Creo que las llamadas victorias de Petro o de Fico contrastan cruelmente con la participación relativamente baja en las elecciones políticas y el elevado índice de abstencionismo, que es de alrededor de 21 millones de personas habilitadas que no votan de 38.819.901, junto con un marcado abstencionismo crónico, los votos nulos (4,16%) o en blanco (6,49%).
Lo digo con toda seriedad y también con preocupación debería alertarnos. No cabe duda de que el partido de la abstención electoral o el partido del pueblo soberano de los no votantes con su porcentaje histórico, que alcanzó casi un 54% de electores ausentes, ocupa el primer lugar en la agenda política. Muy pocos hablan del partido de la abstención electoral, del voto blanco, voto nulo y de la protesta silenciosa, pero no cabe duda de que es el verdadero protagonista de las elecciones políticas. Pone de manifiesto lo que muchos de nosotros temíamos: la dificultad que encuentran millones de personas para relacionarse con los partidos (insensibles a la realidad) y apreciar los beneficios reales que aporta a sus vidas cotidianas. Una de las tareas más delicadas e inmediatas es recuperar la confianza de los ciudadanos, de poner fin a la indiferencia que las elecciones pusieron de manifiesto con el alto índice de abstencionismo, superar no sólo el escepticismo, sino también el mayor enemigo de todos, que es la apatía a la que se ha hecho referencia. Los medios para lograrlo no son fáciles, pero son reales.
Estas elecciones políticas también podrían ser una oportunidad para paliar la falta de reflexión de este declive político de los partidos y los motivos de fondo del absentismo y del abstencionismo electoral o indiferencia entre la población general, que manifiesta un elevado sentimiento de desafección política frente a partidos u otro tipo de organizaciones e instituciones políticas, incluso revelan el descontento, la frustración e incertidumbre de la ciudadanía, y para tener en cuenta sus motivos. Necesitamos más diálogo con la sociedad civil y hacen falta más explicaciones para superar los temores y las ansiedades, porque en muchos casos, el mayor de los miedos es el propio miedo: un malestar que se expresa en el abstencionismo electoral.
El problema no es la sociedad civil, sino más bien la política, verdadero antídoto contra la abstención: ya que el voto es un derecho y no una obligación. Para dar un ejemplo concreto, los 2.302.847 de votos obtenidos para el senado del Pacto Histórico representan tan solo un 6 % del total de personas habilitadas para votar que son 38.819.901.
Después de las elecciones políticas, las presidenciales adquieren aún más importancia de la que ya le concedíamos, justamente porque en este momento existe incertidumbre e irritación, y porque en los ciudadanos existe preocupación por su futuro es ahora la máxima prioridad.
Nota
Nuestro voto favorable no es un cheque en blanco. Al darles nuestra confianza establecemos el cordón umbilical que completa la legitimidad de los congresistas en términos democráticos. Lo hacemos para que trabajen duro y bien durante la legislatura. Y sus relaciones deben basarse en cómo obtener y mantener la confianza entre nosotros y ellos.







