Al cierre del segundo trimestre de 2024, las cuentas corrientes de la mayoría de los países de la región han mejorado. En el caso de Brasil, el déficit aumentó a -1.5% del PBI, proyectándose a un -2.4% para el fin del presente año. Perú, en cambio, alcanzó un superávit del 1.7%, tras revertir un déficit de -4.0% en el 2022, gracias a menores precios de importación.
Chile redujo su déficit de -8.7% en el 2022 a -3.1% en 2024, impulsado por un incremento en las exportaciones de cobre. Se proyecta que cierre el año con un déficit menor, de -2.1%. Sin embargo, la dependencia del cobre se convierte en un riesgo alto a largo plazo que debería abordarse con políticas de diversificación.
Colombia mejoró su cuenta corriente, reduciendo el déficit de -6.1% en el 2022 a -1.9% en 2024, gracias a las transferencias corrientes. Aunque la proyección para el cierre de año es de -2.8%, la balanza de servicios se ha sentido aliviada por parte de la presión externa, originada por el potencial del turismo en su economía.
México ha logrado mantener su déficit en -0.1%, aunque la proyección para el final del 2024 sería de alrededor del -0.9%. La balanza de servicios ha sido crucial para contener el déficit, pero las tensiones comerciales globales podrían impactar este equilibrio en el futuro cercano, lo que exige diversificación exportadora.
El comportamiento de la cuenta de ingreso primario, que mide los flujos de utilidades, ha sido diferenciado en la región. Mientras Perú y Colombia han visto reducciones en sus déficits, países como Brasil, Chile y México han enfrentado un aumento. Esto muestra una recuperación desigual en la región y refuerza la necesidad de que los países con mayores déficits desarrollen estrategias internas que reduzcan su dependencia de capitales externos, fomentando una mayor inversión interna.









