CEPAL. Estudio Económico de América Latina y el Caribe. CHILE

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CHILE

1. Rasgos generales de la evolución reciente

Chile registró en 2018 una tasa de crecimiento del PIB del 4,0%, superior al 1,3% observado en 2017. Esta evolución responde principalmente al dinamismo mostrado por la inversión y las exportaciones de bienes y servicios, que en 2018 crecieron a tasas del 4,7% y el 5,0% respectivamente, después de las caídas presentadas el año anterior. El consumo privado se incrementó un 4,0% en 2018, cifra 1 punto porcentual superior a la registrada en 2017. Los sectores primarios (agricultura, pesca y minería) y los sectores de servicios (servicios básicos, servicios financieros y comercio) fueron los que exhibieron mayores aumentos de producción en 2018, con crecimientos superiores al 5,0% anual. Las cuentas fiscales mostraron que el déficit del gobierno central se redujo respecto al año anterior y fue equivalente al 1,7% del PIB en 2018, frente al 2,8% en 2017.

Este resultado es reflejo del aumento de los ingresos fiscales como consecuencia principalmente de la mejora del precio del cobre y del esfuerzo de las autoridades por contener el gasto fiscal. El financiamiento del déficit implicó que el Gobierno recurriera a emisión de deuda tanto interna como externa, con lo que el acervo de sus pasivos aumentó de un 23,5% del PIB en 2017 a un 25,6% del PIB en 2018.

En cuanto a la política monetaria, una inflación que se mantuvo alrededor del centro de la meta y el fortalecimiento de la actividad económica motivaron que el banco central comenzara un lento retiro del estímulo monetario, elevando la tasa de política monetaria en el último trimestre de 2018 y a principios de 2019. Pero la desaceleración de la actividad desde fines de 2018, entre otros factores, determinó que la autoridad bajara la tasa de política en junio de 2019. Las condiciones crediticias se han mantenido favorables, con tasas nominales en niveles históricamente bajos. En el sector externo, la balanza comercial registró en 2018 un superávit menor que el observado en 2017 debido a que las importaciones crecieron en mayor medida que las exportaciones. Sin embargo, el incremento del déficit de la balanza de rentas determinó el aumento del déficit de la cuenta corriente, que alcanzó el 3,1% del PIB. La cuenta financiera registró una entrada neta de capitales, debido principalmente a las partidas de otras inversiones e inversión directa. Por su parte, el mayor endeudamiento del gobierno, las empresas y los bancos redundó en que la deuda externa alcanzara un valor equivalente al 67,1% del PIB.

Para 2019 se espera que el crecimiento de la economía reduzca su velocidad, alcanzando una cifra cercana al 2,8%. Tanto el consumo como la inversión serían los factores que sostendrían el crecimiento, pero con un dinamismo menor que el observado en 2018. El complejo escenario global hace prever un bajo crecimiento del comercio internacional, lo que, junto con un menor precio del cobre, tendría un impacto negativo sobre las exportaciones. La política fiscal continuaría siendo austera, pero el menor crecimiento de la economía reduciría los ingresos fiscales, aumentando el déficit. No se prevén mayores cambios en la política monetaria, salvo que la actividad no se reactive de acuerdo a lo esperado.

2. La política económica

a) La política fiscal

En 2018 el déficit del gobierno central fue equivalente al 1,7% del PIB, lo que representa una disminución frente al déficit del 2,8% del año anterior. De esta manera, el déficit estructural se situó en un 1,5% del PIB y fue inferior al déficit del 2,0% registrado en 2017.

Los mayores ingresos generados por el cobre, como resultado de un aumento del precio de este metal, ayudaron a que los ingresos fiscales (21,9% del PIB) crecieran un 8,8% real en relación con el período anterior. Por otra parte, los gastos totales (23,5% del PIB) crecieron solo un 3,4% real respecto a 2017, como reflejo del esfuerzo de las autoridades por disminuir el déficit fiscal. Los ingresos tributarios aumentaron un 8,9% real, como resultado del incremento del 6,9% real de los impuestos no mineros, lo que explica el 62,1% de aumento de los ingresos totales, mientras que los ingresos tributarios de la minería crecieron un 83% real debido al aumento del precio del cobre, ya mencionado. Dentro de la recaudación tributaria destacan los impuestos pagados al Estado chileno por la empresa canadiense Nutrien, producto de la venta de acciones que tenía en SQM (empresa minera productora de litio y derivados de litio, entre otros productos) a la empresa china Tianqui. Esta operación le generó a Chile un reembolso de 1.000 millones de dólares. El gasto corriente presentó un aumento real del 4,0% en 2018, mientras que el gasto de capital disminuyó un 3,3% real. El esfuerzo del Gobierno se concentró en contener los egresos correspondientes a gastos en personal, bienes y servicios de consumo, y adquisición de activos no financieros. El déficit del gobierno debió ser financiado con un aumento de los pasivos netos mediante la emisión de deuda interna y externa. De esta forma, el acervo de deuda se incrementó del 23,5% del PIB en 2017 al 25,6% del PIB en 2018.

