En estas elecciones presidenciales se decidirán muchas cosas, tenemos que tenerlo muy claro. Las elecciones decidirán si Colombia se convierte en un país de Europa occidental con una actitud abierta hacia la democracia, o en una versión pequeña de Rusia o Venezuela, que mira al este a una pseudodemocracia autoritaria. A un lado, las aguas turbias de las ambiciones totalitarias de izquierda fluyen hacia el pasado, recuperada hoy felizmente por la mayoría. Al otro lado, las aguas puras, las aguas de la democracia fluyen hacia el mañana, un mañana en el que la nación pueda sacar fuerzas para un futuro mejor. No podemos pretender que no vemos las fuerzas que se esconden, la tendencia dominante antidemocrática y un afán de venganza. Sin embargo, respetaremos el derecho a la autodeterminación del pueblo, si las elecciones se organizan de forma democrática y justa, tenemos que respetar el resultado, independientemente de si concuerda o no con nuestras opiniones personales. Lógicamente, se ha hecho referencia al significado histórico de lo que está ocurriendo.
Eligiendo a un nuevo Presidente, este año el pueblo colombiano podrá decidir su futuro, luchar por los derechos democráticos y ayudar a encontrar luz en el fondo de este túnel, no debemos subestimar la delicadeza de la situación. Es un momento histórico. El resultado de las elecciones presidenciales va a tener una gran repercusión, en sentido positivo o negativo, sobre las relaciones de la Colombia con la comunidad internacional y las iniciativas para fortalecer la democracia, el estado de derecho y el pluralismo, incluso sobre la integridad territorial del país, la imparcialidad de los tribunales y las reformas en el sistema judicial. Todos queremos elecciones libres, limpias y transparentes. Es urgente que se adopten medidas para preparar las elecciones presidenciales y hacer todo lo posible por garantizar la plena transparencia del proceso electoral, que tiene que cumplir con todas las normas democráticas en relación con las urnas y los votos, y permita que el Presidente elegido de forma libre y limpia –y queremos verle elegido en unas elecciones democráticas– lo sea de todo el país. Se requieren procedimientos transparentes en condiciones equitativas y una campaña imparcial, elecciones secretas, participación popular y el respeto de la ley.
El riesgo de fraude electoral es considerable y la presencia de observadores internacionales (como, por ejemplo, bajo el control de la OSCE y en mucho mayor número que antes) resulta necesaria para garantizar el desarrollo democrático y para que las tensiones no degeneren en una guerra civil o una escalada de violencia o el riesgo de que el país se divida. En primer lugar, convendría que se forme un buen equipo de observadores europeos e internacionales para esas elecciones contra posibles fraudes o irregularidades y prevenir la injerencia internacional que suprime toda noción de independencia nacional, teniendo especialmente en cuenta los riesgos existentes y todos nosotros necesitamos trabajar para evitar que se produzcan situaciones que generen una nueva crisis mucho más grave, y suprimir todos los obstáculos que impidan el libre ejercicio del derecho ciudadano a elegir libremente a sus autoridades. Tiene que existir un registro transparente y único de votantes, educación del electorado y transparencia en la financiación. Lo esencial en este caso es el derecho del pueblo a tomar su decisión a través de un proceso democrático abierto y transparente, sobre la base de los valores y compromisos compartidos. El gobierno debe hacer uso de todos los medios políticos e institucionales y predecir el futuro, y demostrar una voluntad política estricta y decidida para contribuir a ello, de manera alegre, pacífica y bien organizada, bajo la atenta mirada de la comunidad internacional. Nuestra única preocupación tiene que ser el pueblo y la democracia. La situación en el país es tensa, profundamente dividida, territorial, política y étnicamente y quisiéramos dirigir un llamamiento tanto a la oposición como a las autoridades para que mantengan el carácter no violento de las acciones y eviten una escalada de la situación. Apoyamos firmemente a los defensores de la democracia, a las fuerzas verdaderamente democráticas que, como muchos ya han dicho, protegen nuestra preciosa civilización y mantienen el civilizado Estado de derecho.
La acusación de fraude electoral en Colombia es antigua. Lo que está ocurriendo hoy no es nada nuevo. Por fraude electoral se entiende todas aquellas operaciones ilícitas de manipulación del voto, irregularidades evidentes y flagrantes, mentiras, compra de votos y otros factores, que tiendan a desvirtuar el espíritu cooperativo y debilitar una consulta electoral. “La pérdida de los valores éticos y morales, la falta de sensibilidad social, la violencia política, el fraude electoral y el favoritismo son manifestaciones de la corrupción política que plantea dudas sobre la legitimidad del sistema político democrático”.
Condenamos enérgicamente los recientes llamamientos de fraude electoral, afirmaciones disparatadas y conjeturas del candidato líder de la oposición, muchos dirigentes políticos y personajes, tienen que ser los primeros en mirarse al espejo. Creo que envían un mensaje político perjudicial para la población, sin duda tiene un fuerte efecto desestabilizador y graves consecuencias en general, para la intervención de los ciudadanos en el proceso democrático sobre el futuro de Colombia. En cualquier caso, causa nuevos problemas en lugar de resolver los antiguos. No estoy de acuerdo con ello. Eso es completamente inaceptable, desde todo punto de vista democrático, y, francamente, son un factor peligroso y desestabilizador. Tenemos que permanecer firmes a este respecto. El país está dividido en muchos aspectos, pero partirlo en dos Estados sería perjudicial y arriesgado. Pedimos a los candidatos y a los partidos que se abstengan de presionar a los medios de comunicación, en particular a los públicos, con el fin de garantizar que el pueblo reciba información objetiva e imparcial sobre los candidatos y sobre la situación que existe en el país. El gobierno y el electorado tienen que trabajar juntos, porque están en juego cuestiones muy importantes tienen que reaccionar muy rápida y decididamente. Es muy importante que nos demos cuenta de la grave dimensión de la crisis que se desenvuelve actualmente. No estoy aquí para tomar partido en una contienda política entre los candidatos y los partidos, pero sí que me declaro en contra de la manipulación de las elecciones. El pueblo de Colombia debe adoptar sus decisiones de manera democrática e independiente y así lo hará. Eso también es positivo. Puede haber obstáculos en el camino de la democracia, pero al final la justicia prevalecerá.
El pueblo colombiano, como todos los demás pueblos, tiene derecho a gozar de libertad y democracia y a definir su propia libertad por una senda de renovación, crecimiento y desarrollo, en el contexto saludable y pluralista de la democracia y su fe en que la justicia, mediante el poder del pueblo, acabará triunfando. Les apoyamos en su lucha. El resultado correcto de las elecciones debe quedar claro; en eso coincidimos. Ojalá el éxito del momento actual en Colombia sea, por lo tanto, también el preludio del triunfo de la democracia en America latina mañana. Defender las libertades democráticas de la población en Colombia, garantizar que las próximas elecciones se desarrollarán en el respeto de los principios de libertad y justicia, perseguir el fraude electoral y las irregularidades, y rechazar cualquier tipo de injerencia extranjera, es una responsabilidad evidente de todo ciudadano y una obligación por parte del gobierno. Termino afirmando que somos importantes, que podemos hablar con una sola voz en circunstancias difíciles. No podemos transigir cuando la democracia está en juego, una cuestión que requiere coherencia y claridad. La propagación de la democracia es nuestro reto más importante. Es nuestra misión. No podemos tener diferentes nociones respecto de la democracia es nuestra riqueza; estos principios son universales.







