Lecciones que Europa debe extraer de la experiencia afgana

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El presidente del Consejo de la Unión europea, Charles Michel expuso sobre la reciente situación creada en Afganistán, la participación y acompañamiento efectivo de los países de la Unión europea desde hace veinte años en dicho territorio, la llegada de los talibanes con el consecuente fracaso. Destacamos dos puntos de su discurso que indican una nueva actitud de la Unión europea en su relación futura con los terceros países y sobre todo el refuerzo de su autonomía.

Una iniciativa internacional sobre Afganistán 
Junto con los Estados miembros de la UE, debemos elaborar posiciones sólidas y comunes sobre estos temas. Pero, por supuesto, no solo Europa está preocupada. Un Afganistán estable que respete sus obligaciones internacionales redunda en interés del mundo. El esfuerzo por defender estos principios fundamentales y mantener nuestro apoyo al pueblo afgano es una responsabilidad de toda la comunidad internacional. Y los europeos debemos compartir nuestra parte. Participaremos activamente en cualquier iniciativa multilateral, por ejemplo en el marco de la ONU o del G20, que tenga como objetivo canalizar y maximizar los esfuerzos conjuntos de la comunidad internacional para apoyar al pueblo afgano.

Las lecciones para la Unión Europea
Las dos últimas décadas y su culminación nos han enseñado tres lecciones en Europa, más allá de la situación afgana.

En primer lugar, ante situaciones complejas arraigadas en la historia, debemos buscar soluciones matizadas, a medida y sostenibles. Debemos ser modestos y realistas, sin perder nunca de vista los valores fundamentales que nos sirven de brújula.

La segunda lección es que la Unión Europea solo puede hacer frente de manera eficaz a los desafíos mundiales si se esfuerza por lograr la convergencia entre sus miembros, o incluso la unidad en cuestiones que a menudo caen bajo la soberanía nacional. Ya hemos avanzado mucho en esta dirección, desarrollando un entendimiento colectivo dentro del Consejo Europeo. Este es un requisito previo para identificar objetivos estratégicos y medios de acción comunes. Este trabajo debe intensificarse.

Finalmente, la necesidad de reducir nuestras dependencias y fortalecer nuestra autonomía estratégica es cada vez más evidente. La UE y sus Estados miembros deben tener un mayor peso en el mundo, para defender nuestros intereses y valores y proteger a nuestros ciudadanos. Esta autonomía estratégica, cuyo componente de defensa y seguridad debe desarrollarse, es un complemento de nuestras alianzas. Una Europa más fuerte fortalecerá también nuestras alianzas y, por tanto, nuestros aliados.

La retirada caótica de Afganistán nos obliga a acelerar el pensamiento honesto sobre la defensa europea, en relación con las discusiones entre los socios de la OTAN.

Después de estos últimos 20 años en Afganistán, tenemos una responsabilidad con los afganos. También tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, como europeos.

Charles Michel