El fútbol es un deporte impregnado en gran parte del mundo, inclusive  emerge la incorporación activa  de la mujer. Bienvenido el fútbol, pero evitando la manipulación de gobiernos que tras el calor de las masas, pretenda disipar, ocultar las profundas crisis, incluso quebrantando DDHH, la esencia de la Democracia.

La primera copa del mundo se jugó en Uruguay, en 1930, resultando campeón este país sudamericano, al ganarle a la Argentina por el score de 4 a 2 en el estadio Centenario de Montevideo.

 

Nelson Mandela, Premio Novel por la Paz, unió Sudáfrica con el rugby o fútbol americano, sueño que logró tras tres décadas de cárcel. En 1995, la nación arcoíris se fue consolidando, cuando  ganó el Mundial del fútbol.

En los años previos al Mundial, Sudáfrica vivía en pleno ‘apartheid’, blancos y negros buscaban cualquier sinrazón para enfrentarse entre ellos.

La actitud de Mandela, prolongó la inspiración del pacifista Gandhi,  otro líder preso que buscó la paz, la justicia aunque en su caso, no obtuvo el Premio Nobel de la Paz.

De Barack Obama, su gestión es diametralmente opuesta a la del republicano ultra liberal, Donald Trump. Obama, se fijaba en Nelson Mandela, en su tentativa y su proyecto de negociar sin arrogancia.

Los conflictos bélicos generados por la Alemania nazi de Hitler provocaron la cancelación de una Copa Mundial de Fútbol, y  muchos jugadores se quedaran sin asistir a un mundial durante años.

Otros se alistaron en la Segunda Guerra Mundial, llevándolos a combate o prisioneros en campos de concentración durante el Holocausto.

En varios países de Latinoamérica, muchos juzgan con nostalgia que su  equipo nacional no participa en un mundial desde Alemania 43. Hoy festejan con razón su participación en el Mundial 2018, en Rusia, los equipos de México, Colombia, Costa Rica, Brasil, Argentina, Uruguay y Perú.

Esa presencia se da  en un clima desvinculado del crimen masivo del nazismo o de la antesala de  otra macabra Guerra Mundial. Su participación no necesariamente es soñar en una tácita victoria. Una mirada serena es valorar  la presencia de un equipo de un país, que nunca ha construido estadios, escuelas, entrenadores para ningún juego. La improvisación, la demagogia, tiene un costo alto.

Sin darle importancia a ese mal momento de los cuarenta, la FIFA decidió que el Viejo Continente volvería a ser sede de la tercera edición de esa justa deportiva. De esta manera, Francia fue el país elegido. Sin importar que se alcanzaran a escuchar los cañones de una España dividida que luchaba contra la dictadura de Franco.

El satánico Hitler, Alemania en 1936, tres años antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, solicitó a la FIFA ser el anfitrión del siguiente mundial.  Algunos miembros de la FIFA apoyaron a Alemania, mientras que otros tuvieron serias dudas.

En ese entonces, la Federación Internacional de Fútbol, no contaba con otro candidato propuesto para el siguiente mundial. A mediados de 1939, Argentina se postuló.

El problema fue que dentro de la misma FIFA se creía que Argentina no era una nación lo suficientemente segura para celebrar una Copa del Mundo, y aunque el país sudamericano buscó el apoyo de Francia e Inglaterra para su candidatura, la aprobación del comité mundialista tenía la última palabra.

La Segunda Guerra Mundial  se  extendió de 1939 a 1945. Comenzó con la invasión alemana a Polonia, el primer paso bélico de Hitler para fundar un Tercer Reich sobre Europa, que produjo la declaración de guerra de Francia con la mayor parte de los países del Imperio británico y la Mancomunidad Británica de Naciones.

Durante la guerra, un conjunto de prisioneros ucranianos, integrado por ocho jugadores del Dinamo Kiev, formaron parte de un equipo que venció a soldados nazis en lo que se conoce como “el partido de la muerte”. Semanas después, gran parte de la plantilla ucraniana fue arrestada, torturada y desaparecida por la Gestapo.

El fútbol es un deporte, una distracción en los tiempos difíciles que hoy vive la humanidad, llena de escasez, de faenas sin salarios o ingresos ínfimos, de millones de migrantes sin destino.

El deporte, el fútbol, es  elemento  activo de felicidad, ayuda a mitigar  sinsabores, es una  forma de integración entre sociedades. Sin duda, esa fue la razón de aquellos primeros Juegos Olímpicos, que datan de  776 a.C que se realizaron en la villa santuario de Zeus, el principal dios de la antigua Grecia.

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