En NY Henry Kissinger premia Mario Draghi “Estadista del Año”

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Fundación Apelación de la Conciencia
Nueva York – 20 de septiembre

Rabino Schneier,
Su Eminencia Cardenal Parolin,
Su Eminencia Cardenal Dolan,
Su Eminencia Arzobispo Elpidophoros,
Dr. Kissinger,
Señor Schwarzmann,
Invitados distinguidos,
Damas y caballeros,

Es un gran placer estar aquí esta noche.
Estoy profundamente agradecido por recibir este premio y me gustaría agradecer al rabino Schneier, a la Fundación Appeal of Conscience y a todos ustedes por este honor.
Ha otorgado este premio a muchas grandes estadistas y estadistas antes que yo.
Es realmente una lección de humildad estar en su compañía.
Me gustaría rendir homenaje al difunto Shinzo Abe, quien recibió este premio el año pasado.
Abe creía firmemente en el deber de Japón de contribuir a la estabilidad mundial.
Actuó enérgicamente para revigorizar la economía japonesa, a través de una combinación de política fiscal, política monetaria y reformas del lado de la oferta.
La vida de Abe fue trágicamente interrumpida, pero su legado sigue vivo, entre la gente de Japón y más allá.

La importancia del diálogo, que celebramos esta noche, ha estado directamente en el centro de mi vida profesional como economista y formulador de políticas.
El valor de una asociación exitosa entre organismos multilaterales e instituciones locales fue una de las principales lecciones que aprendí mientras trabajaba en el Banco Mundial en la década de 1980.
Reescribir las reglas de las finanzas globales, como hicimos en el Consejo de Estabilidad Financiera tras la crisis de 2008, requería confianza mutua, apertura mental y la capacidad de compromiso.
El proyecto europeo, que ha garantizado la paz y la estabilidad en Europa tras siglos de conflictos, depende de la solidez de instituciones compartidas como el Banco Central Europeo.
El G20, que presidió Italia el año pasado, confirmó que solo la cooperación global puede ayudar a resolver problemas globales desde la pandemia hasta el cambio climático.

El potencial para que el entendimiento mutuo sea una fuerza para el bien es mayor cuanto más integrado esté nuestro mundo.
Para tener éxito para todos, y especialmente para los más vulnerables, la globalización exige un conjunto conjunto de reglas.
Y, sin embargo, hoy enfrentamos un desafío significativo a la idea de que podemos trabajar juntos en beneficio de todos los países.
La invasión rusa de Ucrania corre el riesgo de marcar el comienzo de una nueva era de polarización, una que no hemos visto desde el final de la Guerra Fría.
La cuestión de cómo tratamos con las autocracias definirá nuestra capacidad para dar forma a nuestro futuro común durante muchos años por venir.

La solución radica en una combinación de franqueza, coherencia y compromiso.
Debemos ser claros y elocuentes sobre los valores fundamentales de nuestras sociedades.
Me refiero a nuestra creencia en la democracia y el estado de derecho, nuestro respeto por los derechos humanos, nuestro compromiso con la solidaridad mundial.
Estos ideales deben guiar nuestra política exterior de manera clara y predecible.
Cuando trazamos una línea roja, debemos hacerla cumplir.
Cuando hacemos una promesa, debemos honrarla.
Las autocracias prosperan al explotar nuestra vacilación.
Debemos evitar la ambigüedad, para no arrepentirnos después.
Finalmente, debemos estar dispuestos a cooperar, siempre que no signifique comprometer nuestros principios fundamentales.
Esta semana marca la 77ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
Espero que haya un futuro cuando Rusia decida volver a las mismas normas que suscribió en 1945.

A pesar de la tristeza de los tiempos en los que vivimos, sigo siendo optimista sobre el futuro.
El heroísmo de Ucrania, del presidente Zelensky y de su pueblo, es un poderoso recordatorio de lo que representamos, de lo que podemos perder.
La Unión Europea y el G7 –junto a nuestros aliados– se han mantenido firmes y unidos en apoyo a Ucrania, a pesar de los intentos de Moscú de dividirnos.
Nuestra búsqueda colectiva por la paz continúa, como lo demuestra el acuerdo para desbloquear millones de toneladas de cereales de los puertos del Mar Negro.
Solo Ucrania puede decidir qué paz es aceptable, pero debemos hacer todo lo posible para favorecer un acuerdo cuando finalmente sea posible.

En un mundo dividido, el papel de los líderes religiosos y de las instituciones que diriges es fundamental.
Por todas tus diferencias, defiendes la paz, la solidaridad, la dignidad humana.
Tu conocimiento, tu sabiduría y tu fe pueden guiarnos y ayudarnos a sanar.
Puede traspasar fronteras, hablar a nuestra conciencia colectiva y al alma de las personas.
Puede mostrar el camino a seguir a través del diálogo: construya nuevos puentes donde los viejos se han derrumbado.
Puede pedirnos cuentas.

Como me recordaron durante mi reciente visita a Yad Vashem, la indiferencia es el peor enemigo de la humanidad.
Hablar claro no es solo una obligación moral, es un deber cívico.
A los que exigen silencio, sumisión y obediencia debemos oponer el poder de las palabras y de los hechos.
Hoy el mundo necesita coraje, claridad y esperanza.
Gracias.