Para 2019 se espera que el manejo fiscal continúe siendo moderado, con el fin de mantener el déficit fiscal acotado. No obstante, el menor crecimiento económico reduciría los ingresos fiscales, lo que tendría como efecto un déficit mayor que el de 2018 y un aumento de la deuda para su financiamiento. Como consecuencia de la desaceleración de la actividad, el Gobierno ha anunciado una agenda de aceleración económica, que adelantará inversión pública para finales de año mediante una redistribución de los gastos y dará celeridad a la entrega de subsidios habitacionales para promover la inversión en vivienda.

b) La política monetaria

Desde mayo de 2017 hasta octubre de 2018 la tasa de política monetaria se mantuvo en un 2,5%, el valor más bajo desde 2010. En octubre de 2018, el banco central decidió incrementar la tasa a un 2,75%, dado que la inflación se acercaba a la meta del 3%, estimulada por el dinamismo de la actividad económica. A comienzos de 2019 el banco central decidió elevar nuevamente la tasa de interés, al 3,0%. Los bajos resultados de la actividad económica observados durante el primer semestre de 2019, junto con una nueva canasta para la medición del índice de precios al consumidor (IPC), que reveló una variación de los precios inferior a la que se obtenía con la metodología anterior, disminuyen las expectativas de convergencia de la inflación hacia la meta. Por ello, en junio el banco central dio un giro a su actuación y decidió aplicar a la tasa de política monetaria una reducción de 50 puntos básicos, ubicándola en un 2,5%. La trayectoria de las tasas de interés activas se vio influida tanto por la evolución de la tasa de política como por el aumento de la oferta crediticia, lo que se tradujo en disminuciones de los niveles que ya se encontraban históricamente bajos. A fines de 2018, las tasas de interés de los créditos de consumo, comercial y de vivienda registraron valores de un 20,6%, un 6,2% y un 3,3%, respectivamente, mientras que un año antes las tasas cerraron en un 21,3%, un 6,5% y un 3,5%, en el mismo orden. Las menores tasas de interés, junto con una flexibilización por parte de los bancos de las condiciones para el otorgamiento de créditos, favorecieron el incremento de las colocaciones en todos los segmentos.

En términos reales, como promedio anual de 2018, el crédito de consumo creció un 5,6%, el crédito comercial un 4,8% y el crédito hipotecario un 7,7% (frente a porcentajes de un 5,0%, un 0,2% y un 7,1%, respectivamente, en 2017). La facilidad para obtener créditos se ha traducido en que los hogares hayan aumentado su deuda hasta un 73,3% del ingreso disponible. Este último punto se ha transformado en un elemento de atención para la economía chilena.

Para 2019 se espera que la política monetaria mantenga su carácter expansivo, con una posible baja de la tasa de política en caso de que la actividad no se reactive lo suficiente para llevar a la inflación a la meta. Por otra parte, las condiciones crediticias del mercado se mantendrían, con tasas bajas y facilidades para la obtención de créditos.

c) La política cambiaria

La evolución del tipo de cambio en 2018 respondió, como en la mayoría de los países de la región, a la volatilidad de las condiciones financieras internacionales. De esta forma, el peso exhibió una depreciación del 13% en 2018, al pasar el tipo de cambio nominal de 615 pesos a fines de 2017 a 696 pesos al término del año. Durante 2019 el tipo de cambio ha presentado gran volatilidad debido a la incertidumbre en los mercados globales. Fue así como entre enero y febrero se observó una apreciación del peso, ya que el tipo de cambio llegó a 650 pesos, pero luego comenzó a subir. Entre marzo y mayo de 2019 el peso continuó depreciándose y a fines de mayo el tipo de cambio superó la barrera de los 700 pesos, después de lo cual volvió a caer, en junio, hasta los 679 pesos.

En el caso del tipo de cambio real, si bien el patrón de comportamiento durante 2018 fue similar al del tipo de cambio nominal, el aumento fue menor, con una variación anual del 1%. No obstante, si se analizan los promedios anuales, se observa que el tipo de cambio real de 2018 es el más bajo registrado desde 2013. En los cinco primeros meses de 2019, el tipo de cambio real ha presentado una variación de un 1,5%. El riesgo país medido por el índice de bonos de mercados emergentes (EMBI) mostró un aumento durante 2018 y en diciembre superó el promedio histórico de este índice, con un valor de 159 puntos básicos.

