Reconocernos entre iguales para dar vida a la Cátedra Perú en Salamanca. Autor: Isabel Recavarren

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Es en el mundo de las ideas, en su maduración y en su capacidad de transformar al ser humano, donde la Universidad cumple su función esencial: allí las ideas toman forma, se escriben, se discuten, se asimilan y, finalmente, cambian la sociedad. Si la Universidad de Salamanca fue fundada en 1218, en una sociedad que buscaba paridad jurídica entre sus miembros, el viaje de Colón en 1492, posible gracias al apoyo de la Reina Isabel, abrió un proceso que transformaría el mundo por su riqueza, su cultura y también por su violencia.

En ese contexto nacen las primeras reflexiones críticas sobre la conquista. La actitud de algunos españoles hacia un pueblo manso llevó a Fray Antón de Montesinos a pronunciar, desde el púlpito, un sermón que marcaría un hito moral e intelectual:

“Esta voz, dijo él, que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes… ¿Estos no son hombres? ¿No tienen almas racionales?… Tened por cierto que en el estado en que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos…” (De las Casas, 1586).

Conocemos este sermón gracias a Bartolomé de las Casas, entonces encomendero, quien encarnaba precisamente el sistema denunciado por Montesinos. Tras escucharlo, nada se supo de Montesinos, pero De las Casas experimentó una conversión radical: en Pentecostés de 1514 renunció públicamente a sus encomiendas y comenzó a predicar contra aquel régimen. Ingresó a la Orden de Predicadores, la misma de Montesinos, y se convirtió en el más firme defensor de los indígenas y en un cronista excepcional.

Ya en 1512, el 27 de diciembre, el rey Fernando el Católico promulgó las Leyes de Burgos, primer código legal de la Corona Española para las Indias. En 35 ordenanzas, reconocieron a los indios como hombres libres, aunque obligados a trabajar y evangelizarse, y establecieron límites al abuso de los encomenderos: jornadas laborales reguladas, descanso dominical, prohibición de trabajo para mujeres embarazadas desde el cuarto mes y para menores de 14 años, obligación de construir iglesias y enseñar la fe cristiana, y la agrupación de indígenas en poblados para facilitar su instrucción.

Aunque su cumplimiento fue limitado, estas leyes constituyeron un precedente fundamental en la historia del derecho: el primer intento de conciliar la conquista con la dignidad de los habitantes originarios. Representaron también el primer esfuerzo por reconocer igualdad jurídica entre españoles y americanos, en un contexto donde la diferencia racial era evidente y donde los conquistadores temían perder control frente a quienes, a todas luces, eran los legítimos dueños de la tierra.

En ese mismo período, en 1517, cinco años después de las Leyes de Burgos, Martín Lutero rompió con la Iglesia de Roma, denunciando las indulgencias, la corrupción eclesiástica y la autoridad papal. Mientras Europa vivía esta fractura doctrinal, en América se desarrollaba el proceso de evangelización y formación de los nativos. En los conventos, los sacerdotes formaban a los indígenas en la búsqueda de comprensión y justicia. Allí germinaron las primeras ideas de libertad y dignidad humana, la piedra inicial de lo que hoy entendemos como derechos humanos.

En 1526 llegó a Salamanca Francisco de Vitoria, formado en París, quien intervino con lucidez en el debate sobre riqueza, dominio y maltrato. En su Relección sobre los Indios recientemente hallados (1538–1539), iniciaba afirmando: “Los indios antes de la llegada de los españoles eran legítimos señores de sus cosas, públicas y privadamente.”

Vitoria defendió que los americanos tenían los mismos derechos que cualquier ser humano, contradiciendo las posturas que los consideraban inferiores. No buscaba evangelizar a la fuerza: buscaba humanizar la ley. Para él, el Derecho Internacional era el tejido que unía a la humanidad (totus orbis). Al declarar que el indígena era racional y soberano, transformó el oro de América en una carga moral: ya no era un botín, sino un bien arrebatado a un dueño legítimo.

Estamos próximos al Concilio de Trento, al fallecimiento de Vitoria y a la publicación de tratados como la Suma de Tratos y Contratos. La cátedra de Vitoria en Salamanca no fue solo una influencia teórica: fue el motor intelectual que llevó a la Corona a considerar la creación de universidades en América como una necesidad jurídica y moral.

