El “Pablo Escobar” del Amazonas

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En las elecciones generales de 2016, el Perú tuvo su primer narcocandidato a la presidencia. Fue una versión nacional de Pablo Escobar, el patrón del cartel de Medellín. ¿Por qué fue un “Pablo Escobar” nacional? Empecemos por lo medular: el origen de sus fortunas. En ambos casos, provenía o proviene del tráfico ilícito de drogas o narcotráfico. No de sus negocios lícitos. Su fortuna y negocios “lícitos fueron o son producto del lavado de activos”.

Teniendo eso en común, sin embargo, existe una gran diferencia: Pablo Escobar era el patrón de uno de los carteles colombianos más poderosos del mundo, mientras que el “Pablo Escobar” nacional es un patrón que, en los últimos 20 años, se convirtió en un nuevo millonario jefe de un clan o firma empresarial del país. Esa, entre otras, es la gran diferencia.

Sigamos con las similitudes. Pablo Escobar entregaba dádivas o regalos, donaba dinero contante y sonante, financiaba obras públicas (construyó una pequeña urbanización con sus servicios y campo deportivo en una zona marginal de Medellín) y financiaba clubes deportivos muy populares. Por eso, lo compararon con Robin Hood. ¿Lo hizo por filantropía? No. Lo hizo para postular al Parlamento colombiano en 1982.

Nuestro “Pablo Escobar” andino, a diferencia de Pablo Escobar, reprodujo -obviamente, en menor escala- esas prácticas del jefe del cartel de Medellín: entregó dinero, regaló dádivas, financió pequeñas obras y financió un equipo deportivo. ¿Lo hizo por filantropía? No. Lo hizo para postular a la presidencia de la república. Pero tuvieron resultados diferentes: Escobar fue elegido parlamentario en el país cafetero en 1982, el “Pablo Escobar” nacional no logró la presidencia.

Más allá de esos resultados, lo que mostró este caso, y de una candidata financiada por el dinero de la cocaína y de empresarios que también daba dádivas y dinero, es que el narcotráfico nativo empezó a inspirarse en Pablo Escobar, el primer jefe de un cartel de la droga que incursionó en la política colombiana para impedir la extradición a los EEUU. Los narcos nativos, desde el origen de está industria criminal hasta los ’90, financiaban a los políticos la protección política al acceder al gobierno y congreso. De la misma manera, lograban la protección legal y policial.

Será a inicios de la primera década del siglo XXI que -inspirados en Pablo Escobar de 1982- eso cambió. Entre 2002 y 2010, los narcos empezaron a candidatear a municipalidades distritales y provinciales y gobiernos regionales. Y, entre 2011 y 2016, sin dejar los gobiernos subnacionales, al congreso y presidencia. En el penúltimo proceso electoral nacional aparece el “Pablo Escobar” nacional.

En este lapso, notamos que los émulos de Pablo Escobar “superan” a su ícono inspirador. En efecto, los narcos nativos apuntaban más alto que Pablo Escobar: la presidencia de la república, mientras que Escobar solo llegó al Parlamento colombiano y financió a políticos para su objetivo. Cuando se dio cuenta que no iba a lograr su objetivo pasó a enfrentarse al gobierno y Estado colombianos. Pero esa es otra historia.

Lo que pasó en la campaña de 2016, se vió en la campaña municipal y regional de 2014, a nivel distrital, provincial y regional hubo muchos émulos de Pablo Escobar: candidatos dando dádivas, dinero a personas y pequeñas comunidades o financiando equipos deportivos locales y profesionales. Pero, fue en la campaña electoral del 2016 que esas prácticas aparecen condensadas en un narcocandidato presidencial: el “Pablo Escobar” nacional.

Desde esos dos procesos electorales (2014 y 2016), los narcocandidatos siguieron reproduciendo las prácticas populistas que Pablo Escobar inauguró en Colombia en los 80 y que el “Pablo Escobar” nacional lo reprodujo en forma condensada en la campaña de 2016. La campaña municipal y regional en curso, que ha ingresado a la recta final, no es la excepción.

En la región Amazonas, zona auroral de la producción de amapola y látex de opio a fines del siglo IXX y donde la producción de coca y cocaína ha crecido notablemente en los últimos años, existe un candidato que le podemos llamar el Pablo Escobar de esa región del nororiente.

El “Pablo Escobar” de Amazonas no solo entrega dinero a los pobladores de zonas alejadas y pobres de está región, sino que está financiando la construcción de locales comunales en pequeñas comunidades de varias provincias (Rodríguez de Mendoza, Luya, Utcubamba/Bagua Grande). Ese apoyo económico lo presenta como un acto de solidaridad empresarial. O la expresión de su sentimiento por los pueblos de Amazonas.

¿Es cierto ese sentimiento de solidaridad amazonense? No es cierto. La verdad es otra. En esas obras comunales está lavando activos (millones de soles) comprando el voto de los más humildes para ganar las elecciones regionales, es decir, ser gobernador regional. Es el “sentimiento” por el poder lo que lo impulsa. No por los pueblos de Amazonas.

Ese es el “Pablo Escobar” de Amazonas, que actúa sin control de los organismos electorales (el Jurado Electoral Especial y la ONPE), ni del Ministerio Público, ni de la Sunat ni la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF). Esas instituciones están pintadas en la pared. Y, además, esto hay que reconocerlo, cuenta con la complacencia de amplios sectores de la sociedad civil.

Hay dos aspectos, sin embargo, que lo diferencian de su ícono Pablo Escobar. Uno, su fortuna no solo proviene de la cocaína (cuyo epicentro actual es Condorcanqui), sino del látex de opio que se produce -con diferencias de grados e intensidades- en todas las provincias de está región. Y, dos, no es -como Pablo Escobar- un jefe de un cartel, sino de una firma regional que está pasando a ser nacional.