El impacto de la recesión económica del 2020 causó una gran inestabilidad en los ingresos y gastos gubernamentales a nivel global. En el 2023, las secuelas del deterioro del balance de cuenta corriente agravarán la ralentización económica internacional prevista para este año.
De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), las economías emergentes serán las que presenten un mayor déficit en cuenta corriente en el 2023 con -5.4%, seguidas por las economías de ingresos bajos con -4.7% y las economías avanzadas con -3.7%.
Los pronósticos para el 2023 muestran una reducción del déficit en cuenta corriente para las economías emergentes y de bajos ingresos, esto es debido a las expectativas de una política fiscal más relajada que podría aumentar la demanda global.
Sin embargo, en el caso de América Latina, la crisis política y social de la región perjudicaría dichas expectativas. Las movilizaciones y protestas en algunos países de la región ponen en riesgo la estabilidad económica local, como es el caso de Perú y Bolivia.
Tener un balance de cuenta corriente equilibrado o positivo es importante porque indica que el país es un buen proveedor de bienes y servicios para el mundo. Esto atrae a los inversionistas extranjeros y fortalece la moneda nacional.
Además, una cuenta corriente adecuada reduce la necesidad de pedir prestado o recibir ayuda financiera del exterior, lo que puede contribuir a estabilizar y mejorar la economía a largo plazo. Esto último es importante debido al endurecimiento financiero que se estará afrontando en el presente año.








