En el mundo de los negocios, el menor riesgo es una tarea fundamental para planificar una inversión. El riesgo país (EMBI) brinda a los inversionistas un grado de certeza por el cual un país (emergente) podrá cumplir con sus obligaciones; su composición no solo considera factores económicos-fiscales, sino también la coyuntura política y social de una economía.
En el segundo trimestre del 2022, el EMBI de Latinoamérica (LATAM) se ubica en 4.3%, 30 puntos básicos por encima del primer trimestre. Los países con el menor riesgo país de la región, al segundo trimestre, son Uruguay con 1.5%, Chile con 1.8% y Perú con 2.1%; mientras que los países con el mayor EMBI son El Salvador con 22.8%, Argentina con 19.2% y Ecuador con 8.6%.
Cada uno de los países analizados muestra un aumento de su riesgo país en la comparación trimestral. El Salvador y Argentina muestran el mayor incremento con 6.8% y 1.1%, respectivamente. Los problemas de falta de claridad sobre las políticas gubernamentales para honrar sus obligaciones financieras han ocasionado que el EMBI de El Salvador avance considerablemente. Bajo este argumento, se estima que, si se buscara préstamos en el exterior, la economía salvadoreña tendría que pagar una tasa superior al 31%.
En el caso de países como Chile y Perú, la coyuntura política está deteriorando cada vez más las perspectivas de inversión desde el exterior. Esta inestabilidad, de no solucionarse, tendría repercusiones negativas sobre el crecimiento económico de estos países, los cuales estaban como primeras opciones de inversión en el mapa de los inversionistas externos.
Si bien tener una línea de acción clara y una menor incertidumbre política permitiría que los niveles de riesgo país se reduzcan, se necesitaría reconstruir la credibilidad que los inversores han perdido durante los últimos meses. Mientras más pronto se ejecuten medidas económicas y financieras para afrontar esta situación, más rápida será la recuperación de la credibilidad.