Su influencia se proyectó en tres niveles: Doctrinal: en De Indis (1539), Vitoria sostuvo que teólogos y juristas debían ser consultados sobre la justicia de la conquista, pues el poder real no era absoluto. Institucional: Salamanca sintió la responsabilidad de formar personas en territorio americano para resolver dilemas in situ. Político-administrativo: la creación de las universidades de México y Lima (1551) respondió a la necesidad de llevar la “luz de Salamanca” al lugar del conflicto.

Vitoria transformó la administración colonial: América no podía ser solo una mina, sino una comunidad de súbditos libres que requería centros de alta cultura para garantizar un “buen gobierno” basado en la dignidad humana.

El Cabildo de Lima envió a dos españoles a la Corte de Carlos V para gestionar la creación de la universidad: Fray Tomás de San Martín, dominico formado en la tradición salmantina y defensor de los indígenas y Juan Jerónimo de Aliaga, militar y regidor del cabildo, representante del interés civil.

Obtuvieron la Real Cédula del 12 de mayo de 1551, que autorizaba un “Estudio General” en Lima. La Universidad Mayor de San Marcos comenzó a funcionar el 2 de enero de 1553 en el Convento de Santo Domingo, con Fray Juan Bautista de la Roca como primer rector.

A la distancia, si Vitoria envió sus ideas desde Salamanca para fundar y orientar el pensamiento en América, hoy San Marcos y otras universidades regresan a Salamanca para enseñar lo que es el Perú. La indignación de Montesinos, la coherencia de Vitoria y la inauguración de San Marcos en 1551 marcan el inicio de un pensamiento propio.

Ese vínculo entre Salamanca y el Perú sigue vivo. La actual Cátedra Perú en la Universidad de Salamanca, una iniciativa de la Embajada del Perú en España, con apoyo del Consulado Honorario, se consolida hoy con la firma del Convenio entre once universidades peruanas en el Centro Cultural Inca Garcilaso. La Cátedra nace “para fomentar el conocimiento, la investigación, la docencia y la cooperación cultural en torno al Perú y su proyección en el espacio académico iberoamericano”.

Preguntamos a la Rectora prof. Jeri Gloria Ramón Ruffner de Vega sus impresiones, resaltó “estamos uniendo a las universidades de todo el Perú con Europa, especialmente con España, para analizar los problemas que se vive y encontrar soluciones  gracias a la  investigación, la capacitación, al ver cómo cambia el mundo de forma acelerada, además, porque hemos estado muy separados de España.” Agregó, actualmente en la Universidad peruana, “no estamos formando alumnos para el país, sino para el mundo. Entonces, con esa visión es que yo he ido a España para obtener la doble titulación, que un alumno que termine sus estudios en Perú, realice un año más en Salamanca y ahí obtenga su grado, tendrá otro título también. Le permitirá trabajar en cualquier país. Eso es lo que se está buscando ahora.”

Sobre el contenido de la Cátedra Perú, la Rectora Jeri Gloria Ramón Ruffner de Vega señaló: “Los problemas que se presentan en el país no son solamente académicos o de investigación, sino también temas vinculados al desarrollo nacional. Debemos estar presentes no solo desde la universidad pública, sino también desde la privada. Pero hay algo más que debemos hacer: una simbiosis, para que la academia no permanezca estática, sino que sea más dinámica”.

Concluyó: “Tenemos que mirar a los jóvenes, porque si ellos no tienen un horizonte definido, ¿quién les va a decir hacia dónde ir? Es la universidad la que debe asumir esa tarea. Todos los talentos se están yendo. Entonces, nosotros tenemos que captar a esos talentos, que vuelvan al Perú, que emprendan aquí, que contribuyan al desarrollo del país desde aquí también”.

Sobre la sede de la Cátedra, añadió: “Está en estudio que la sede sea la Casona. Debe ser un centro estratégico. Ahí está el vínculo de la academia. Creo que ahí es donde se va a concentrar la sede”.

De izq. a der. Dr. Gonzalo de Aliaga directo descendiente de Juan Jerónimo de Aliaga, la Rectora Jeri Gloria Ramón Ruffner de Vega, la dr. Isabel Recavarren
La puerta de la Casa Aliaga, propiedad del dr. Gonzalo de Aliaga directo descendiente de Juan Jerónimo de Aliaga
Ingreso a la Casa Aliaga.
Particular de la Sala Javier Pérez de Cuellar del Centro Cultural Inca Garcilaso de la Cancillería peruana