Señor Presidente,
Voy a hablar mezclando el español con el inglés, porque hablando de América Latina y el Caribe, es difícil esquivar el idioma castellano.
Señorías, esto es un debate que mira al futuro con los pies buen puestos en el presente.
Saben ustedes que, a principios de año, en enero, aquí en este mismo hemiciclo estuvimos de acuerdo en que 2023 sería un año crucial para el relanzamiento de las relaciones entre Europa y América Latina. Les pedí su apoyo. Esto ha sido mi prioridad, seguida de muchos meses de trabajo diplomático. Han conducido a una Comunicación Conjunta en junio, en la que renovamos el marco estratégico para una Nueva Agenda entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe.
Y así tras ocho largos años, hemos logrado celebrar la tercera Cumbre [UE-CELAC, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños], que ha reunido en Bruselas a los líderes de 60 países. Eso es casi un tercio de los miembros de las Naciones Unidas. Representan al 14% de la población mundial y el 21% del PIB mundial.
Esta Cumbre, que sin duda acabe cualificar de éxito, ha representado un gran paso diplomático impulsado por la presidencia española del Consejo de la Unión [Europea].
Piensen que América Latina y el Caribe es una parte importante de los poderes emergentes, del llamado «Sur Global». Piensen que Argentina acaba de unirse a los BRICS, junto con Brasil, [que] ya es una importante representación de América Latina en este club.
En nuestra Cumbre, tuvimos diálogos de alto contenido político. Se impulso una modernización concreta de nuestra relación birregional. Hemos establecido una instancia de coordinación, Cumbres cada dos años, y una hoja de ruta birregional. Y además unas reuniones específicas con los líderes del Caribe, y se consiguió – que no es poco – el desbloquear el acuerdo de Post-Cotonou, largo tiempo esperado.
La Declaración, en sus 41 puntos, reflejan el propósito de renovación y reorientación. Se despliega un programa de trabajo conjunto en inclusión social – no solo verde y digital, también social – para construir sociedades democráticas, justas e inclusivas sin lo cual ni lo verde ni lo digital va a poder prosperar.
No se olvide a la lucha contra el crimen organizado – otra de las grandes preocupaciones de la Cumbre.
Nosotros presentamos una Agenda de Inversiones en el marco de la nuestro Global Gateway, que, si se suma todo, se llega a unos 45.000 millones de euros en los tres próximos años, en sectores estratégicos. Y firmamos, a pesar de alguna presión en contra, una Alianza Digital con 20 países de la región, entre ellos, Brasil, México y Argentina, para que el esfuerzo inversor y regulatorio no sirva para estrechar lazos con inversiones de calidad, sin quedar dependencias.
Hemos dicho y repetido que Europa necesita alianzas con socios fiables para diversificar nuestras cadenas de suministro. Por ello, firmamos también acuerdos con Chile, Argentina y Uruguay sobre materias primas críticas y energía, incluyendo el desarrollo del litio y el hidrógeno verde.
En los márgenes de la Cumbre, hubo intercambios importantes sobre Venezuela con el Gobierno y con la oposición para impulsar las negociaciones y unas elecciones creíbles en el 2024. También firmamos acuerdos para mejorar las consultas bilaterales con El Salvador, Honduras y Ecuador.
Bueno, creo que no es poco. No me extiendo en detalles, me remito solo a los fundamentales. Creo que es un buen bagaje, que llenamos bien nuestra mochila para emprender el camino conjunto que nos hemos propuesto.
Pero también reconozco que no hay que dormirse en los laureles. [El acuerdo con el] Mercosur y otros acuerdos – como el de Chile y México – darán la medida de nuestra credibilidad.
Y sí, aunque tenemos mucho en común, también tenemos diferencias evidentes. Tenemos mucho en común, cmo no lo vamos a tener si nuestra historia esta forjada por el trasiego de millones de personas de un lado al otro del Atlántico.
Mi padre nació en Argentina y luego volvió a España. Cuantos de estos casos podríamos citar.
Sí, estamos unidos por la historia, por lenguas y culturas comunes, pero insisto: también tenemos diferencias.
Ucrania es un ejemplo de ello. Las últimas horas de discusión del Comunicado Final [de la Cumbre] reflejaron bien esta tensión entre la cerrada unidad europea ante una cuestión que consideramos existencial para nosotros y con muchos matices en el seno de la América Latina y el Caribe que a veces, uno percibe que no sienten todos con igual intensidad la indignación moral que nos produce a los europeos la agresión rusa a Ucrania.
Si, [en] las Naciones Unidas, el voto ha sido mayoritario a favor, pero leo en la letra pequeña, cuando se discute en concreto medidas a tomar, y se analiza las cosas y las consecuencias, está clara que no todo el mundo lo vive con igual intensidad.
La cuestión se saldó con la exclusión de Nicaragua de la redacción final. Solo de Nicaragua, porque todos los demás, incluidos Cuba y Venezuela, aceptaron que se dijera que la guerra era “contra” Ucrania y no “en” Ucrania.
Pero acabo de ver que, en el G20, el Comunicado final que como siempre es un equilibrio, se dice “en Ucrania”. Es decir que nuestros esfuerzos en la reunión con CELAC, de una manera, no han sido seguidos por el Comunicado del G20 donde los países occidentales ahí representados han aceptado a cambio de otras concesiones, la “guerra en Ucrania”. Es evidente que, en Ucrania, hay una guerra. No hace falta ser un genio para reconocer que hay una guerra en Ucrania, pero el problema es saber qué clase de guerra hay en Ucrania y esa guerra merece ser cualificada como todos los Estados reunidos en la Cumbre lo hicieron, que era una guerra “contra” Ucrania. Una guerra de Rusia “contra” Ucrania.
Lo único que no fuimos capaces de conseguir era Nicaragua, pero la verdad es que nunca pensé que tal cosa fuera a ocurrir y tampoco parece que fuera imprescindible conociendo la clase de régimen que hay en Nicaragua.
El mensaje principal es que, para nosotros, los europeos, es urgente comprender que debemos comprometernos, no sólo con nuestros problemas, sino con los problemas de los demás, con los problemas de nuestros socios.
En mi particular análisis, creo que hay que hacer esfuerzos en dos direcciones particulares. Poner más énfasis en la justicia social y en las desigualdades, asegurando que la defensa del planeta y el desarrollo tecnológico – eso de verde y digital – no es contradictorio con conseguir más justicia social y más bienestar.

Porque hablamos de las transiciones, no deberíamos excluir la fábrica social sin la cual no las conseguiremos.
América Latina es el continente más desigual y por eso, necesita que impulsemos no solo su bienestar en términos macroeconómicos sino en términos micro[económicos]. Es decir, más justicia social y menos desigualad.
En segundo lugar, creo que no hay que centrarse sólo en proyectos de inversión. Son importantes, ¿cómo no? Cables submarinos, energía limpia, litio… Claro que son importantes. Pero también debemos reconocer que la infraestructura más importante es la invisible: la infraestructura institucional que permite vivir en libertad, que es lo que más nos une y es importante decirlo ahora.
Cuando se cumple 50 años del aniversario del golpe de Estado en Chile, creo que es el mejor recordatorio. Creo que es importante poner sobre la mesa cosas concretas, pero también es importante recordar los principios políticos que subyacen bajo nuestra acción.
Estoy seguro de que nuestros intercambios encomtraremos la forma de impulsar a esta relación privilegiada que Europa debe tener con América Latina [y el Caribe].
Muchas gracias.







