La Nueva América y las Ciudades Intermedias

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Las ciudades con poblaciones entre 100.000 y un millón de habitantes pueden lograr que las economías latinoamericanas sean más productivas y competitivas.

“En América Latina, lo maravilloso se encuentra en la vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades… En nuestra naturaleza… Y también en nuestra historia”, escribió Alejo Carpentier (Lausana, Suiza, 1904 – París, 1980) escritor cubano con el que culmina la madurez de la narrativa insular del siglo XX con su obra: El siglo de las luces.  

En esas urbes viven el 32% de los latinoamericanos, concentrando hasta el 17% del Producto Bruto Interno, precisa la Corporación Andina de Fomento-CAF.

Un mundo nuevo con ciudades que han pasado relativamente desapercibidas en los planes de desarrollo de los países de la región.  Están llamadas a contribuir significativamente a cerrar las brechas entre zonas rurales y urbanas y, con ello, a brindar más prosperidad a los ciudadanos. 
  
“Las ciudades intermedias latinoamericanas presentan cierto rezago en comparación a otras regiones más avanzadas. Para recortar las brechas, es imprescindible impulsar la equidad e interacción con el campo, planificar el crecimiento ordenado de los territorios, anticipar los efectos del cambio climático y la lograr una mayor participación ciudadana en las decisiones políticas y sociales”, explica Soraya Azán, experta en desarrollo urbano.

Organismos multilaterales como el BID, BM,  CAF, y la Unión Europea, están apoyando iniciativas en ciudades intermedias de América Latina en áreas como desarrollo urbano, educación, transporte, ambiente y cambio climático. Los esfuerzos se concentran en impulsar el emprendimiento e innovación, el fortalecimiento de su gobernanza e institucionalidad, y el apoyo al desarrollo de intervenciones integrales. 


Algunos ejemplos:

Colombia: Montería, Valledupar, Pasto y Pereira se desarrollaron planes maestros de movilidad activa y espacio público.

Perú: Piura. El Plan Maestro de Movilidad Urbana Sostenible, desarrollado durante 2018 y aprobado por Ordenanza Municipal, identificó necesidades de inversión de unos USD 2.000 millones para más de una década, con proyectos integrales bajo los criterios de “calles completas”

Perú: Trujillo. En 2018 se realizó el estudio de pre-inversión para un corredor de transporte masivo, para una integración urbana “fachada a fachada” en el centro de la ciudad. El objetivo es regenerar y potenciar el centro histórico de la ciudad, una de las más importantes urbes coloniales, fundada en 1532 por Diego de Almagro, en  homenaje a la tierra del conquistador Francisco Pizarro.

Argentina: Rosario.  Con un poco más de 1 millón de habitantes es la tercera ciudad más grande de Argentina, Rosario ya está experimentado las pérdidas económicas de tiempo y recursos que trae consigo la congestión vehicular.  Rosario se integró al grupo de ciudades que participan en el programa de Logística Urbana Sostenible.

Brasil: Jaraguá do Sul, en el Estado de Santa Catarina. Con 170 mil habitantes de origen alemán en su mayoría  y una economía basada en la industria, el municipio quiere profundizar su desarrollo y renovación urbana mediante el desarrollo en paralelo del centro de la ciudad y otras nuevas centralidades.

Arquitectos  de prestigio indican que este tipo de ciudades intermedias se convierten en lecciones en el difícil camino de encontrar soluciones prácticas e innovadoras. Debe multiplicarse  el  esfuerzo  para crear y fortalecer la relación campo – ciudad  que cada día  es más  distante porque no hay ciudadesintermedias.

Hablemos  de Lima con sus  11  de los  33 millones de habitantes  se ha convertido a la capital nacional en un gigante que rechaza  al nuevo migrante.  Los que llegaron  en  décadas pasadas se olvidan del camino que siguieron.  Este  cisma va provocando  la  quiebra del  sentimiento  de país, de sociedad integrada. La diáspora fomenta fraccionamiento radical entre los que  lideran la economía de exportación minero-agropecuaria asociada a multinacionales.

Emilie Dore,  de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, afirma que la marginalidad es el resultado de un proceso de modernización desigual y que, en el caso de Perú, este desequilibrio se debe a la incorporación de lógicas racistas en los avances de la modernización, que reflejan  la fragmentación social, la desconfianza y los problemas de identidad.

Desde hace más de cincuenta años las grandes ciudades latinoamericanas conocen un fenómeno social que no parece poder revertirse: la proliferación de los barrios de hábitat precario, denominados según las épocas y los países, favelas, barriadas, villas-miseria, o de manera más neutra, asentamientos humanos. 

La Escuela de Chicago impulsó estudios sobre los comportamientos psicosociales y culturales de los marginales. Encontramos este mismo interés en las investigaciones de Oscar Lewis (1964).  En cambio, los estudios de los “dependentistas” se enfocaron en lo que en el sistema capitalista origina la marginalidad, recurriendo a modelos de interpretación basado en la oposición centro-pereria (Quijano,1971).

