvieron la suerte de contar con la ingenua colaboración de muchos jóvenes chilenos que suponían que marchando a atacando las estaciones del Metros, estaban atacando a elites corruptas. No hay que descartar que en varios casos existió financiamiento para ese entusiasmo.

Los objetivos de los violentistas eran:

1.- Destruir la imagen internacional de Chile.-

Hasta el 15 de Octubre habían dos imágenes en América Latina.

Una muy buena, la chilena, una sociedad próspera, democrática, bien administrada, con bajas tasas de pobreza y con los mejores indicadores sociales, económicos, educacionales, científicos y políticos de América Latina.  La experiencia de nuestro país implicaba que los países latinoamericanos podían dejar atrás el subdesarrollo en paz y en libertad.

La otra imagen, Venezuela,  es un ejemplo de incapacidad económica y administrativa, de hecho una dictadura y con reiteradas violaciones a los derechos humanos. Por ello una gran cantidad de gobiernos de América y Europa desconocieron la legitimad de la autoridad del Presidente Maduro y reconocieron a su contendor, Guaidó como legítimo gobernante.

Venezuela pasó de de próspera a pobre, con una gigantesca inflación y en  2019 su paupérrimo PIB que había sufrido bajas permanentes en los últimos años, disminuyó un 30% y se espera otra baja del 10% para el año 2020.

El otro caso es Cuba que durante años fue subsidiada por un tercer país, la Unión Soviética hasta 1990 y Venezuela en los últimos tiempos.

Su exportaciones, según las discutibles cifras que entre su Gobierno, son de 2.100 millones dólares y sus importaciones más de 5.000 millones de  USD. El saldo lo cubría el tercer país donante, los cobros por servicios de médicos y se ha acusado al gobierno cubano de participar en el narcotráfico.

En la actualidad la  presión del Presidente Trump para cortar todo subsidio a Cuba, por el turismo o los aportes de los cubanos de Florida se han combinado con el fin de los servicios de médicos en Colombia, Brasil y Bolivia.

En estas condiciones tanto Cuba como Venezuela enfrentan la posibilidad de hambrunas y la posible incapacidad de mantener su burocracia civil y militar. El panorama a corto plazo es dramático .Por todo ello el interés en destruir la imagen internacional de Chile. Se trata de un modelo que demuestra la incompetencia económica de Cuba y Venezuela.

2.- El segundo objetivo era destruir la capacidad productiva de Chile.- 

De ahí los saqueos y los incendios.

3.-La tercera meta era lograr el fin del Estado de Derecho en nuestro país y propiciar la imagen de violador de los derechos humanos y, ojalá, una dictadura militar. Con ello Chile, Cuba y Venezuela se colocaban en la misma situación y se esperaba que, con ello, disminuyeran las presiones sobre esas dictaduras del Caribe.

La estrategia violentista.-

Hay que releer el libro “Revolución en la Revolución” de Regis Debray, escrito en la década del 1970, para ayudarnos a entender la oleada violentista  en Chile de nuestros días.

Según Debray el diseño revolucionario de los cubanos castristas no tenía una doctrina como era el caso de Lenin o Mao. Existió un rechazo a las complejidades intelectuales derivadas del marxismo. Simplemente se preconizaba la acción. Cuando se decía que “el deber de todo revolucionario es hacer la Revolución” ello no implicaba mayor reflexión, simplemente había que empuñar el fusil o la pistola, irse al monte o a la selva a matar policías y soldados.

Se esperaba que el asalto a los cuarteles llevaría a un alzamiento del pueblo. Y como es de suponer, esa estrategia fracasó llevando incluso a la muerte a su más destacado guerrillero, el Che Guevara.

Se trató, en aquella época, principalmente  de operaciones en el ámbito rural .

Lo que estamos viendo en Chile hoy es la adaptación del método narrado por Debray a la realidad urbana. Es decir asalto  a cuarteles de Carabineros y del Ejército acompañado de incendios y destrucciones a la propiedad pública y privada sin el menor mensaje explicativo. “El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución”, no explicarla.

Sigue……..

 

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Alberto Sepúlveda Almarza
Presidente, Asociación Chilena de Especialistas Internacionales (ACHEI) Abogado, Universidad Católica de Chile y Universidad Complutense de Madrid. Master en Relaciones Internacionales (M.A.) y Master en Derecho y Diplomacia (M.A.L.D.) ambos de la Fletcher School of Law and Diplomacy de EEUU. Diploma de Estudios Internacionales de la Escuela Diplomática de España. Diploma en Ciencia Política y Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de España. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Profesor en varias universidades chilenas, de EEUU, y de la Escuela Diplomática de España y de la Academia Diplomática de Chile.

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