Carta al Papa Francisco por Carlos Omobono

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Sua Santità Francesco

Secretaria de Estado, Palazzo Apostólico Vaticano, 00120 Città del Vaticano

08 de enero 2019

Muy Santo Padre: yo soy Carlos Omobono (miembro dell’Associazione della Stampa Estera di Milano), venezolano, nacido en Caracas diez años antes que Usted fuera ordenado sacerdote en Buenos Aires. Hoy vivo en Italia, fuera de mi patria, igual que Usted…por razones distintas.

Voy a ser breve, y asertivo, con la esperanza de que quién lea esta misiva en su lugar, logre transmitirle en esencia el espíritu de esta.

De su juventud jesuita Bergoglio destaca que no fue en ningún tiempo misionero, ni siquiera en Japón como quería, quizá por intersección del Espíritu Santo quien le requirió permanecer en su Argentina natal durante el trágico periodo de la dictadura del Teniente General Jorge Videla. Por ende, de dictaduras Usted se entiende. Sabe de penuria tal, e imagino que su provincial comprensión le hace estar al tanto, igualmente, del sufrimiento del pueblo venezolano, que comenzó su desgracia con otro militar de menor rango: el Teniente Coronel Hugo Chávez, y ha empeorado con su lugarteniente Nicolás Maduro.

Represión, muertes, coacción, tortura, son el pan nuestro de cada día en mi amada Venezuela, y si de pan hablamos: el hambre campea, también.

Su urbana posición otrora, cuando Videla, le imponía una diplomacia que, empero, no carecía de acción. Hacía y mucho, además de su oración, por amor a sus compatriotas con viva preocupación.

Hoy es usted el Papa, el octavo soberano de la Ciudad del Vaticano, y en ésta su segunda conversión a la iluminativa de los pontífices; le bastaría Santidad, voltear y, preguntarle al venezolano Arturo Sosa Abacal, el Papa Negro, en la Santa Sede, asimismo, jesuita como Usted, y mi profesor en la Universidad en Caracas… para saber, lo que todos saben. Lo que todos sabemos.

No le pido discursos que comprometan su ecua magnificencia; pero igual que en la provincia de Buenos Aires cuando era superior provincial, le suplico, la misma perspicaz gestión. Se lo imploro, no por mí, que estoy fuera con todas las penurias y fatiga del exilio, sino por mi gente: los venezolanos, tantos.

Usted sabe de mesa de diálogos, que se intentaron abrir en la dictadura de Videla, y conoce los infructuosos resultados. El régimen del terror impuesto en Venezuela forma, en realidad, parte de un plan mucho muy superior y maligno, pero que no está en el plan de Dios. Y, nosotros, los cristianos, tenemos que ceñirnos al plan del Señor. Usted lo entiende mejor que yo, es el Sumo Pontífice y esa es una responsabilidad, que no le permite voltear el rostro hacia otro lado, con todo respeto.

Y para empeorar las cosas, con preponderante cinismo, el régimen venezolano se auto proclama ante, también, un ilegitimo tribunal supremo de justicia. Asunto que no le está bien a la Conferencia Episcopal Venezolana, qué lo han manifestado abiertamente.

Le hago saber con toda humildad que el parlamento venezolano actual, es el único órgano institucional legitimo en este momento en Venezuela, y su actual presidente Juan Guaidó el ultimo reducto democrático con el que cuenta nuestro país para salir de tan feroz dictadura, por vía democrática sin derramamiento de sangre de venezolanos.

Me despido de Usted que tiene la ultima palabra, reiterando mi llamado de instancia, manifestándole mis mejores sentimientos, de consideración y estima en Cristo.

Rogaré por USTED.

Licenciado Carlos Omobono.