“Formosa Taiwan, Campo de Dios” celebra 80 años de amistad con el Vaticano

0
180

El lunes 11 de julio se celebró en Roma la conferencia “Formosa Taiwán, Campo di Dio”, con motivo del 80 aniversario de las relaciones diplomáticas entre Taiwán y la Santa Sede. El acto organizado por la embajada de la República de China (Taiwán) ha querido destacar los 80 años de amistad con el Vaticano, caracterizados por un camino de fraternidad, solidaridad y defensa de los más débiles y vulnerables.

El Padre Gianni Criveller, en su discurso sobre la misión católica en Taiwán, pasado y presente, recordó los inicios misioneros de Formosa, o la primera fase de evangelización con los holandeses que, en el lejano 1624, ocuparon la parte sur de Taiwán. La historia misionera de Taiwán -la segunda fase de la evangelización- se reanuda en 1859 con los dominicos españoles que desembarcaron en Kaoshiung.

En 1949, después del advenimiento del comunismo en China continental, más de 800 sacerdotes y cientos de monjas, chinas y no chinas, se vieron obligados a mudarse a Taiwán, donde se establecieron seis diócesis y las diversas congregaciones fundaron innumerables instituciones: jardines de infancia, colegios, hospitales, universidades y centros culturales. Estas obras respondieron a las necesidades del pueblo taiwanés en un período de gran pobreza en la isla.

El padre Criveller presenta la iglesia taiwanesa viva, bien estructurada, dedicada a la inculturación y libre de mezclas políticas. A continuación, el misionero del PIME aborda el tema de los desafíos de la evangelización de hoy.

El Padre Felice Chech, inició su discurso citando un verso del Apóstol Lucas (9,2) “Y los envió (a los 12 apóstoles) a sanar a los enfermos”. El misionero recuerda que este año se cumplen 70 años de la llegada de los Ministros de los Enfermos, conocidos como Camilos, a Taiwán.

Tras el cierre de la misión Camiliana en Yunnan, China, en 1952, el Nuncio Apostólico Mons. Antonio Riberi propuso que continuaran el trabajo en Taiwán. Y así lo hicieron. En junio de 1952 se instalaron en Lotung, alquilando un pequeño hospital de sólo 20 camas, y en Makung, en las Islas Pescadores.

La acción de los Camilos no se limitó sólo a la atención médica, sino también a las obras de evangelización. En 1952 se construyó la Iglesia de Lotung y luego también otras iglesias menores.

Muchos misioneros participaron en la evangelización de los aborígenes y, a partir del año 2000, el P. Felice organizó una clínica móvil para trasladarse a los distintos pueblos. El Padre Felice estuvo muy involucrado en la recaudación de fondos, donde obtuvo grandes resultados.

El Padre Paulin Batairwa Kubuya, definió  Taiwán como una tierra de diversidad religiosa, afirmando que la diversidad se ha desarrollado junto con la historia de su gente. Para los taiwaneses, la diversidad religiosa no es nada nuevo sino un hecho bien establecido y todas las diferentes expresiones religiosas conviven de manera armoniosa.

Los líderes y representantes religiosos que participan en reuniones religiosas se enorgullecen de la aceptación y el respeto mutuos que existen entre ellos. El diálogo interreligioso se promueve principalmente a través de la pertenencia a organizaciones interreligiosas registradas y reconocidas por el Estado. Dichas organizaciones deben cumplir con un código de conducta, realizar negocios legalmente y promover el bien común.

La Iglesia católica ha fomentado la cultura del diálogo interreligioso en Taiwán gracias a personalidades como el cardenal Paolo Yu Pin, el arzobispo Stanislao Luo Kuang, el cardenal Paolo Shan Guoxi y otros. A raíz del Concilio Vaticano II, la Conferencia Episcopal de Taiwán introdujo la Comisión para el Diálogo Interreligioso entre sus grupos de trabajo con la tarea de servir como intermediario entre las Iglesias locales y universales, para actuar como puente de encuentro con otras religiones. y vivir en la Iglesia y vivir el diálogo interreligioso como camino de misión.

Obviamente, la libertad de religión es un requisito fundamental del diálogo interreligioso. Paulin concluye citando un verso de la última encíclica papal: “Esta libertad demuestra que podemos encontrar un buen acuerdo entre diferentes culturas y religiones; testimonia que las cosas que tenemos en común son tantas e importantes que es posible identificar un camino de convivencia pacífica, ordenada y pacífica, en la acogida de las diferencias y en el deseo de ser hermanos porque son hijos de un solo Dios”. (Todos los hermanos, 279)