El Presidente Piñera y el Covid-19

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El ministro de Salud, Enrique Paris, reemplazo de Jaime Mañalich, se ha desempeñado de mejor manera que su antecesor: no se cree emperador de la salud de los chilenos y, al menos, trata de dialogar con las demás instituciones y personas concernidas en el problema del Coronavirus. Que tenga en cuenta sus consejas o no, es harina de otro costal, pero hasta ahora, su gestión estaba dando aceptables resultados.

El intento de cambiar la mentalidad de una persona de más sesenta años y que, además, se cree Dios es, prácticamente, imposible. El Jefe de Estado pudo agachar el moño cuando su ministro de Salud lo reconvino ante el episodio del entierro de su tío Bernardino, pero al poco tiempo volvió a sus andanzas, tal vez mal aconsejado por los empresarios, que pedían a gritos suspender la cuarentena; ni siquiera valió el clamor de los dirigentes del Colegio Médico, las Centrales Obreras y la opinión de muchos ciudadanos.

El ministro Paris, que hasta hace unos días se había mostrado cauteloso y atinado, sorpresivamente anunció los cinco famosos “pasos del desconfinamiento” de siete comunas de Santiago y algunas de la V Región. Se dieron casos similares a la época en que se inició la “cuarentena dinámica” de su predecesor: la frontera entre las comunas de Las Condes y Providencia, por ejemplo, es el Canal San Carlos y la Avenida Tobalaba, y es muy difícil pedirle al “señor virus” que, además de asesino, sea un urbanista consumado, y así muchos militares y carabineros se instalen en el límite comunal, la tendencia humana es la de trasgredir las órdenes emanadas de las autoridades.

Sabemos, la autoridad al desconocer la geografía humana del país, no entiende que casi todos los adultos mayores o no tienen computador, si lo tienen, no saben usarlo; a su vez, los más pobres deben elegir entre comer y comprarse un aparato “inteligente”. Por lo demás, las páginas Webs están copadas y muchas personas no saben cómo acceder a las aplicaciones, (se nos ha olvidado que el 60% no comprende ni siquiera lo que lee), mucho menos pedir a los pacientes ciudadanos de tercera edad, y cortos de vista, por añadidura, que atinen a leer la letra chica que subyace en los “regalitos” del Presidente Piñera.

En el momento justo en que los hambrientos ciudadanos tienen la “feliz oportunidad” de retirar el 10% de su propio dinero, las páginas de internet colapsan, por consiguiente, se ven obligados a levantarse al alba, con temperaturas bajo cero grados, para ponerse a la cola, en la calle Bombero-Tenderini, y cuando logran acceder a alguno de los funcionarios, les responden como al Bombo Fica: “no sé, no sé, no sé…, vaya al fondo del pasillo, y cambie la Tarjeta Master Plum, por la Master Card…”

Si la cuarentena había servido en la historia de las pestes para aislar a los contagiados, en Chile se hace todo lo contrario: se trata de que se junten lo más posible, por ejemplo, en estas interminables colas, que vienen a reemplazar el trabajo cotidiano, en este caso no remunerado.

Al final, la autoridad sanitaria logró que la gente usara la mascarilla, que, con el pasar de los días, se ha convertido en un verdadero desfile de modas, combinando el gorro, la mascarilla y la bufanda de acuerdo con la falda y los zapatos, (el Festival de Venecia se quedó chico al lado de la creatividad artística de los modistos de estos conjuntos de innovación).

La palabra de moda, que ya domina todo el mundo, se refiera a “reinventarse”, en el sentido de que hay que innovar para sobrevivir, (hasta los narcotraficantes en cuarentena y por cierre de fronteras, han esparcido su lucrativo negocio con trabajo cada vez más creativo).

Foto: www.nuso.org

Personalmente, no dudo de la capacidad lectora del ministro Paris, y estoy seguro de que sabe bien que cada vez que un país del mundo en pandemia, (incluso, los ordenados y disciplinados alemanes), abre puertas y ventanas declarando terminada la cuarentena, los virus armas fiestas y carnavales, pues les encantan las grandes multitudes, pues menos trabajo tienen para desplazarse en la búsqueda de nuevos sujetos para seguir sobreviviendo.

Ojalá no ocurrirá un rebrote en Chile, pero los errores al reabrir las comunas pueden generar el efecto contrario.

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