Donald Trump, y el efecto del “credo” de América sobre la UE.

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El IERI (Institut Européen des Relations Internationales) realizó el 16 de febrero del 2017 un Seminario con su “Equipo de Reflexión Estratégica”, lo que  sigue es un extracto.

El Presidente de los EEUU, Donald Trump, y el efecto del “credo” de América sobre la UE

En la entrevista con los dos periódicos “Bild” y “The Times”, el Presidente Trump criticó abiertamente a Angela Merkel, cancillera de Alemania, por haber llevado a su país cientos de miles de inmigrantes musulmanes, prácticamente «terroristas», denominando  su decisión de “catastrófica”. Una “invasión con motivación ética”, similar a la “naturaleza política” del Presidente Putin de Rusia en la Crimea.

Crimen de civilización, en un caso, regreso a la patria en el otro, ruptura de identidad en ambos casos, en medio de un “desafío estratégico” y un conflicto abierto.

Desde el punto de vista de la política exterior, sería en ambos casos “invasiones” asimétricas y de arriba abajo.

Al llegar a la Casa Blanca como el inquilino impredecible, el Presidente Trump, celebrado hiperpopulista y nacionalista, inauguró una nueva fase de las relaciones entre América y Europa, que se abrió el 27 de enero con la firma de la ordenanza anti-inmigrante, calificado de “prohibido musulmanes (muslim ban)”.

En cuestión, el concepto del temas de seguridad confirma para los EE.UU. : el riesgo del « enemigo” y, para algunos, la aplicación de un choque de civilizaciones a la Huntington.

Contra el peligro, no tomar riesgos !

Con el Presidente Donald Trump, ¿estamos yendo directamente de Montesquieu hacía Clausewitz, es decir, de los “suaves comerciales” de las naciones «civilizadas», a los campos de combate y las relaciones de poder (Paul Krugman, Premio Nobel de Economía)? ¿Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo “credo” américano mundial, ganando la escena global y desafiando a la construcción de la estabilidad internacional, construido desde 1945?

A primera vista, este “credo” es articulado y coherente, y es que cada país tiene que redefinir sus prioridades internas, identificar al “enemigo”, adoptar una nueva postura estratégica, volviendo a visitar aliados y alianzas, y, por último, volver a una sistema de protección de la nación en autarcía.

Una parada repentina al libre comercio absoluta está relacionada, por lo tanto, con el reconocimiento de la naturaleza política de las grandes negociaciones internacionales y con la influencia geoestratégica sobre las opciones importantes de política monetaria. Así, de cara al choque inesperado de la nueva administración de los Estados Unidos, Europa se ve obligada a redefinir su relación con el mundo y principalmente con los Estados Unidos, Rusia y China, por no hablar del Mediterráneo y Oriente Medio.

En términos de la política exterior de Europa, que ha jugado desde la «llamada» segunda guerra la función de equilíbrio del “status quo”, la UE debera asignarse una fuerte identidad en los objetivos, los medios y las vías de una redefinición de la geopolítica euroasiática: la reciprocidad de tarifas en lugar del dumping de los intercambios, la estabilidad del dólar contra cualquier política inflacionaria causando la caída del euro y menores tasas de interés en Europa y, en última instancia, el control de la interdependencia con diferentes áreas de crecimiento, como deben ser los imperativos de la política comercial de la Unión Europea, para evitar el resurgimiento del proteccionismo con sus demonios, los totalitarismos.

Con la era de la nueva presidencia, hemos entrado en una nueva fase de la historia, donde el dilema de la inseguridad no ha desaparecido, ni el de la seguridad nacional.

El futuro punto de inflexión en continuación a la falta de interes de los Estados Unidos en Europa se junta con la situación de un estatuto débil de las Naciones Unidas y la parálisis del Consejo de Seguridad. Y, por último, desde el punto de vista de la conciencia histórica de un gran diseño, incluso si se adoptará, no servirá para detener la pérdida de centralidad política y cultural de un país, Francia, que llevó a cabo durante mucho tiempo la «leaderchip» (el historiador estadounidense Stephen Schuker fecha el fin de la predominancia intelectual francesa en Europa en 1924). Se podría argumentar el mismo caso para Europa en el mundo, cuyo fin está fechado en 1954, año de la aventura anglo-franco-israelí en el Canal de Suez, seguida a las décadas cincuenta / sesenta de largas guerras de descolonización y el surgimiento de una nueva mitología, la del “Tercer Mundo”.

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