La primera cárcel que visité fue el Sexto, ya no existe. Cursaba el primer año de derecho en la Universidad de San Marcos de Lima, prestigioso Ateneo, por ello fuimos acogidos. Sin embargo, los detenidos no mostraron entusiasmo ante nuestra llegada. Es más lentamente realizaron su manifestación de fastidio, mojaron sábanas, se colocaron en el piso superior y mientras nosotros estábamos en un patio, las exprimieron cayendo sobre todos nosotros, gotas de desagradable lluvia sobre nuestras cabezas. Así nos despidieron.
Esta vez, fue una visita, con sentimientos contrastados, llena de humanidad.
La construcción de la cárcel femenina de Rebibbia, la más grande de Europa, requirió cinco años, tiene 649 habitaciones, 351 individuales, en 27 hectáreas con 354 mil metros cuadrados de construcción, situada en la periferia nordeste-este de Roma, su nombre se inspira en el Cardenal Scipone Rebiba.
Es una cárcel administrada por mujeres, la directora es Ida del Grosso, con 21 años de experiencia, trabaja en este submundo lleno de humanidad en todas sus dimensiones y en sus diferentes altitudes.
En la Iglesia, dedicada a Madre Teresa, proyectan un documental que tiene como protagonistas a doce detenidas, del título “Salviamo la faccia”, bajo la regia de Giulia Merenda. Ellas nos relatan pasajes de sus vidas, en sus mentes el recuerdo de un hombre por el cual dejaron de pensar en ellas, se involucraron en situaciones, fueron traicionadas o por ellos cometieron delitos, de ellos recibieron violencia. El documental concluye con una imagen de esperanza, la más joven de todas, brasileña que hizo de “mula” trayendo droga a Italia, nos asegura que la cárcel la ha liberado, que ahora es ella.
Finalizado el video, nos miran con curiosidad, con desencanto, se percibe la desilusión perenne, la falta de proyecto futuro. Nosotras, la Consulta Femenina del Pontificio de la Cultura, del cual hace parte la Directora Ida del Grosso, hemos llegado con el Cardenal Gianfranco Ravasi. Las detenidas esperan algo de nosotras. Luego de presentarnos e invocar frases de aliento, vemos que pequeñas chispas de esperanza aparecen en sus miradas.
Surgen preguntas no banales cómo ¿cuál ha sido tu pasado y la razón por la cuál te encuentras aquí? y al final te lo merecías. Sino, entender luego de este sufrimiento ¿qué es lo que cambiarían de la sociedad que han dejado?. Nos responde, la más adulta de las protagonista del video, «cambiaría el modo de amar de los hombres, cambiaría el egoísmo de los hombres que prevalece en las relaciones.»

Unas han sido traídas a Italia desde el África por amor y luego las han hecho prostituir. Otras de Albania, han sido envueltas en delitos varios, sufren el abandono familiar, la muerte del perro por falta de cuidado por parte de quien a ella le decía amarla tanto. Crímenes con condena perpetua, motivos pasionales, una madre que asesina al padre de sus hijos por haber, este último, asesinado a uno de ellos.
¿Y las latinoamericanas? tras de mi estaban sentadas tres detenidas latinoamericanas, dos ecuatorianas y una colombiana. La mayor de ellas, ecuatoriana, debe purgar un año y medio por un robo realizado en el 2002, la capturaron hace poco en una redada, se ha inscrito en los cursos de formación que la cárcel ofrece. Las otras dos jóvenes fueron detenidas por robo, una de ellas colombiana, detenida in fragante, se lamenta tener que purgar una pena de un año y cuatro meses por una billetera que contenía “sólo cuarenta euros”. La segunda joven, ecuatoriana, debe aún conocer la decisión del Magistrado, su audiencia será en marzo. El caso de estas dos jóvenes, como de muchas otras latinoamericanas es particular, ellas no tienen a nadie en Italia, podrían estar en detención en una casa, casa que no tienen, así como tampoco tienen una persona o familia garante que las hospede. La situación se agrava porque carecen además de artículos básicos, están solas en Italia. Me dicen “somos tantas latinoamericanas”.

Tras la quimera del bienestar, tras la quimera de haber encontrado el «príncipe azul», tras un deseo de amar demasiado y no pretender tener a su lado un hombre generoso. La pregunta es, el hombre generoso ¿nace o se hace?. Conviene pretenderlo y educarlo a la generosidad. Si así fuera, la cárcel femenina de Rebibbia estaría bastante vacía. Aquellas mujeres que protestan porque se saben marcadas por ser ex-detenidas, con un prontuario manchado, estarían en otra situación.
Pero, también nos han hecho entender que en la cárcel femenina de Rebibbia, del amar demasiado, se sana.
Fotos capturadas del Video «Salviamo a faccia».









