El COVID-19, la multipolaridad global y la nueva Guerra Fría

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La violencia es la partera  de la Historia, suele ser una afirmación aceptada a lo largo de siglos. Sin embargo, esa reflexión, en el 2019 sigue siendo válida, aunque la diferencia está en que la misma naturaleza nos dice: basta, basta, basta con la destrucción del planeta. La pandemia del corona virus 2019 está generando  los más grandes cambios en la visión de hoy y del mañana para todos los habitantes de la tierra.

Una referencia muy concreta la ubicamos en una pequeña república de Latinoamérica. Bolivia, no  aceptó el  cuarto gobierno del presidente Evo Morales, quien tuvo que salir al exilio  –primero a México y luego a Argentina-, y el gobierno temporal, con anuencia  del pueblo, no ha convocado aún a nuevas elecciones, sino a asumir la responsabilidad  de concentrar sus mejores esfuerzos a enfrentar la pandemia que azota a la tierra.

La economía boliviana al 2019 arrojó  saldo negativo en cuenta corriente  de la balanza de pagos, aumento del stock de la deuda externa, bajaron las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia, y  la entidad monetaria no contaba con independencia respecto al Poder Ejecutivo.  El nivel de déficit fiscal era alto,  emisión y base monetaria acoplada al balance fiscal con la finalidad de precautelar una baja tasa de inflación y mantener un Tipo de Cambio Fijo Nominal.

El propósito era crear el  factor de credibilidad ante los agentes económicos.  Depósitos y créditos bancarios con tasas de crecimiento menores las registradas en períodos precedentes, baja tasa de inflación y crecimiento del producto por debajo del promedio 2006-2018. 

La cantidad de entidades públicas y su gasto fiscal incorporadas en el Presupuesto General del Estado superaba a los ingresos fiscales, para un Estado moderno, eficiente y eficaz del siglo XXI. Las empresas públicas en operación de ámbito nacional, en su  mayoría registraban un relativo desequilibrio fiscal. 

La economía boliviana (2006-2019) se caracterizó por un mayor protagonismo del Estado en todas las actividades conformada por 4/5 por el sector informal y 1/5 el sector formal. El economista premio nobel Douglas North (1993) señala: “Las instituciones formales e informales son la clave para entender el cambio histórico de una sociedad y debe ser parte integrante del análisis económico”. En lo que va el presente siglo, resulta difícil diferenciar el origen del capital informal, pues la gran banca actúa de intermedio entre estos dos universos.

La desigualdad en los ingresos ha sido un problema económico que se vino enfrentando con diversas políticas, desde estrategias de lucha contra la pobreza, la otorgación de bonos a las personas, ampliando la cobertura de atención médica, priorizando la asignación de recursos públicos a los programas sociales. 

La administración gubernamental boliviana  por catorce años continuos del ex presidente Morales (2006-2019) de predominio estatista y expansión fiscal en proyectos de inversión no rentables y elevado gasto corriente,  dejó como herencia una economía con varios problemas complejos y una necesidad de cambios si el modelo empieza a buscar un cambio  de esquema.

La desigualdad en los ingresos ha sido un problema económico que se vino enfrentando con diversas políticas, desde estrategias de lucha contra la pobreza, la otorgación de bonos a las personas, ampliando la cobertura de atención médica, priorizando la asignación de recursos públicos a los programas sociales. 

En síntesis, la actual administración gubernamental transitoria inicio su gestión en condiciones económicas iniciales adversas, serias restricciones de liquidez, y una Gobernanza Pública oficialista dependiente a la buena fe, ética y profesionalismo de un elevado número de funcionarios públicos afines al anterior gobierno por más de una década que permanecieron en sus fuentes de trabajo y un legislativo con una fuerte oposición parlamentaria con 2/3 de representantes nacionales. 

La presidenta transitoria, Jeanine Añez, asumió el poder  constitucionalmente ante la renuncia del presidente Evo Morales, el 10 de noviembre de 2019. Los principales propósitos a lograr según la denominada Agenda octubre-noviembre 2019 son:  Respeto al resultado del Referéndum del 21 de febrero.

Durante el primer trimestre del 2020 la OMS/OPS declaró la pandemia del COVID-19, y Bolivia  tuvo que enfrentar la disyuntiva entre la vida o la economía. Pues  la administración gubernamental eligió la vida y con esta finalidad se protegería a los ciudadanos que no contraigan y sean vehículos transmisores del virus letal, además de que enfermen o fallezcan. 

El gobierno transitorio enrumba una política productiva industrial y comercial que garantice una oferta de bienes y servicios suficientes para cubrir de forma adecuada las necesidades básicas internas, y para fortalecer la capacidad exportadora.  Reconoce y prioriza el apoyo a la organización de estructuras asociativas de micro, pequeñas y medianas empresas productoras, urbanas y rurales. En la comercialización de los recursos naturales y energéticos estratégicos, el Estado considerará, para la definición del precio de su comercialización, los impuestos, regalías y participaciones correspondientes que deban pagarse a la hacienda pública. La inversión boliviana se priorizará frente a la inversión extranjera. Las relaciones económicas con estados o empresas extranjeras se realizarán en condiciones de independencia, respeto mutuo y equidad. No se podrá otorgar a Estados o empresas extranjeras condiciones beneficiosas que las establecidas en las normas vigentes. 

El COVID-19 y la recesión económica son los dos fantasmas que afecta el mundo. En el caso de Bolivia los análisis y comentarios, sobre todo los que provienen de la Universidad Nacional de Bolivia, coinciden en la necesidad de encontrar las mejores vías para enfrentar la reducción brusca  de los ingresos y empleos de los sectores más vulnerables, vinculados con servicios intensivos en mano de obra y con las empresas públicas y privadas más expuestas al choque de oferta y demanda. 

El contexto externo es desfavorable para los productos de exportación en términos de precios, cantidad y el contexto interno  para los más de 11 millones de bolivianos en sus diferentes niveles de ingreso desde ciudadanos que no tienen dinero para alimentar a su familia, empresarios públicos y privados que cubren sus costos medios variables (salarios) a pesar de la paralización de sus actividades y no están produciendo, el Tesoro General de la Nación que no cuenta con liquidez y todos tienen dificultades para atender los pagos. Así  resume Germán Molina Diaz, miembro  de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas y docente en la Universidad  Central de Bolivia-UCB.

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