Buen día, los saluda el Padre Carlos J. Díaz Vega desde el Consejo Pontificio de la Cultura en el Vaticano,

La solemnidad de la Ascensión del Señor contiene dos elementos: por una parte orienta nuestra mirada hacia el cielo, y por otra, nos recuerda el inicio de la misión de la Iglesia. Fue ésta la enseñanza que el Papa Francisco ofreció a los 45 mil fieles reunidos este domingo 13 de mayo para rezar con él la oración pascual que la Iglesia dirige a María Santísima: “Aleluya. Reina del cielo, alégrate. Porque Cristo a quien llevaste en tu seno. Resucitó como lo había dicho. Ruega a Dios por nosotros. Aleluya”.

La misión que Jesús confía a sus discípulos no tiene confines y supera las fuerzas humanas; es audaz el encargo de Jesús de ir por todo el mundo y proclamar el Evangelio a toda criatura, además es confiado a un minúsculo grupo de hombres sencillos y sin grandes capacidades intelectuales. “Y sin embargo – señaló el Papa – este grupo reducido e irrelevante es enviado a llevar el mensaje de amor y de misericordia de Jesús a todos los rincones de la tierra”. Jesús también les aseguró a sus discípulos que “la misión será sostenida por el Espíritu Santo”, así “los apóstoles dieron inicio a esta obra, que después fue continuada por sus sucesores. La misión… prosigue a lo largo de los siglos, y sigue aún hoy: ésta requiere la colaboración de todos”, apuntó el Papa. Y señaló que el Bautismo que ya recibimos es “el que nos habilita y nos empuja a ser misioneros, a anunciar el Evangelio”.

El Papa, invitó a los fieles a “ser hombres y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo a lo largo y ancho de los senderos de nuestro tiempo, llevando su Palabra de salvación hasta los últimos confines de la tierra”. En este itinerario, indicó el Sumo Pontífice, “encontraremos a Cristo mismo en los hermanos, sobre todo en los más pobres”. Él nos envía con la fuerza del Espíritu Santo “para sembrar signos de esperanza concretos y visibles”.

A la Virgen María, quien animó la fe de la primera comunidad de los discípulos, rezó el Papa Francisco para que nos ayude a tener el corazón levantado hacia el Señor, como decimos en cada Misa; y al mismo tiempo nos ayude a tener los pies en la tierra para sembrar el Evangelio en las situaciones concretas de la vida y de la historia.

Después de la bendición, el Papa Francisco comentó que se siente particularmente cercano al querido pueblo de Indonesia, de manera especial a las comunidades cristianas de la ciudad de Surabaya donde fueron atacados sus lugares de culto y perdieron la vida 10 personas y dejaron al menos 40 heridos; el Papa invitó a los fieles a orar para que “en el corazón encuentren espacio no los sentimientos de odio y de violencia, sino los de reconciliación y fraternidad”.

El Santo Padre saludó también a los agentes de los medios de comunicación, particularmente a los periodistas comprometidos en buscar la verdad de las noticias porque así contribuyen a crear una sociedad justa y pacífica. Asimismo, envió un caluroso saludo a los diversos grupos de peregrinos reunidos en la Plaza de san Pedro: un grupo folclórico y de músicos venidos de Alemania, así como a los fieles paraguayos que residen en Roma y a diversos grupos numerosos de jovencitos que se preparan para recibir el Sacramento de la Confirmación o que recientemente lo han recibido.

Por último, sabiendo que en diversos países del mundo este domingo se dedica a las mamás, el Santo Padre Francisco quiso saludar a todas las madres y la Plaza entera ofreció un alegre aplauso para ellas. El Papa les agradeció el cuidado que tienen por las familias y recordó también a las mamás que nos miran desde el cielo y que siguen cuidándonos con la oración. Y concluyó su alocución invitando a orar a nuestra Mamá celeste, que este 13 de mayo, bajo la advocación de Nuestra Señora de Fátima, nos ayuda a seguir el camino.

Gracias por la atención. Hasta la próxima, si Dios quiere. Feliz semana.