Los mega proyectos latinoamericanos, empezando por el Perú,  como  el gasoducto al sur y petroquímica, que nacieron con la empresa  brasileña Odebrecht, son inviables económicamente.

“Serían unos auténticos elefantes blancos”,  explica el economista  Manuel Romero, fundador de  Gestión, el primer  diario especializado que salió  a las calles de Lima y del país,  cuando “la hiperinflación”  de  1987-90  desembocó en la peor crisis económica de la historia nacional. La inflación, que ya era grave durante el gobierno de Belaunde, se disparó hasta alcanzar más del 7.000% anual en 1990. El país entero, y en particular la gente de menos recursos, sufrieron las consecuencias del mal manejo económico

Gestión nació para promover medidas para  que no se repitiera nunca más una crisis semejante. La carencia de un plan económico desembocó en la peor crisis económica de la historia peruana. Lo más grave fue que se empezó a emitir billetes sin respaldo de fondos del Estado. Un dólar llegó a cotizarse en 185.000 intis.

Con esa experiencia analítica, Romero  Caro  hoy remarca la imperiosa  necesidad de que los responsables  de los mega-proyectos NO deben adoptar  decisiones  que afectarán a la ciudadanía durante los próximos 40 o más años. La razón más contundente es que esos elefantes, se estarían aprobando con ingresos garantizados (subsidios) por ese plazo, para el que gane la buena pro. “Lo que aumentarían en el tiempo porque no se ofrecerían a precios competitivos frente a las muy competitivas energías renovables”.

Se pregunta: ¿Cómo puede anunciarse que se licitaría la planta petroquímica paralelamente al gasoducto al sur si el primero solo tiene estudios?

Pues sugiere que esos proyectos  al no tener los inconvenientes que enfrenta el GSP, el ducto boliviano a Ilo resultaría más competitivo. El Gasoducto al sur y petroquímica son inviables económicamente. “Entre el 2006 y el 2012 los sobornos de Odebrecht aumentaron más de 12 veces, al pasar de US$60 millones a US$ 730 millones”.

Observa  cómo el  futbol puede distraer para tomar  decisiones peligrosa. “Mientras todo el país está distraído con la preparación de la selección para el Mundial de Fútbol, hay que tener mucho cuidado de que no nos metan un gol de media cancha con el gasoducto al sur y la petroquímica”.

Es cierto que siempre ha habido corrupción, si se analizan las cifras oficiales del Departamento de Operaciones Estructuradas de Odebrecht (Odb), área en la que se otorgaban los sobornos, apreciaremos que en los últimos años estos estuvieron creciendo exponencialmente. Habiendo aumentado más de 12 veces entre el 2006 y el 2012 (de US$ 60 millones a US$ 730 millones).

Y esto es solo la corrupción de Odb, “a la que hay que agregar la de otras empresas y la de los otros dos tipos de corrupción: la “pequeña” corrupción (la del día a día con los funcionarios públicos, principalmente) y la corrupción política (aportes electorales).

Mientras esto sucedía, los controles y la institucionalidad del sector público no han podido impedir la mega corrupción. Por lo que es urgente implementar otro tipo de mecanismos para luchar  contra esta nefasta tendencia, reitera.

Sugiere Romero, como un ejemplo, algún tipo de seguimiento desde el sector privado (que tendría continuidad e independencia) a los mega-proyectos. Asimismo, hay que evitar que sigamos creando elefantes blancos que luego agobien a la población con los subsidios a asumir, deterioro, aún más, de  los servicios públicos y debilitar más la sostenibilidad fiscal. En este sentido, nuevos elefantes blancos, sea que estos se crean por corrupción, por ineptitud, por no poder resistir las presiones populistas, o por cualquier otro motivo, sus desastrosos efectos  inciden a toda la economía.

El fundador de Gestión, señala su  preocupación por las expresiones del Presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, al promover la reactivación de proyectos congelados. El premier anunció que “se resolverá el problema del gasoducto al sur”.

Inclusive el gobernante peruano precisa que se licitaría la planta petroquímica de forma paralela al Gasoducto al Sur (Gestión 30.05.2018). Y que en julio se definiría la suerte del gasoducto.

Tal como están las cosas, el gasoducto y la petroquímica  no tendrían los  efectos que predican. Pues motivan más interrogantes:

¿Estamos retrocediendo al anunciar proyectos que no han pasado por una evaluación social? ¿De nuevo saltando etapas fundamentales como en la Interoceánica sur? ¿Qué pasaría si no hay postores para uno de los dos proyectos?

Los problemas del gasoducto ya son conocidos: de oferta (no hay gas asegurado para ser transportado); de demanda (nunca se efectuó un estudio de esta. Y no hay ancla); de los elevados ingresos garantizados (subsidios); de las importantes restricciones que se arrastran del fracasado gasoducto de Odebrecht.  Y la petroquímica requiere un precio subsidiado del etano y controles de precios.

