Italia ve en riesgo no sólo Libia, también el Mediterráneo

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Italia, pueblo único, sólido en su suelo, diferente fuera del mismo. La competitividad, la impetuosidad con la que defienden su territorio está en la base de su desarrollo, en casa. Fuera de sus fronteras, estas características se desvanecen. Rodeada por el mar Mediterráneo, Italia no tiene una Zona económica exclusiva, ve este mar como un problema, representa un gran trabajo, vigilar la llegada de migrantes, para quedarse.

No debe sorprender entonces que el 2020, año de pandemia, Rusia y Turquía se hayan instalado en Libia combatiendo.

El “retiro” norteamericano ha dado lugar a que Turquía, un país carente de  recursos energéticos y enormes deseos de ganar visibilidad internacional, haya intervenido en Siria y Libia. Se agrega el declive político de Erdogan en las elecciones municipales, por ello ha sido propicio que éste desempolvase las lecturas de Mustafá Kemal Atatürk, con una visión propia, no de integración con occidente. Un ejemplo: la vuelta de la antigua Iglesia bizantina Santa Sofía de Estambul en mezquita, él mismo inauguró sus rezos después de 86 años, las imágenes fueron cubiertas con sendos lienzos.

El punto fuerte de Erdogan se encuentra en los Acuerdos firmados el 27 de noviembre de 2019, con Faïez Al-Sarraj, jefe de gobierno en Trípoli. Dos memorandos de entendimiento: uno de cooperación militar y otro sobre fronteras marítimas de países del Mediterráneo Oriental debidamente “registrados en la Secretaría, de conformidad con el artículo 102 de la Carta de las Naciones Unidas” como aparece en el certificado de registro de la ONU. El descubrimiento de grandes depósitos de gas en aguas profundas ha incrementado la importancia geo-estratégica de esta región. Proyecto que no cuenta con la aprobación de la UE ni de Egipto ni de Israel.

La Rusia de Vladimir Poutine (68 años), firmó el 5 de abril la ley que le permite postularse para dos nuevos mandatos presidenciales. Una ley que allana el camino para su permanencia en el Kremlin hasta 2036. Se encuentra en el poder desde el 2000.

El 4 de abril, el presidente del Consejo de la UE, Charles Michel, tras su reunión en Trípoli con el primer ministro Al-Dabaiba y el canciller Mangoush, exaltó la “oportunidad única de construir un país unido, soberano, estable y próspero”, así como el compromiso de la UE en gobernanza económica y en la prestación de servicios, además de 57.000 vacunas.  Señalando la condición previa “todos los combatientes y tropas extranjeras deben abandonar el país”.

La pérdida de influencia de Italia en el Mediterráneo, en Libia acaba de iniciar a cambiar. Mario Draghi movió pieza, realizó una visita de dos días, lo antecedieron las Resoluciones de la ONU y de la Unión europea: los países deben retirarse de Libia. Este 24 de diciembre se realizarán las elecciones.

Para Draghi, ha sido su primer viaje al extranjero como Presidente del Consejo, constató la influencia turca en Tripolitania también militar y económica, así como en la Cirenaica donde son los mercenarios rusos los que ocupan el campo. Erdogan y Putin ambicionan, además, el Mediterráneo.

En su discurso resaltó el “vínculo histórico entre los dos países”, la dirección del Primer Ministro Abdelhamid Dabaiba de “un gobierno de unidad nacional, reconocido y legitimado por el Parlamento, y es un gobierno que avanza hacia la reconciliación nacional.”

Desarrollarán la cooperación en infraestructuras civiles, en el campo de la energía, en el campo de la salud, en el campo cultural, aumentará las becas para los estudiantes libios que estudian italiano. Existe la voluntad de reactivar el intercambio cultural y económico libio.

Durante el conflicto, la única embajada que quedó abierta fue la italiana, Draghi lo puso en evidencia concluyendo “hay ganas de hacer algo, ganas de futuro, ganas de empezar de nuevo y rápido”. Quién vivirá lo verá, porque no corre en riesgo sólo la Libia, también el Mediterráneo.