La Declaración CELAC-UE, señala en el punto 15.
«Expresamos nuestra profunda preocupación por la guerra en curso contra Ucrania, que sigue causando un inmenso sufrimiento humano y está agravando debilidades ya existentes en la economía mundial, limitando el crecimiento, aumentando la inflación, perturbando las cadenas de suministro, incrementando la inseguridad energética y alimentaria e intensificando los riesgos para la estabilidad financiera. En este sentido, apoyamos la necesidad de una paz justa y duradera.»
Una guerra, la de Ucrania, con agresor desconocido, así aparece en la Declaración. Los países ideologizados latinoamericanos no lo han permitido. Rusia no tiene nada que ver. Es el resultado de dejar avanzar una ideología que mira a sus conveniencias, intereses económicos, impidiendo el desarrollo de la ciudadanía, atesorando sueños de destrucción y «¡al final venceremos!».
Es una gran ventaja haber conocido comunistas en la época universitaria, son aquellos que no perdonan al mundo su personal mediocridad, su frustración, de esto se habla cuando nos referimos a Maduro, a Delcy Rodriguez con sus maletas que ingresan en Barajas sin control alguno, ante una izquierda española feliz y cómplice, a Diaz-Canel, a los Castro, a Ortega. A ellos, ahora se suma Petro, Lula da Silva quien luego de haber infectado Latinoamérica con la corrupción de Odebreacht, a quién él abría las puertas latinoamericanas utilizando su cargo presidencial, logra, por razones que la historia nos develará, salir de la cárcel en la que estaba recluido, volver a ser presidente. Ahora, su objetivo es gritar a los cuatro vientos que está libre, no da explicación sobre el cómo, no sólo se quiere lavar él la cara sino también la cara y el pasado de cuánto delincuente en el poder se encuentra en Latinoamérica. Organizó una Cumbre Sudamericana para presentar al «nuevo Maduro», relativizando sus maldades, no fue aceptado, ni siquiera por Boric de Chile, menos por Mario Abdo Benítez de Paraguay, Luis Lacalle Pou de Uruguay. Su soberbia lo superó a Lula, convocar a Mandatarios sudamericanos días después de haber recibido con honores a Maduro en Planalto, pretender que sea integrado, reconsiderado, relativizar sus culpas y revivir el UNASUR. Fue una negativa contundente, salvo el silencioso apoyo del Foro de San Paolo quienes sueñan con convertir sus países en Cuba y ellos gobernarlas, eternamente. Para mayor prueba tenemos como presidente de la CELAC, Ralph Gonsalves, intimo amigo de Ortega, Fernandez, Maduro, y etc.
Sin embargo, alguien en la Cumbre paró lo que nadie se atrevía a enfrentar, esa persona fue Giorgia Meloni.
En la plenaria declaró «He escuchado aquí a algunos hablar de paz, creo que debemos dar a las palabras su justo significado. La palabra paz no puede ser confundida con la palabra invasión porque son dos conceptos muy diferentes. Y, si alguien considera que las puede confundir no se da cuenta que en un mundo en el cual no debería existir más el derecho internacional y en el cual quién es militarmente más fuerte puede libremente invadir a su vecino, nunca será un mundo de paz.»
Las declaraciones de Ralph Gonsalves, que apareció poco como presidente de la CELAC, dejando la luminaria a Lula da Silva, declaró «No íbamos a permitir que esta cumbre UE-CELAC fuese un encuentro en torno a Ucrania”.
Nicaragua no firmo el artículo 15, sin embargo no altera la Declaración CELAC-UE.
Ha sido una oportunidad para la UE de gustar el estado de ánimo de una parte del mundo, que tal vez tomen más en cuenta a Latinoamérica, a la UE no le falta representaciones dispersas en cada capital latinoamericana, deben mantener el interés constante en la región, pues hay fuerzas que envenenan y bajo opresión de los pueblos logran que, en una situación de libre competencia, estás personas estarían muy lejos de cargos significativos.
Qué esta sea una nueva y mejor etapa.