Alternativa boliviana

Romero  Caro remarca que existe una alternativa concreta de otro gasoducto. El presidente de YPFB (empresa estatal de petróleo boliviana) ha expresado su intención de construir un gasoducto a Ilo, puerto peruano, para exportar el gas boliviano, GLP y fertilizantes. Para lo cual se construiría una planta de gas natural licuado en dicho terminal marítimo.

Asimismo, informó que ya “estamos en la etapa de ingeniería básica y avanzando en la ingeniería de detalle”.

El 28.04.2018 , en la reunión entre los presidentes Martín Vizcarra y Evo Morales, se trataron las iniciativas bolivianas. El ministro de Hidrocarburos boliviano informó que la rusa Grazprom ha expresado su interés en el proyecto y anunció estudios de mercado e “inversiones fuertes”.

Al no tener los inconvenientes que enfrenta el gasoducto peruano, el ducto boliviano resultaría más competitivo. En ese contexto, sería más conveniente abastecer el sur del Perú con gas boliviano y destinar los recursos liberados a necesidades más rentables socialmente en el territorio nacional.

El planteamiento boliviano excede largamente el campo energético. Desde hace muchos años, el Perú ha estado compitiendo con Chile para que el gas boliviano salga por un puerto peruano y no por uno chileno. El último episodio fue durante 2002-2003, cuando se frustró el intento de salida a través de un puerto chileno.

Lo que cual se definió con un plebiscito que favoreció la salida por el Perú. Y la integración viene avanzando rápido, nos imaginamos que para presionar a Chile cuando llegue el momento de negociar la salida boliviana al Pacífico. Es así que el 31.05 se reunieron en Ilo el ministro de Transportes peruano y el ministro de Obras Públicas de Bolivia, y adoptaron tres acuerdos:

  1. Referido a que las tarifas del puerto de Enapu sean competitivas.
  2. Avanzar en la ejecución del proyecto de corredor bioceánico. El que requerirá de un nuevo puerto.
  3. La necesidad de promulgar la ley de cabotaje,  que se haría por decreto legislativo. En este enfoque, no solo están en juego los temas energéticos, sino lo que los chilenos denominan la consolidación de la supremacía del Pacífico sur. Y si se lograra que el gasoducto y la planta de LNG Odebrecht ubiquen en Ilo, y que un nuevo megapuerto opere gran parte del comercio exterior boliviano, se habría logrado una nueva consolidación del Pacífico sur.

BOLIVIA Y LA EMPRESA EXTRANJERA

En la Historia de América Latina, no hay un caso de empresa extranjera que haya dejado estas tierras por el cambio soberano de las condiciones. Pero la suscripción de los nuevos términos, se convierten, en diversos acuerdos, en simples referentes, porque el capital suele escamotear las leyes y actuar con subterfugios para no perder privilegios, declaró   el presidente Morales  en su visita a Perú en la  cumbre de poblaciones aborígenes.

Los grandes consorcios, en sus países de origen suelen ofrecer servicios de gran calidad y a menores precios que las comarcas de América. Las empresas por si solas no se van. Los Estados como Bolivia, recurren a las nacionalizaciones porque les asiste la razón y el derecho

El vicepresidente Álvaro García Linera, bien explica el pasado de Bolivia, señalando el cómo, a partir de la crisis institucional que devino en la renuncia de Sánchez de Lozada a la presidencia y la elección de Evo Morales, se consolidó la construcción de un nuevo proyecto.

En el 2006, no había condiciones de hegemonizar los ámbitos y el consenso para la toma de decisiones.  Las ideas dominantes del bloque empresarial vinculado a los grupos de inversión extranjera, agroexportadores, banca y la élite política van perdiendo capacidad de poder definir, de manera estable y sin tropiezos, las políticas públicas del país.

El Parlamento ha rescatado sus funciones de debate político. El Ejecutivo ha dejado ser dependiente de los lobbies empresariales y comparte el sentir popular. Décadas atrás, Bolivia fue una escuela de golpistas. Hoy es parte del Proyecto Sur Sur, desde una democracia social.

Bolivia (IDH 0,663) ocupa el sexto lugar del grupo latinoamericano que ingresa al desarrollo intermedio, junto con Guatemala, Nicaragua, Honduras, Guyana, Paraguay, El Salvador, Surinam y República Dominicana. El camino de la bifurcación da muestras que en el desempate catastrófico, la Historia ahora está al lado de la gran Bolivia.

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Jorge Zavaleta
Jorge Zavaleta Alegre, es Periodista, Licenciado en Ciencias Sociales y Filosofía. Co-fundador de Gestión, primer diario de economía y negocios del Perú. Oficial de prensa del BID, autor de cinco libros sobre America Latina y ahora, Corresponsal del Diario16 de Madrid, desde Washington.

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