Durante 2019, a pesar de la incertidumbre global, este índice ha tendido a la baja y en mayo alcanzó los 132 puntos básicos, con lo que el riesgo país de Chile continúa siendo uno de los más bajos de la región.

d) Otras políticas

El actual Gobierno ha propuesto varias reformas, entre las cuales destacan las reformas al sistema tributario y al sistema de pensiones, la reforma laboral y la reforma al sistema de salud. El proyecto de modernización tributaria pretende simplificar el sistema tributario a través de un sistema único e integrado.

Mediante la reforma laboral, se flexibilizaría la jornada laboral y se establecerían normas para nuevas modalidades de empleo, junto con políticas inclusivas de trabajo. Por su parte, la reforma a las pensiones tiene como objetivo mejorar las jubilaciones a través de un aumento de la cotización obligatoria de un 10% a un 14%, permitiendo que nuevos actores participen en la administración de estos fondos adicionales, e incrementar además la Pensión Básica Solidaria, que beneficia a la población más vulnerable, entre otras enmiendas.

Por último, la reforma a la salud realizaría modificaciones tanto en el sistema público como en el privado. La demora que ha presentado la discusión de las reformas propuestas ha generado un elemento de incertidumbre que afectaría el crecimiento debido a la postergación de inversiones.

3. La evolución de las principales variables

a) El sector externo

En 2018, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se amplió en más de 3.000 millones de dólares respecto al año anterior, alcanzando los 9.157 millones de dólares, lo que equivale al 3,1% del PIB. Este resultado está determinado por un aumento del déficit de la cuenta de rentas y una disminución del superávit de la cuenta de bienes y servicios. El déficit de la cuenta de rentas se incrementó como resultado de un mayor retiro de utilidades por parte de los inversionistas extranjeros y llegó a un total de 12.241 millones de dólares.

Por otro lado, la balanza en la cuenta de bienes y servicios anotó un saldo positivo menor debido a un crecimiento de las importaciones (15,1%) mayor que el de las exportaciones (9,6%). El aumento de las importaciones obedeció al incremento de las compras de bienes intermedios, de capital y de consumo, que presentaron variaciones interanuales del 20%, el 12,5% y el 8,9% respectivamente. Destacan el aumento de las importaciones de productos energéticos, por el efecto de mayores precios, y de automóviles, vehículos de transporte de carga y maquinarias para la minería y la construcción, lo que evidencia a su vez el crecimiento de la inversión del país. En cuanto a las exportaciones, tanto el sector industrial como el agrícola, forestal y pesquero lideran el incremento del valor de los envíos, con alzas del 12,3% y el 11,7%, respectivamente, seguidos por el sector minero, cuyos envíos crecieron un 7,3%. En el sector industrial sobresalen los aumentos de las exportaciones de celulosa y salmón; en el sector minero las de cobre y litio, y en el sector agrícola las de arándanos y cerezas.

La cuenta financiera registró entradas netas de capitales por 8.076 millones de dólares, lo que significa un aumento del 72,9% respecto al año anterior. El componente “otra inversión” encabezó el ingreso de capitales al país a través de los préstamos con el exterior y la disminución del valor de los activos fuera del país, principalmente. A la categoría “otra inversión” le sigue la inversión extrajera directa, con una mayor reinversión de utilidades y aportes de capital.

El déficit de inversión de cartera, por su parte, es reflejo de un mayor endeudamiento. La deuda externa experimentó un alza de 4.256 millones de dólares, de modo que registró un valor de 184.440 millones de dólares, equivalente al 67,1% del PIB (frente al 61,5% del PIB en 2017). Este aumento es resultado de los pasivos contraídos por el gobierno general, las empresas y los bancos. La adquisición de bonos emitidos en Chile por parte de inversionistas extranjeros y la emisión de bonos en mercados internacionales elevaron la deuda externa del gobierno en 3.159 millones de dólares, mientras que un aumento de los préstamos y la emisión de bonos de las empresas incrementaron la deuda en 2.137 millones de dólares. Los bancos acrecentaron sus pasivos externos en 1.676 millones de dólares. En contrapartida, el banco central, otras sociedades financieras y empresas relacionadas disminuyeron su deuda con el exterior.

Durante el primer trimestre de 2019, se registró un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos equivalente al 1,4% del PIB. Si bien la balanza de bienes fue positiva, el retiro de utilidades hacia el extranjero sigue determinando el resultado de la cuenta corriente. Un elemento importante que considerar es la evolución que podría tener el precio del cobre como consecuencia de la tensión comercial entre los Estados Unidos y China. En los primeros seis meses de 2019 este precio ha experimentado una caída del 5,5%, pasando de un promedio mensual de 295,9 centavos de dólar por libra de cobre en 2018 a un promedio de 279,7 centavos de dólar por libra de cobre, lo que tiene un impacto negativo sobre el valor de las exportaciones.

b) El crecimiento económico

En 2018 el crecimiento de la economía chilena mostró una aceleración, pasando de un 1,3% en 2017 a un 4,0% ese año. Por el lado del gasto, tanto la demanda interna como la externa sostuvieron la actividad. La inversión fue el componente más vigoroso dentro de la demanda interna y creció un 4,7% en 2018, en contraposición a la caída del 2,7% del año anterior.

