El cristianismo escogió como modo de expresarse, además de la palabra, la imagen. Gracias a esto, la fe católica ha sido fuente de tantísimas obras de arte en todo el planeta; nació entonces el binomio espiritualidad-arte: la caridad de la belleza. El Patrimonio artístico de la Iglesia se debe preservar en su valor material, cultural y espiritual.

El Papa Benedicto XVI aseguraba que los museos de arte sacro aprovechan a la misión de la Iglesia pues comunican a millones de personas, mediante el lenguaje del arte, las verdades cristianas.

En la Ciudad del Vaticano no hay solamente un museo; se trata, más bien, de una serie de museos que precisamente dan el nombre en plural: “Museos Vaticanos”. Es decir, en el Vaticano se encuentran entre otros, el Museo Pío-Clementino, el Museo etnológico, el Museo Gregoriano egipcio, el Museo Pío cristiano, el Museo Filatélico y Numismático, el Museo de la Biblioteca Apostólica Vaticana, la Pinacoteca Vaticana, la Colección de Arte contemporáneo, el nuevo sector de la Necrópolis romana a lo largo de la Via Triumphalis con tumbas de los siglos I al IV, etc. Como dato curioso se sabe que el recorrido completo de los Museos Vaticanos es de más de 7 km lineales con secciones poco frecuentadas y otras siempre abarrotadas.

El 14 de enero de 1506 suele ser considerada la fecha fundacional de los Museos Vaticanos. En esa fecha se trasladó al Vaticano la memorable escultura de Laocoonte, encontrada en una viña cercana a la Basílica de Santa María la Mayor en Roma. El Papa Julio II mandó traerla y exponerla en el palacio del Belvedere, posteriormente se colocaron también otras esculturas importantes y esto dio pie al así llamado “patio de las estatuas” lo que se convertiría con el tiempo en los Museos Vaticanos.

El complejo de los Museos Vaticanos es fruto de la visión artística de algunos Sumos Pontífices, quienes encomendaban la realización de obras de arte a los más grandes artistas de su tiempo y de su entorno; éstas están contenidas en el interior de otro tanto asombrosos edificios y salas, cuya construcción fue confiada también a grandes arquitectos como Bramante, Miguel Ángel, Mascarino, Fontana, Bernini y muchos otros. Los Papas fueron de los primeros soberanos que pusieron a disposición de la cultura y del pueblo las colecciones de arte que se poseían en las salas vaticanas.

Más de cinco siglos de existencia hacen de este complejo museológico uno de los más grandes tesoros de arte y de historia en el mundo, pues recoge piezas que datan desde principios de la era cristiana. Los Museos Vaticanos hospedan obras de todas las culturas: las sugestivas salas de Rafael, el apartamento Borgia (con pinturas de Giotto, Melozzo, Perugino, Veronese, Caravaggio), obras menos conocidas de origen egipcio, etrusco, incluso de la cultura azteca. En las diversas salas de los Museos las personas encuentran armonía, belleza, trascendencia.

La mayor parte de las obras de arte trasladan casi automáticamente a los siglos XV y XVI. En los Museos Vaticanos se encuentran cuatro Capillas: Nicolina, Pio V, Urbano VIII y Sixtina. La Capilla Sixtina, que muchos turistas es lo que más aprecian, con un nuevo sistema de climatización que controla temperatura, humedad y contaminación, y una técnica de iluminación a base de lámparas led que permite ver detalles del fresco que antes no se notaban. Conviene recordar que en esta Capilla no sólo trabajó Miguel Ángel, sino además Botticelli y Perugino, entre otros.