Kristalina Georgieva, “Una cultura de solidaridad”

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Organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias, un encuentro para debatir las Nuevas formas de solidaridad. Una interesante exposición de Kritsalina Georgieva, dirigido a Latinoamérica. Esta es la primera parte.

Santo Padre, Ministros, distinguidos invitados, es un verdadero honor para mí estar hoy aquí con ustedes.

Quisiera agradecer a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales por haberme invitado a este importante taller. En los debates que hemos mantenido hasta el momento, hemos profundizado en algunos de los temas más urgentes de nuestro tiempo; ahora estamos pasando del análisis a la reflexión sobre el camino a seguir.

Así pues, la pregunta que hay que plantearse es la siguiente: ¿Cuáles son las nuevas prioridades para la economía mundial? Permítanme responder brevemente. En palabras del Papa Francisco, «la primera tarea es poner la economía al servicio de los pueblos».

Se trata de una hermosa descripción del mundo que queremos. Y es el mundo que necesitamos para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.

También habla del objetivo fundamental del liderazgo en los sectores público y privado. En el mundo que necesitamos, todos estamos llamados a ser «ministros» en el sentido original de la palabra; servir, no a nosotros mismos, sino a los demás con una mentalidad abierta y un buen corazón.

Lo bueno es que podemos partir de los avances realizados. La integración y la cooperación mundial, los increíbles avances tecnológicos y –desde luego– las muchas políticas económicas adecuadas han transformado nuestro mundo. En las últimas tres décadas, la mortalidad infantil se ha reducido a la mitad y más de mil millones de personas han logrado abandonar la situación de pobreza extrema [i].

Estos logros son extraordinarios, sin precedentes en todo el período de la historia de la humanidad. Esta economía –la economía que ahora tenemos– puede ser una importante fuente de esperanza, un rayo de luz.

Y, sin embargo, esta misma economía ha proyectado sombras oscuras. Pensemos en la excesiva desigualdad: desde 1980, el 1% más rico de la población a escala mundial ha capturado el doble de beneficios del crecimiento que el 50% inferior.

Pensemos en que muchas economías en desarrollo ya no están reduciendo la distancia con los países de alto ingreso: en lugar de cerrar la brecha de los niveles de vida, se están quedando ahora atrás. Y, por encima de todo, pensemos en cómo la estructura económica actual daña nuestro medio ambiente.

No resultan sorprendentes, por tanto, los resultados de una reciente encuesta global, en la que más de la mitad de los participantes afirman que el capitalismo causa más perjuicios que beneficios [ii]. Las implicaciones son alarmantes: desde la disminución de la confianza en las instituciones tradicionales hasta el aumento de la polarización política y las tensiones sociales.

Así pues, ¿cómo podemos despejar estas sombras oscuras y aportar más luz? ¿Cómo podemos contribuir a crear una economía que esté al servicio de los pueblos?

Me gustaría destacar tres ámbitos de acción: i) crecimiento inclusivo: ayudar a los países a promover una cultura de solidaridad; ii) integración: fomentar una globalización de esperanza; y iii) acción por el clima: cuidar de nuestra casa común.

 

1. Una cultura de solidaridad

Permítanme comenzar por el crecimiento inclusivo. En este tema me gustaría centrarme en América Latina, que es el hogar de muchos de ustedes presentes en esta sala.

Esta región ha logrado avances significativos en la reducción de la desigualdad excesiva. Y, aun así, el reciente aumento del malestar social en algunos países nos recuerda que todos los países pueden hacer más.

No es coincidencia que el descontento haya surgido en lugares en los que la brecha entre ricos y pobres es demasiado amplia, y donde el crecimiento es demasiado bajo como para proporcionar mejores oportunidades a quienes más lo necesitan. De hecho, muchos de los que se consideran «clase media» viven con el creciente temor de que los beneficios podrían revertirse, de que podrían volver a caer en la pobreza.

Para hacer frente a estos desafíos, los países latinoamericanos tendrán que promover una cultura de solidaridad más fuerte, una cultura que reconstruya la confianza y reconozca la dignidad que acompaña al empleo de calidad, los servicios públicos fiables y redes de protección más sólidas.

