A Chile, llegó el momento del Bien común.

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Introducción.

Escribo esta pequeña reflexión- no con pretensiones académicas- en el día que se cumplen 30 años desde la caída del muro de Berlín en Alemania, día que marca una época inusitada de paz, prosperidad y democracia en aquella nación hermana, y pienso que este ejemplo es inusitadamente importante para el momento actual que vivimos como sociedad chilena, donde los muros de la discordia están surcando nuestro devenir y más aún la violencia campea en nuestras calles.

Un grave malestar se cierne en el corazón de nuestros jóvenes y familias, el sistema económico-social no ha dado el ancho, y muchos de estas personas guiadas por ciertos liderazgos culpan a la Constitución Politica de la Nación como la culpable de esta cuestión, pero esta premisa es débil, y en estas lineas queremos despejar esta cuestión.

Realizó esta reflexión con el fin de sincerar las posiciones políticas respecto a la discusión que se ha iniciado por el “establishment” local e internacional-con la reciente intervención del cuestionado mandatario Nicolás Maduro promoviendo una Asamblea Constituyente para Chile– respecto a la imperiosa necesidad de originar una nueva Constitución en Chile, con el fin de corregir una serie de defectos del modelo económico-social chileno, análisis que desde ya me opongo por ser parcial.

Con este pequeño artículo buscó poner de relieve ciertos aspectos olvidados de una discusión que debe ser profunda y sincera para con todo el pueblo donde reside el verdadero poder constituyente, y que hoy es posible que sea manipulado para fines diversos al bien común.

No podemos caer en el populismo de la extrema izquierda ni el populismo de las derechas extremas, que plantean un immobilismo constitucional, ninguna posición es dueña de una verdad esencial y menos del denominado momento constituyente. Tampoco podemos creer que la Constitución Política del 1.980 es una piedra monolitica, más bien ninguna constitución es inamovible y pétrea, pero el éxito de los pueblos al parecer se mide por la flexibilidad de sus constituciones como lo demuestran los casos de E.E.U.U y U.K por citar algunos Estados poseedores de fuertes tradiciones constitucionales.

1.- De tradiciones constitucionales a utopías constituyentes.

No olvidemos que nuestro país tiene una larga tradición constitucional fue en 1811 que se dicto nuestra primera Constitución Politica. Pero la Constitución de 1833 fue sin duda la más larga de nuestra historia duró hasta 1925, lo cual nos vuelve una de las naciones con mayor estabilidad constitucional en la región hispanoamericana. Y este dato no menor debe iluminar nuestra senda de diálogo político. Desechar nuestra historía constitucional nos puede traer graves problemas, y revivir dramas ya superados.

La discusión de una Nueva Constitución Política para Chile se ha revivido en estas semanas del denominado: “estallido social” o la “revolución del octubre chileno”. Para ser sinceros es un viejo anhelo de una élite política intelectual de izquierdas, quienes han tenido que convivir con el legado de una Constitución Política formulada en un periodo de dictadura militar, y que ha sido heredera de una tradición constitucional que viene del Siglo XVIII, marcadamente liberal y pro homine.

Este dato de malestar de un sector político e intelectual no debe pasar desapercibido, ya que es el dinamizador de esta discusión.  La solicitud de cierto sector de la población por una nueva Constitución al principio de este estallido social no era  una de las peticiones centrales de la gente en las calles. Quienes más bien solicitaban del Gobierno mejorar sus condiciones de vida, equidad socioeconómica, salud, pensiones y movilidad social, más que un cambio de régimen político, que es lo que las constituciones tienen que por definición establecer.

Quizás la primera falacia que se vislumbra en el discurso de crear ex la Constitución Política se refiere a que el origen del malestar social se encuentra en el modelo constitucional vigente.

Suponer que una nueva constitución corrija el modelo capitalista neoliberal adoptado en 30 años de democracia, modelo promovido por la globalización, mediante una reforma constitucional local es algo realmente asombroso, que roza la ingenuidad; también se señala en el discurso político que la neo constitución disminuirá la desigualdad social entre los chilenos; o que ayudará o promoverá un menor costo en la vida de las personas, también me parece asombroso atribuir este poder sobre el mercado global de los precios a una constitución. Ojalá las constituciones pudiesen transformar la estructura cultural, social y economica de las sociedades, pero al parecer el mecanismo de transformación cultural y economico es otro, uno que se encuentra en el corazón de las personas, o sea como dice Richards en su ontología.

