La primera vez que visité la Galería de la Academia de Florencia, recuerdo al bullicioso grupo que entró, visitó a un imponente David, cinco metros de mármol esculpido con una actitud que podía ser atribuida a un ser vivo. Salimos de inmediato a recorrer tantos otros lugares de Florencia. Era un Museo, oscuro, la iluminación, algo tenue, la concentraba David.
Han pasado algunas décadas, los cambios legislativos en Italia se han dado, sobre todo por el ministro Franceschini quien “actualizó” el sector, en particular, en la Selección pública de los Directores de los grandes Museos. “En los centros museísticos e institutos culturales estatales de gran interés nacional, podrán conferirse cargos directivos (mediante procedimientos públicos de selección, y con una duración de 3 a 5 años) a personas, incluso fuera de la AP, con acreditada cualificación profesional en el ámbito de la protección y puesta en valor del patrimonio cultural y con experiencia documentada en la gestión de institutos y lugares culturales”. Debe entenderse fuera de la Administración Pública también a la ciudadanía europea. Un gran cambio.
En efecto, llegaron los europeos, algunos de los nuevos Directores que superaron un arduo concurso fueron: Eike Schmidt en los Uffizi, Stéphane Verger al Museo Nacional romano, Gabriel Zuchtriegel a las excavaciones de Pompeya, Dominique Meyer superintendente a la Scala de Milán, Stéphane Lissner al San Carlo de Nápoles y Cecilie Hollberg a la Galería de la Academia de Florencia.
Cecilie Hollberg, alemana, dedicada al arte, a su estudio, conoce Italia pues se formó en la Universidad La Sapienza de Roma, el doctorado lo obtuvo en la Universidad de Goettingen. Sus ideas son claras y su objetivo era modernizar el Museo con un presupuesto, seguramente, importante, pero traer una sede del siglo XVIII al XXI siglo, no es cosa simple.
Esta vez, en este 2023, quien llega y llegará a la Galería de la Academia aún se sorprenderá de ver una fachada poco atractiva, sin embargo, está ya en fase de restauro como ha sido hecho todo el interno. Modernizar un Museo no es maquillaje es entrar en las entrañas de la estructura, en la circulación del aire, en la humedad, en el resanar paredes. Una sede que había sido el Hospital de San Matteo y también fue el Convento de San Niccolò di Cafaggio, hasta que en 1784, el Gran Duque de Toscana Pietro Leopoldo fundó la Academia de Bellas Artes, una escuela para la enseñanza del arte.
Al ingreso, una se encuentra con una sala maravillosa con tantos colores y un elegante fondo azul acero que permite destacar todas las pinturas. Al centro el “Rapto de la Sabina” estupenda escultura en mármol de Giambologna. Alrededor en las paredes una colección de pinturas florentinas del ‘400, todo en perfecta armonía.


En este breve artículo deseo destacar una parte de la historia y el beneficio de tener una Directora extranjera, aunque sea europea.
Nunca habríamos pensado encontrar tantas bustos y retratos realizados por Lorenzo Bartolini. Tiene una Sala dedicada «la Gipsoteca». Una historia, la de Bartolini, de tenacidad y confianza en sus méritos que se debe destacar. Era la época del Canova, un escultor italiano cuyas obras refiguraban lo ideal de la belleza, en cambio, para Bartolini la belleza estaba cerca a la realidad, cerca a las personas, a sus facciones y expresiones. Rompió un mito de belleza que poco a poco fue bien aceptado. Pero, Bartolini admiraba a Napoleón Bonaparte, lo esculpía, lo seguía, no sólo a él, también a su familia. Cuando termina el periodo reinante de Napoleón, llega la oscuridad para Bartolini, nadie quería estar cerca de él, pudo sobrevivir gracias a los encargos de los turistas que visitaban Florencia, poco a poco se reconstruyó una reputación propia y le fue asignada una cátedra en la Escuela de Bellas Artes. Fiel a su concepción de la belleza así como a Napoleón, logró con integridad ser nuevamente aceptado y respetado en una sociedad algo tradicional.
Lindo gesto de la directora Cecilie Hollberg, quien adquirió un busto de Napoleón hecho por Bartolini, cuando aún Napoleón era joven sin corona de laureles. Se encuentra también en la Gipsoteca.

Para concluir, la defensa de “la imagen de David” ha sido una batalla que ha librado la directora Hollberg, viendo el uso y abuso de la imagen del trabajo de Miguel Angel. Consultaba y la desanimaban de quejarse, hasta que pudo más su respeto a la herencia italiana, a ser coherente con su carácter, presentó denuncia ante el Procurador del Estado. En seis meses le dieron la razón, partieron sentencias, multas, por uso indebido de imagen. Algo particularmente difícil de realizar en una sociedad bastante compacta, como es la italiana, donde los equilibrios se cuidan y se mantienen.
Una enseñanza importante que ha abierto una protección adicional al patrimonio de los bienes culturales de Italia, ese muro lo rompió una directora alemana en Italia.