La mejor manera de fomentar la solidaridad es reducir la desigualdad de oportunidades. Esto significa invertir en las personas; no solo dedicar más recursos a las escuelas y a la capacitación, sino también mejorar la calidad de la educación y el acceso a la educación a lo largo de toda la vida y a la adquisición de nuevas capacidades. No solo ampliar los programas sociales, sino asignar el gasto de manera más eficaz para llegar a los más vulnerables.

Estas políticas ayudan a reducir la desigualdad de oportunidades, lo que a su vez es esencial para reducir la desigualdad de ingresos. Las investigaciones del FMI han demostrado que una menor desigualdad de ingresos se asocia con un crecimiento más fuerte y sostenible.

Pero ¿ cómo pueden los países latinoamericanos aumentar su gasto social y las inversiones en infraestructuras vitales cuando la mayoría de ellos cuentan con un limitado margen en sus presupuestos?

Para empezar, existe margen para impulsar la eficiencia del gasto, y existe margen para generar mayores ingresos públicos a mediano plazo. El FMI participa activamente en este tema mediante las actividades de fortalecimiento de las capacidades, y apoya a sus miembros para que «recauden más y gasten mejor».

El objetivo es garantizar que las políticas sean fructíferas para la gente. Y esta es la razón por la que el FMI ha puesto más énfasis en los temas de gasto social, y estamos haciendo más hincapié en ayudar a los grupos vulnerables en el marco de los programas de reformas respaldados por el FMI.

Por supuesto, redoblar las medidas de reforma económica es fundamental para la inclusión y el crecimiento. Para muchos países latinoamericanos, esto significa abordar la concentración de mercado que limita la creación de empleos y perjudica a los pobres con precios más altos.

Significa reducir las discriminaciones en el mercado laboral para empoderar a las mujeres. Y significa ampliar el acceso financiero a los hogares de bajos ingresos y a la pequeña empresa, entre otras cosas mediante un sector de tecnología financiera bien gestionado [iii].

Por encima de todo, existe margen para reforzar la lucha contra el mal de la corrupción. Sabemos que la corrupción obstaculiza el crecimiento y mina los fundamentos económicos y sociales; alimenta un descontento creciente, sobre todo entre los jóvenes.

Un problema relacionado es el masivo alcance de la elusión fiscal y la evasión fiscal. A escala mundial, se estima que la riqueza mantenida en centros financieros «offshore» es de USD 7 billones; es decir, 8% del PIB mundial: una proporción importante de esta riqueza probablemente proviene de actividades ilícitas [iv].

Estos problemas no están presentes solo en América Latina: nos afectan a todos. Por esta razón, el FMI brinda asistencia a sus miembros en la lucha contra el lavado de dinero. Y trabajamos con nuestros socios para cerrar los vacíos en la tributación internacional.

Nuestros análisis muestran que los países no miembros de la OCDE perdieron aproximadamente USD 200.000 millones anuales debido a que las empresas pueden trasladar sus beneficios a lugares de baja tributación [v].

Estos ingresos perdidos hacen que sea incluso más difícil que las economías frágiles y los países de bajo ingreso aumenten el crecimiento y el empleo, y que cumplan los Objetivos de Desarrollo Sostenible para mejorar el bienestar de los ciudadanos de estos países.

Obviamente, aunque los esfuerzos por impulsar el crecimiento inclusivo deben comenzar en casa, no pueden terminar ahí. Necesitamos también una cultura mundial de solidaridad.

[i] Carolina Sánchez, “From local to global: China’s role in global poverty reduction and the future of development”, Banco Mundial, 7 de diciembre de 2017.

[ii] The 2020 Edelman Trust Barometer .

[iii] Véase Lael Brainard, “ FinTech and the Search for Full Stack Financial Inclusion”, Junta de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal, 17 de octubre de 2018.

[iv] Finanzas & Desarrollo , septiembre de 2019, “Sacar a la luz”.

Sigue. . . .

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