Más bien me parece, que todo este discurso politico de nueva constitución son los síntomas de un denominado: “populismo constituyente”, que más adelante ensayaremos una definición, pero que en resumen significa otorgarle una capacidad cuasi magica al texto de una constitución, cosa que ha sido la tonica en el contexto latinoamericano.

Todos las falencias del sistema económico-social-en mi humilde opinión- no son efectos de una Constitución que busca regular la vida política de un Estado, más bien son defectos del modelo económico-social que adopta una sociedad, y que se liga-hoy más que nunca- con el fenómeno de la globalización, al cual Chile ha adherido sin tapujos desde hace más de 30 años de democracia pura y buena.

Las falencias del modelo económico-social chileno más bien se desprenden de un conjunto de leyes y políticas públicas donde se ha privilegiado los intereses de los grandes capitales en pos de los intereses individuales, con el fin de obtener las inversiones extranjeras y locales necesarias para asegurar el crecimiento económico de un pequeño país enclavado en el sur del mundo, y al sur de un continente marcado por la pobreza y el subdesarrollo de economías extractivistas, incluida la nuestra.

Atraer inversores para que renten en Chile fue la política de un Estado asumido en la globalización economica, y este es el grave problema de una cultura economica que esta colapsada (1)  como lo denuncia el filósofo de la economía Howard Richards.

Aquí está el meollo a mi parecer del descontento ciudadano con un modelo que vuelve a los ricos más ricos y la clase media cada vez más endeudada, entre otros muchos otros aspectos como la crisis de la institucionalidad política, la pérdida del sentido de autoridad por la falta de ética en las formas políticas sociales de actuar y un gran Etc.

El fin de una constitución es asegurar un orden político basado en el bien común, y otorgar un marco regulatorio estable para que las libertades esenciales florezcan en una sociedad democratica, así por ejemplo la Constitución de Baviera en su artículo 15.1 señala: “Toda la actividad economica sirve al bien común”, entender entonces el principio del bien común como esencial de toda constitución democratica y exitosa es esencial para las nuevas economías que desplazaran al viejo capitalismo.

Las constituciones históricamente surgieron con la finalidad de limitar el poder Estatal o Real en su momento, así Juan Sin Tierra en el Siglo XII, publicó la denominada Carta Magna, con el fin de asegurar a su lores algunos derechos y deberes mínimos, surgiendo el sistema parlamentario.

Desde aquel momento pasando por el periodo de la Ilustración del S. XVII, las constituciones han tomado una preponderancia indiscutible en la vida jurídica política de muchas naciones, y han sido canales de concreción de procesos históricos de alta complejidad, especialmente en el momentos de las grandes revoluciones como la francesa y la americana.

Las constituciones han reflejado sin duda alguna los grandes avances políticos de una época, como la abolición de los privilegios reales, la instauración de las democracias, la conceptualización de los derechos y deberes del hombre, los principios de legalidad como límite al poder real y estatal, el principio de servicialidad del Estado al ciudadano, y otros tantos más que no da el caso enumerar. Pero como podemos observar estos avances han devenido de un desarrollo crítico histórico concatenado a grandes movimientos intelectuales que han repensado el modelo político, y no al modelo social.

Las constituciones no forman sociedad más bien son la cara del ordenamiento político de una determinada sociedad y su cultura. Por ello plantear la constitución como un hecho refundacional social es una falacia, y un error que puede costar muy caro a las libertades de una ciudadanía en un mundo globalizado, sobre todo cuando los ideólogos de una neoconsitución siguen anclados a los viejos conceptos de una sociedad análoga, y viejas ideas preconcebidas nublan su análisis de la realidad.

Nota (1)

[1] Richards, Howard,(2019) “La Transformación de la Estructura CulturalBásica (ECB): Nada Menos nos Salvará”.

Sigue……..

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Rodolfo Marcone Lo Presti
Rodolfo Marcone Lo Presti (Viña del Mar;1984),Abogado por la Corte Suprema de Chile, Diplomado en Relaciones internacionales, Universidad de Chile. Diplomado en Familia y Sociedad, por la Pontificia Universidad Católica de Santiago. Estudiante del Magister Universitario Empresa, Derecho y Justicia de la Universitat de Valencia, España. Miembro del Comité ejecutivo de la Federación Social Cristiana. Autor del libro de poesía mística “Cantico Esencial” disponible en Amazon.com.

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