Perú es uno de los países sudamericanos que más estudios científicos sobre el tema de los barrios precarios inspiró desde los años cincuenta. Sin embargo, la marginalidad urbana como objeto de estudio fue a menudo víctima de una falla que le hizo perder alcance y credibilidad: la instrumentalización política del análisis, la falta de neutralidad y, en suma, la necesidad de demostrar con el fin de orientar las políticas de intervención en función de la sensibilidad del investigador. 

El proceso de urbanización transformó la organización de las ciudades y ayudó a reinventar la vida urbana en el mundo.  El avance de los medios de transporte y de las interconexiones virtuales, presenta un movimiento  poblacional  que  no  privilegia  a  las  grandes  urbes,  y  que  genera  un  crecimiento  de  ciudades medianas,  cuya  particularidad  radica  en  el  estrecho  vínculo  de  éstas  con  el  mundo  rural,  no  sólo  desde  lo productivo.

Los estudios de caso realizados demuestran que los jóvenes rurales han empezado a migrar a ciudades intermedias no sólo en busca de empleo sino también de la oferta de educación superior que allí se encuentra. 

Estadísticas

El desarrollo de las ciudades intermedias en el mundo y la región.    Naciones  Unidas  (2002), explica que entre  el  año  1950  y  el  2000  la  población mundial pasó de 2,52 a 6,06 billones de personas, un aumento del 140,5% durante la segunda mitad del siglo XX. 

El porcentaje de población urbana en este intervalo de tiempo creció de 29% a 47%, es decir un crecimiento de 281% (de 0,75 a  2,86 billones de personas), mientras que  la población rural creció sólo 80% (de 1,77 a 3,19 billones de personas).  

En 1950 sólo había una ciudad que superaba los 10 millones de habitantes: New York. Para 1975 las ciudades de  esta talla  demográfica eran  5 en  el mundo, de  las cuales  2 estaban en  América Latina ˗México D.F. y San Pablo, mientras que para el 2001 había 17 ciudades con más de 10 millones de habitantes.

Un ejemplo de  ciudad intermedia  es Tandil, en Argentina, cuyo comentario y análisis reservamos otro espacio, con investigaciones  de Francisco  Sola, responsable de Tandil News y fue asesor en el Concejo Deliberante de Tandil y en la Legislatura de Ciudad Autónoma de Buenos Aires:

“Argentina, conocida en el pasado como  una república centralizada en Buenos Aires, presenta al mundo interesantes esfuerzos para impulsar las Ciudades Intermedias”.

Se trata de un movimiento  poblacional  que  no  privilegia  a  las  grandes  urbes,  y  que  genera  un  crecimiento  de  ciudades medianas,  con un en  estrecho  vínculo  de  éstas  con  el  mundo  rural, proceso en muchos casos inadvertido para  todos, y que van impulsando  el desarrollo de algunas áreas rurales y urbanas menores. 

A mediados del siglo XVIII la población de la actual Provincia de Buenos Aires (incluyendo la ciudad de Buenos Aires) era de aproximadamente 10 000 pobladores y apenas se extendía hasta la margen norte del río Salado. Al sur de este habitaban pueblo originarios, territorio llamado «desierto» por los pobladores del que vivían al norte del mencionado río.

. PAÍSES DE AMÉRICA LATINA POR POBLACIÓN (2019)

  1. Brasil ≈ 210 461 000
  2. México ≈ 125 357 000
  3. Colombia ≈ 49 737 000
  4. Argentina ≈ 44 723 000
  5. Perú ≈ 32 362 000
  6. Venezuela ≈ 32 030 000
  7. Chile ≈ 18 880 000
  8. Guatemala ≈ 17 545 000
  9. Ecuador ≈ 17 170 000
  10. Bolivia ≈ 11 390 000
  11. Haití ≈ 11 220 000
  12. Cuba ≈ 11 212 000
  13. República Dominicana ≈ 10 315 000
  14. Honduras ≈ 9 087 000
  15. Paraguay ≈ 7 104 000
  16. El Salvador ≈ 6 675 000
  17. Nicaragua ≈ 6 494 000
  18. Costa Rica ≈ 5 032 000
  19. Panamá ≈ 4 190 000
  20. Uruguay ≈ 3 512 000

Las denominadas “ciudades intermedias” constituyen un fenómeno creciente en Latinoamérica.   Por su propia naturaleza y dinámica, tienen la posibilidad de llevar a cabo proyectos de desarrollo territorial sostenibles y de mejorar su función de servicios e infraestructura.  Las ciudades intermedias  son un desafío a la imaginación  y un sueño para asegurar las mínimas condiciones para la convivencia humana.

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