EEUU y CUBA, tiempos nuevos soluciones nuevas (primera parte)

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La historia de las relaciones de los EEUU y Cuba nos demuestra cada día que es imposible retroceder cuando lo avanzado goza del reconocimiento ciudadano. Durante dos años  he tenido oportunidad  de conversar con diferentes ciudadanos de América Latina  y el Caribe, y de esa rica  experiencia puedo sintetizar en el  testimonio de  una enfermera  –Carmela Espinoza– que labora  en un centro  hospitalario de  veteranos  de los EEUU, quien comentaba    con  singular  dulzura y sinceridad  que siendo ella descendiente  de una familia que discrepó con los  gobiernos que  derrocaron a Batista, nadie puede ignorar que los logros  en educación para todos, desde los niños  hasta los ancianos, y los  avances  en la Medicina, son realidades  que la civilización de  hoy reconoce o  debe reconocer.

Las principales agencias de noticias y periódicos como Diario16 y El País, de España, consideran que el actual gobierno de los EEUU ha optado por retroceder lo avanzado en las relaciones con Cuba. Veamos:

Después de que Barack Obama inició el deshielo con La Habana, su sucesor en la Casa Blanca viene dando marcha atrás en el proceso de apertura. Limita los viajes a la isla, prohíbe el flujo comercial con el conglomerado militar (60% de la economía) y retoma la retórica del látigo. “Ha nacido una nueva política. Doy por cancelado el acuerdo de Obama. No apoyaremos al monopolio militar que oprime a los cubanos”, ha expresado el presidente Trump, como parte de la línea dura auspiciada por el anti-castrismo.

Sin embargo, no ha podido desmontar toda la reforma sanitaria emprendida por Obama ni cerrar ahora por completo las puertas a Cuba. Algunas medidas permanecen. No se cierra la Embajada de La Habana, no se prohíben los vuelos comerciales ni los cruceros y tampoco se restituye la política de pies secos, pies mojados que permitía a los cubanos entrar sin visa en EEUU.

La revista Cuba  Debate, es una fuente  serena  que nos puede dar  luces para comprender mejor el fenómeno social  del  siglo XXI  frente al predominio, muchas  veces extremista, de los daños que provoca  el liberalismo,  término que expresa libertad,   cuando  se aleja  de la Ética.

“Sin embargo, siempre es posible encontrar alguna arista positiva dentro del escenario en que se desenvuelven las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, pues al tiempo que la política de la poderosa nación del Norte hacia Cuba siembre ha sido un desafío, han existido también determinadas aristas que pueden ser aprovechadas de acuerdo a los intereses nacionales de la Isla”

“En ese sentido resulta necesario destacar que si bien la nueva administración estadounidense representa en muchos sentidos una amenaza global (aumento de la carrera armamentista y del arsenal nuclear, agresión abierta y desenfrenada al medio ambiente, discurso y prácticas ultranacionalistas, antiinmigrantes, racistas, xenófobas, etc.)”

“También constituye una oportunidad no solo para la resistencia, sino para una mayor ofensiva anticapitalista a nivel internacional. El llamado “fenómeno Trump”, es otra muestra palpable de la crisis sistémica del capitalismo, del agotamiento de un modelo que busca desesperadamente cómo mantener la acumulación ampliada del capital. Ello se manifiesta en la agudización de las propias contradicciones inter capitalistas y el auge de tendencias ultraderechistas en los Estados Unidos y Europa”

Para Cuba, agrega el  análisis, significa una nueva oportunidad para el avance y fortalecimiento de los procesos de transformaciones en curso hacia un socialismo próspero y sustentable, así como para afianzar las alianzas con los gobiernos, movimientos y fuerzas políticas progresistas y de izquierda en la región, y el relanzamiento de los procesos integracionistas y de unión en América Latina y el Caribe, en especial la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). De la misma forma para fortalecer los lazos con aquellos actores internacionales que a nivel global desafían la hegemonía estadounidense.

El retiro de los Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), debilita la opción derechista y neoliberal de los gobiernos latinoamericanos de la costa del pacífico, pone en aprietos el futuro de la Alianza del Pacífico y ofrece una mayor oportunidad a China para una mayor presencia e influencia en la región.

La construcción de un muro en la frontera con México, las posiciones antiinmigrantes, xenófobas y discriminatorias de la nueva administración estadounidense, generan  rechazo en la comunidad internacional en detrimento de la imagen de los Estados Unidos. Todo esto, contribuye a debilitar aún más la hegemonía hemisférica y global de la nación del norte y coloca a Cuba en una mejor posición en la correlación de fuerzas a la hora de sentarse a negociar con el nuevo gobierno estadounidense.

Igualmente, las políticas anunciadas por la administración Trump que atentan contra el medio ambiente y contribuyen a acelerar los procesos asociados con el cambio climático, favorecen una mayor articulación y unión entre los Estados Insulares del Caribe, los cuales resultan los más amenazados de la región.

(sigue.. . . . . )

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