En los años sesenta, el sociólogo belga, sacerdote jesuita Roger Veckemans, nos decía que los chilenos éramos “herodianos”. Preguntado qué quería él decir con ello, respondía que al igual que los chilenos, que desprecian la cultura propia y admiran todo lo que viene del exterior (especialmente de Europa), Herodes rey de los judíos, despreciaba a su propio pueblo, y en cambio admiraba Roma, tratando de copiar e imitar todo lo que fuera romano…

Algo muy similar ocurre por estos días en Chile, en donde despreciando lo propio, y emulando minorías feministas provenientes de Europa, grupos de la élite anarco-feministas (que no representan el verdadero, auténtico y total respeto que se merece la mujer chilena y mundial), intentan derribar la cultura popular chilena, tomándose las principales calles de la ciudad, vociferantes, desnudas, profiriendo insultos y agravios, e incluso algunas veces defecando públicamente en las calles de Santiago (afortunadamente las menos).

No contentas con todo ello, esos grupos extremistas asocian sus pretendidas ideas liberadoras de la mujer, con un ataque sistemático a lo que ellas denominan “el machismo patriarcal cristiano, que rige desde hace dos mil años”. Y de ahí se siguen feroces ataques a la Iglesia Católica, a los que se suman gustosos los movimientos marxistas y anarquistas de toda índole.

Frente a tales exageraciones feministas, que indican cuan ignorante puede llegar a ser la élite anti cristiana, cabe señalar que, si hoy por hoy, la mujer dejó de ser esclava, como lo era hace dos mil años atrás, se debe lisa y llanamente a las enseñanzas y el martirio de Nuestro Señor Jesucristo.

En efecto, hace dos mil años, en un contexto en el que los derechos de la mujer se encontraban absolutamente conculcados, sin vida pública, recluida en su casa donde actuaba como si fuera una sirvienta, y relegada social y religiosamente; aparece Jesús con un trato exquisito hacia ellas, revolucionario en sus palabras y acciones, devolviendo a la mujer el estado de igualdad recibido por Dios en la creación. San Pablo afirmará de las mujeres de su época, que ya tenían importante presencia en la incipiente Iglesia, con una constante y reconocida actividad, “ya no hay hombre ni mujer en Cristo; ante él todos somos uno”.

La actitud liberadora de Jesús hacia la mujer es realmente notable y reivindicadora. Combate una ley hebrea antigua que describía a la mujer como propiedad del hombre (Ex 20:17; Dt 5:21), y en general combate las normas que colocaban al hombre por encima de la mujer en todos sus derechos y deberes. Jesús enseñó la supresión total de dichas costumbres, lo que le valió en definitiva la muerte.

Lo verdaderamente sorprendente para el feminismo actual, es saber que Jesús tuvo una actitud de inmenso respeto hacia las mujeres marginadas, o de reputación dudosa, o prostitutas reconocidas, o de origen pagano, o que sufrieron las consecuencias de la dominación masculina, de una manera u otra, y por lo tanto eran juzgadas impuras religiosa y socialmente y, como resultado, rechazadas.

Por ello, los discípulos de Jesús continuaron idéntico predicamento al del Maestro, lo que queda notoriamente evidente en el evangelio de Mateo, cuando escribe sobre la genealogía de Jesús, sin ocultar nada, ni siquiera el que muchas de las abuelitas de Jesús tenían pésima reputación sexual: La prostituta Rahab (Jos 2:1); la viuda Tamar (Gn 38), que en un acto de desesperación engañó a su propio suegro; Rut (Rut 3:6-18); La viuda Noemí, que se acostó con un pariente de su esposo;  Betsabé (2 Sam 11:2-5), la mujer de Urías, que fue la víctima de la maniobra asesina y adúltera del Rey David…

El que los nombres de estas mujeres aparezcan entre las abuelitas de Jesús es sorprendente. Pero debe alertarnos sobre el hecho de que Jesús, en su vida, ejemplo y ministerio, condenó el machismo, modificando el concepto que los hombres tenían de la mujer.

Otro caso emblemático típico de inmenso respeto de Jesús hacia la mujer, así como del cinismo y cobardía de los machistas de la época que las denunciaban, es el de la mujer sorprendida en adulterio (Jn 8:3-11), en que Jesús puso en jaque la institucionalidad del judaísmo del primer siglo. Detengámonos en este episodio:

  • La ley judía decía «Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos» (Lev 20:10; cf. Dt 22:22)
  • Los escribas y fariseos enemigos de Jesús llevan a su presencia una mujer diciéndole: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio» (8:4). (Los adversarios de Jesús no traen al hombre adúltero, sino que “machistamente” solo acusan y acarrean a la mujer).
  • Ante la insistencia de sus enemigos, Jesús les invita a que arroje la primera piedra contra la mujer, aquel de entre ellos que estuviera sin pecado. Ninguno lo hizo y se fueron retirando todos avergonzados, comenzando por el más viejo.
  • Luego, viendo Jesús a la mujer en su condición de marginada y víctima, le extendió el perdón divino diciéndole “vete y no peques más” (SJ 8.11)

Estos episodios hicieron que más tarde, en cuanta ciudad y aldea iba Jesús predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, lo siguieran algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: Maria, que se llamaba Magdalena, Juana, Susana, María y su hermana Marta, y otras muchas que les servían de sus bienes (Lc 8:1-3). Estas mujeres discípulas de Jesús, jugaron varios papeles importantes y fueron testigos de la muerte de Jesús (15:40), de su sepulcro, (15:47) y de la resurrección de Jesús. (16:1,4-6).

Compartir
Artículo anteriorLo Splendid Venice presenta le nuove Splendid Heritage Suite
Artículo siguienteFutbol y Política
Fernando Morales
Representante del CEFIAL en el Cono Sur, chileno, abogado, diplomático, profesor universitario, Licenciado en Derecho Europeo (Lovaina), Diploma del Instituto de Altos Estudios Internacionales (Ginebra) y del Svenska Institutet, Comendador de la Orden del Rey Leopoldo II de Bélgica, Caballero de la Orden Isabel La Católica de España, Caballero de la Orden de San Fortunato de Bélgica, Miembro Honorario de la Koninklijke en Soevereine Hoofdgilde van Sint Joris de Gantes, ex Presidente del Salón Arturo Prat del Club de la Unión de Chile.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here