Destaca el aumento del 8,2% de la inversión en maquinarias y equipos, lo que concuerda con la mayor importación de estos bienes, que fueron destinados principalmente a los sectores de construcción, manufactura y minería. Por otra parte, el consumo de los hogares anotó un aumento de 1 punto porcentual respecto a 2017, creciendo un 4% en 2018. Dicho incremento se sustenta en la variación del 8,9% del consumo de bienes durables, principalmente automóviles, y del 4,6% del consumo de servicios. Las exportaciones también contribuyeron al crecimiento de la economía, con un aumento del 5% real, en el que destacan los envíos de bienes manufacturados.

En cuanto a la desagregación sectorial, varias categorías registraron crecimientos de su actividad superiores al 5%, como el sector agrícola y forestal, la pesca, la minería, los servicios financieros, los servicios básicos y el comercio. A pesar del dinamismo que mostró la economía en 2018, el ritmo de crecimiento comenzó a decaer en el segundo semestre, lo que se ha mantenido en los primeros seis meses de 2019, con una velocidad de expansión menor que la esperada. Dentro de este resultado se incluye la baja que presentó la minería en el primer trimestre del año, debido a las fuertes lluvias que llevaron a la suspensión de faenas extractivas. El comercio, si bien sigue creciendo, refleja la existencia de una mayor competencia, con ventas a menores precios, y el impacto negativo que ha tenido la disminución de la llegada de turistas argentinos. La construcción ha mantenido su ritmo de expansión y es uno de los sectores que se espera que sostengan la actividad.

Para 2019, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé un crecimiento de la economía de Chile del 2,8%, sustentado en que la inversión continúe en sectores como la construcción y la minería, y aumente en los sectores forestal y acuícola. Por otra parte, el consumo seguiría teniendo un resultado positivo, aunque menos dinámico, lo que se aprecia, por ejemplo, en una menor venta de automóviles. Las exportaciones, en tanto, presentarían un nivel menor que el registrado en el período anterior.

c) La inflación, las remuneraciones y el empleo

En 2018 la tasa de inflación fue del 2,6%, levemente superior al 2,3% registrado en 2017, y siguió estando en el tramo inferior del rango de entre el 2% y el 4% establecido como objetivo por el banco central. La recuperación de la demanda interna redundó en que la variación de precios se acercara al centro de dicho rango. Sin embargo, la inflación fue contenida debido a que el traspaso de la depreciación del tipo de cambio fue menor que lo esperado, a lo que se sumaron factores de oferta como menores costos de producción, mayor competencia en los mercados y una mayor oferta laboral como efecto de la inmigración. Un mayor ritmo de crecimiento de la actividad en el segundo semestre de 2019, junto a factores como la depreciación del tipo de cambio y el aumento de la tarifa del servicio eléctrico hacen prever un aumento del nivel de los precios para 2019, con lo que se espera que la inflación se ubique levemente por debajo del 3% y converja a este valor entre 2020 y 2021.

La tasa de desempleo subió del 6,7% en 2017 al 6,9% en 2018, debido a que el aumento de la fuerza de trabajo (1,1%) fue mayor que el de la ocupación (0,7%). En el trimestre móvil marzo-mayo de 2019 la tasa de desempleo se elevó al 7,1%, como consecuencia, nuevamente, de un incremento de la fuerza laboral mayor que el de la ocupación.

La tasa de desocupación femenina continúa siendo superior a la masculina, como efecto de un mayor crecimiento de la fuerza de trabajo femenina, tanto en 2018 como en 2019. A pesar de que la expansión de la economía no fue suficiente para disminuir el desempleo, sí tuvo como consecuencia un descenso del número de trabajadores informales, que en 2018 fue de un 0,3% en doce meses. En el trimestre marzo-mayo de 2019, el número de trabajadores informales aumentó un 0,5%, lo que revela el aumento de la fuerza de trabajo y el menor dinamismo de la economía. En cuanto a los salarios, las remuneraciones reales crecieron un 1,2% en 2018 y un 1,6% acumulado a abril de 2019. El aumento de la oferta laboral, como efecto del aumento de la inmigración, que ha incluido a migrantes más jóvenes y calificados, es uno de los factores que han contenido el nivel de los salarios. En 2017, los inmigrantes representaban un 4,4% de la población total, en tanto que en 2018 esa cifra aumentó a cerca del 6,5%. Los principales países de procedencia son la República Bolivariana de Venezuela, Haití, el Perú y Colombia.